Exponen fotos inéditas de la rubia más famosa de todos los tiempos

Son 114 imágenes tomadas durante el rodaje de sus películas  que nunca se vieron en el país. Reinhard Schultz es el dueño de la colección y curador de la muestra junto a Blanca Monzón. Ambos dialogaron con Tiempo Argentino.

La imagen que Marilyn Monroe ha dejado de sí misma en el mundo de las imágenes esconde un alma que pocos sospechaban» afirma Antonio Tabucchi en el prólogo de Fragmentos (publicado en 2010 por Seix Barral), un libro que reúne papeles, cuadernos, poemas, cartas y anotaciones desconocidos hasta entonces, escritos por esa mujer que lucía bellísima, despreocupada y aún vulnerable ante las cámaras mientras construía con total conciencia un mito explosivo y perdurable: ella misma.  El Centro Cultural Borges (Viamonte esquina San Martín) inaugura hoy a las 19 la exposición de fotografías Marilyn: la mujer de los sueños, focalizada en la imagen de la estrella como ícono de la historia del cine. La muestra está organizada por el Borges junto a la Bilderwelt Galerie de Berlín en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Se trata de una selección de 114 imágenes, en su mayoría exhibidas por primera vez en Buenos Aires. La protagonista es esa chica rubia que una tarde se quitó su pañuelo de chifón mientras le confesaba a Truman Capote que no había llegado a teñirse, que tenía las raíces negras, como relata el escritor en ese texto imprescindible llamado «Una hermosa niña».  Las fotos están focalizadas en la producción cinematográfica de Marilyn y las imágenes realizadas en los estudios durante el rodaje de algunas de sus treinta películas (que en principio no la incluían en los créditos).  Así, por ejemplo, se la ve con Jane Russell en Los caballeros las prefieren rubias (1953) o junto al director Billy Wilder durante el rodaje de La tentación vive arriba (1955), en una de las escenas más emblemáticas de la historia del cine: la falda blanca de la diva volando a causa del aire de las rejillas del metro. Muchos de estos materiales fueron entregadas a la prensa como «publicity stills»; es decir, fotos con la actriz posando o tomadas durante la grabación de escenas para promover el rodaje y el estreno de cada nuevo film. La exposición incluye también imágenes tomadas durante estrenos de sus películas (con invitados como Marlon Brando o Humphrey Bogart y su mujer Lauren Bacall) y retratos junto a sus maridos, la estrella de beisbol Joe Di Maggio (el matrimonio celebrado en 1954 duró apenas nueve meses) y Arhur Miller (estuvieron casados entre 1956 y 1961 ya que el romance eterno de Marilyn con los flashes terminó alejándola del escritor). Entre las curiosidades se incluye una fotografía que muestra a Norma Jean a los diecinueve años, cuando era trabajadora en una fábrica de aviones en Los Angeles. La foto fue hecha el 26 de junio de 1945 poco antes de la separación de James Dougherty, su primer esposo. «El fotógrafo David Conover estaba haciendo un ensayo sobre mujeres trabajadoras cuando quedó deslumbrado por esa chica con guardapolvo y sonrisa amplia» comenta Reinhard Schultz, dueño de la colección, y curador de la muestra junto a Blanca Monzón, directora del Departamento de Artes Visuales del Borges. Por esa serie de retratos, Norma fue contratada por las agencias Yank primero y luego Blue Book, donde le recomendaron que se tiña de rubio y que elija otro nombre. Se había encendido la mecha de quien sería una bomba sexual, sin un pelo de tonta.  «Lo que realmente (la) iluminaba, lo que la hacía sobresalir, vívida y cercana era su capacidad de transmitir la vida y por lo tanto, el deseo. Una capacidad percibida sólo en los personajes que habitan los sueños, más allá de las meras representaciones que pueblan la vigilia», escribe Monzón en el catálogo de la muestra. En ese sentido, los sueños de Marilyn eran inquietantes. En Fragmentos relata uno de ellos, donde entra en un quirófano a cargo de su profesor de teatro Lee Strasberg, quien la rasga con un bisturí y descubre que dentro de ese cuerpo no hay nada más que aserrín. «Sí, ella estaba obsesionada por llenar un vacío cuya profundidad nunca conoceremos. Pero lo hizo de un modo que nos despista. Toda esa historia de su infancia ultrajada entre orfanatos y familias adoptivas es, en mi opinión, algo que ella misma construyó. ¿Por qué? Porque a Hollywood siempre le encantaron las historias trágicas, aunque no sean ciertas», asegura Schultz. El galerista  va más allá: asegura que Marilyn era bisexual y que entre sus sábanas estuvieron, entre otras, Liz Taylor y Joan Crawford «como todo el mundo sabe». Además, si bien es conocida la conversión de la estrella al judaísmo cuando se casó con Miller, Schultz asegura que por entonces también se hizo… comunista. «De allí las persecuciones del FBI que no comenzaron durante su romance con el entonces presidente de Estados Unidos, John Kennedy. Habría que ver si su aparente suicidio en 1962, rodeada de barbitúricos y con el teléfono en la mano, no es más que una coartada para encubrir su asesinato», elucubra.  Más allá de estas anécdotas –que como todas las vinculadas a Marilyn, entran en esa vorágine que licúa los límites entre realidad y ficción- lo tangible son las fotografías. «La fotografía reproduce un instante, que es siempre una elección para representar la realidad. Pero a la vez da cuenta, en este caso, del modo en que deseamos mostrarnos a los demás. Porque el sujeto de estas series de fotos es un mito que sobrevive en ellas», indica Monzón. Y agrega: «Este obsesivo compromiso estético con lo que deseaba transmitir su protagonista -comunicando al mundo su imagen de gran estrella- debe de haber estado cargado de una inmensa exigencia. Nunca sabremos si esto pudo llegar a ser disfrutable o pudo haber sido una tortura, o un juego entre ambos sentimientos. ¿Cuánto de alegría, cuánto de tristeza, cuánto de autenticidad, de simulación, desenfado o transparente naturalidad hubo en ello? No lo sabremos». Musa de innumerables poetas y pintores -entre ellos de De Kooning, Dalí y, claro, Warhol- Marilyn se refugiaba de vez en cuando en la escritura para escapar del centro de la escena. “Dejé mi casa de madera sin pulir / un sofá de terciopelo azul con el que sueño todavía. / Un arbusto oscuro y resplandeciente justo a la izquierda de la puerta. / Al final del camino los crujidos mientras mi muñeca / en su cochecito pasaba sobre las grietas – ‘Nos iremos lejos’”, escribió en uno de sus cuadernos.  Por debajo de los pliegues de esa fascinante ambigüedad entre una vida sobreexpuesta y un corazón vulnerable, emergen estas imágenes. Las de una mujer rabiosamente sensual que se pasó la vida buscando el camino de regreso a casa, para rescatar a su muñeca dormida en el cochecito. por Ivana Romero Fuente: 

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Diario Tiempo Argentino 8/3/2013

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