Estudian el cuerpo de Pedro III de Aragón

El rey medieval de la corona catalano-aragonesa Pedro III de Aragón fue embalsamado, estaba sano y medía 1,73 metros, algo más que la media de la época, según los primeros resultados de la apertura de su tumba, en el monasterio de les Santes Creus (Tarragona), y su posterior traslado al Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya, en Valldoreix (Sant Cugat del Valls), donde ahora se analizará en profundidad.

Estudio de los restos – Foto Diario ABC

El embalsamamiento era una práctica habitual en los enterramientos de miembros de casas reales europeas a partir del siglo XII. El dato de su estatura es aproximado, porque el cuerpo está ligeramente arqueado.
El nivel máximo de anchura del cuerpo a la altura de la espalda es de 39 centímetros, 44 a nivel de cadera y 17,6 a nivel de las rodillas. Una de las particularidades del cuerpo del rey es que los pies se encuentran separados del cuerpo. La principal hipótesis es que, en un segundo enterramiento, se recolocaron entre las piernas para adaptar el cuerpo a las dimensiones de la bañera en la que yace.
Los primeros análisis sobre los restos de telas indican la ausencia de tejidos relacionados con el carácter regio del cuerpo, lo que daría veracidad a la crónica de Bernat Desclot, que explica que el rey fue enterrado con hábito monástico. También se ha encontrado un mechón de cabellos, aunque aún no se sabe si pertenecen al rey o a algún miembro de su familia. La práctica de dejar mechones de cabello en enterramientos funerarios se había encontrado en otras épocas, como la griega, pero nunca antes en la Edad Media.
Además, las manchas de humo y los restos de cera confirman que en 1857 se abrió la tumba de forma parcial, tal como consta en las memorias de Bonaventura Hernández Sanahuja, comisionado en la restauración de Santes Creus por la Comisión Provincial de Monumentos.
Dieta, enfermedades y causas de su muerte
 
Estos primeros resultados fueron presentados este lunes por el conseller de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras; el director del Museu d’Histria de Catalunya, Agustí Alcoberro, y la coordinadora del proyecto de restauración, Marina Miquel.
La investigación que empieza ahora permitirá elaborar un discurso histórico y reconstruir aspectos de la vida del rey, como su dieta, las enfermedades que padeció y las causas de su muerte. Además, se realizará una reconstrucción facial de la momia y se estudiará su ADN, lo que servirá para establecer qué cráneos y otros huesos conservados en el Monasterio de Poblet pertenecen realmente a Jaume I, su padre.
La primera apertura técnica de la tumba de Pere el Gran tuvo lugar el 26 de enero. Antes, se hizo un estudio de la atmósfera interior y una endoscopia con una pequeña cámara que permitió ver el interior del sarcófago. Para sacar los restos del rey y prepararlos para su traslado participaron 40 personas, que trabajaron durante más de seis horas.
El cuerpo del rey llegó a Valldoreix en un camión especialmente adaptado y custodiado por los Mossos d’Esquadra, aunque antes de su llegada al Centre de Restauració de Béns Mobles hizo una parada en el Hospital Joan XXIII de Tarragona, donde se hizo un TAC de sus restos.
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Fuente: 

Diario ABC 22/3/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Pedro III de Aragón:

(Valencia, 1240 – Villafranca del Penedés, Barcelona 11-XI-1285). Rey de Aragón, hijo de Jaime I  y de su segunda esposa, Yolanda o Violante de Hungría . No era el primogénito del Conquistador, ya que éste tuvo un hijo de su primer matrimonio, Alfonso , al que los aragoneses juraron heredero en 1228. Pero la reina Violante obtuvo garantías del rey para heredar a sus hijos, lo que dio lugar a varios testamentos en los que Jaime I repartía los reinos de la Corona entre ellos. Muerto Alfonso, un nuevo testamento de 1262 dejaba a Pedro Cataluña, Aragón y Valencia, núcleo esencial de la Corona, y a su hermano Jaime el reino de Mallorca más las posesiones ultrapirenaicas del Rosellón , la Cerdaña  y Montpellier. Pedro se opuso ahora a esta fragmentación, como antes lo hiciera su hermanastro Alfonso. Cuando más tarde se convirtió en rey, combatió a Jaime de Mallorca hasta conseguir que le prestara vasallaje.

Desde su proclamación como heredero de Aragón, Pedro pasó a desempeñar el cargo de gobernador general del reino.

