Eulalia, la mujer que llegó al poder a punta de pistola

La primera gobernadora de Catamarca (y la primera mujer mandataria en todo el país) fue Eulalia Ares de Vildoza, quien juntó a 23 mujeres y tomó el poder a punta de pistola el 17 de agosto de 1862. El objetivo: sacar del poder a un gobernador que desconoció a su reemplazante y quería eternizarse en el cargo. Lo consiguió, fue “gobernadora” 12 horas y entregó el poder a un interventor para que asuma el electo.

Sucedió en épocas de guerras civiles en Argentina. Eulalia estaba casada un militar, el Teniente José Domingo Vildoza, partidario del derrocado Gobernador Ramón Rosa Correa y, por sus preferencias políticas, desterrado en 1862.

Moisés Omill gobernaba Catamarca en carácter de interino cuando desconoció el pronunciamiento de la Asamblea General que designaba como titular a Correa, expulsó de la Legislatura a cinco diputados y los reemplazó por sus partidarios. Con la mayoría a su favor, hizo votar una ley que declaraba nula la elección de Correa. Luego destituyó jueces y derrotó al Comandante en Armas Vildoza, marido de Eulalia y principal opositor del gobernador Omill.

Según la revista Todo es Historia, “ante la falta de reacción de los pocos opositores que quedaban en la provincia, a quienes calificaba como ‘gallos de corral’, Eulalia reunió a sus vecinas y esposas de oficiales perseguidos, para buscar la manera de derrocar a Omill”.

Eulalia viajó a Santiago del Estero para comprar armas y mandó a pedir municiones a Buenos Aires.

Las 23 mujeres se encontraron en la iglesia a la medianoche. Cambiaron sus faldas por ropa masculina, y “empuñando fusiles, comandadas por Eulalia, se apoderaron del Cabildo al sorprender a los guardias dormidos”. Como el gobernador no estaba, fueron a la casa, también acompañadas por algunos oficiales que se les habían reunido. Pistola en mano, Eulalia golpeó la puerta de sus habitaciones y pidió a Omill que saliera. En ese momento, uno de los soldados disparó un tiro y fue contestado con otro desde el interior. En medio del tiroteo y la confusión, Omill “huyó saltando las paredes del fondo de su casa, sin sombrero, descalzo y con los pantalones en la mano ”. Corrió a pedir ayuda a los frailes del convento de San Francisco quienes le prestaron un hábito y un caballo. Y así, disfrazado de monje, huyó a Tucumán.

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Horas más tarde, Eulalia presidió una reunión en el Cabildo, y como “gobernadora” por unas horas, “ordenó ruegos de acción de gracias por el triunfo de la revolución, que se engalanaran los frentes de las casas y que se distribuyeran limosnas a los pobres”. Finalmente, el Congreso Nacional nombró interventor de Catamarca al General Rojo y le presentó a Eulalia el agradecimiento “por su noble cooperación al restablecimiento de la paz y el orden constitucional del país”. Eulalia falleció a los 75 años, el 16 de junio de 1884.

por Alfredo Gutiérrez

 

Fuente: 

Diario Clarín 14/3/2011

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