Pedro discrepaba de la política pacifista de Jaime I, manifiesta en el tratado de Corbeil  (1258), una vez que fracasaran sus intentos de alejar a Francia de Toulouse y la Provenza. Para estas tierras, Pedro aparece como el libertador contra su nuevo señor, Carlos de Anjou, hermano de San Luis de Francia. En 1271, a la muerte de Alfonso de Poitiers, Pedro intentó apoderarse del condado. Se lo prohibió Jaime I.

Pero los mayores enfrentamientos tendrán por escenario el Mediterráneo y, más concretamente, Sicilia. El fundamento de la intervención de Pedro III en tal área se halla en su matrimonio con Constanza , hija de Manfredo, y nieta de Federico II. Esa boda atrajo sobre Aragón fortuna, tesoros y problemas, todo en grandes proporciones. Para Dante, Constanza fue la genitrice dell’onore di Cicilia e d’Aragona. Se ha dicho que Jaime I sólo veía en la boda las onzas de los Staufen —la dote se fijó en cien mil onzas de oro y piedras preciosas—, pero la importancia de la misma no se puede minimizar: suponía una alianza con la familia del último emperador alemán y, por tanto, con los gibelinos; daba opción a frenar las aspiraciones imperiales de Alfonso el Sabio, elegido rey de Alemania en 1257; y finalmente abría insospechadas puertas en el Mediterráneo a los intereses comerciales catalanes. Pero significaba también enconar más el enfrentamiento con Francia y la Santa Sede. El Papa había desposeído a los Staufen del reino de Sicilia y se lo entregó a Carlos de Anjou (1263), quien derrotó a Manfredo en Benevento (1266) y a su sobrino Conradino en Tagiacozzo (1269). La ejecución de este último dejaba en manos de Constanza y de Pedro de Aragón los derechos dinásticos sobre Sicilia. Pero entretanto, en la isla se había instalado Carlos de Anjou, apoyado por el Pontificado y el partido güelfo.

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En 1274, Pedro aspiró a heredar el reino de Navarra, a la muerte de Felipe I, basándose en los pactos de mutuo prohijamiento celebrados hacia medio siglo entre Jaime I y Sancho VII el Fuerte. Pero el príncipe aragonés hubo de desistir ante la presión francesa que incorporó temporalmente el reino navarro a su Corona. Muerto Jaime I en 1276, accedió Pedro III al trono en Aragón, Cataluña y Valencia, en medio de algunas novedades. Fue el primer rey que se coronó  solemnemente en Zaragoza y no quiso utilizar el título de rey hasta no recibir la corona, tal vez para dejar bien claro que no la recibía de la Santa Sede, como símbolo de vasallaje.

Los primeros años del reinado los ocupó en campañas contra los musulmanes valencianos. Pero su gran empresa sería la conquista de Sicilia, de gran repercusión en el reino aragonés. En 1282, una embajada de sicilianos, enemigos de la dominación angevina, le ofrecieron el trono. Pedro III se decidió entonces a realizar la ocupación, empresa ésta que venía preparando, mediante alianzas con Castilla (vistas de Campillo, 1281), Portugal, Inglaterra e Imperio Bizantino. En Aragón tal preparación se tradujo en el aumento de la presión fiscal, con el fin de obtener dinero y vituallas destinados a la flota que se preparaba al efecto. Ésta partió de la Península en junio de 1282, en medio del mayor secreto. Tocó la costa tunecina antes de poner rumbo a Sicilia. Pedro III desembarcó en Trápani (30-VIII-1282), ocupando rápidamente la isla. Carlos de Anjou se instaló en el sur de la Italia peninsular. Obtuvo del Papa la excomunión de Pedro el Grande, y la desposesión de sus reinos (21-III-1283), que fueron entregados en febrero de 1284 a Carlos de Valois, hijo de Felipe III el Atrevido, rey de Francia.

La empresa siciliana suscitó la oposición del reino de Aragón: no sólo por la presión fiscal, que casi siempre se hacía contra fuero, sino también, y principalmente, porque era una empresa extraña a los intereses del reino, capaz de proporcionarle más daño que beneficio, sobre todo a causa de las implicaciones eclesiásticas —el reino fue puesto en entredicho— e internacionales que se iban produciendo. Ese peligro se hizo patente cuando los franceses atacaron desde Navarra. Los aragoneses reaccionaron formando la Unión , iniciada en Tarazona y consumada en Zaragoza, en octubre de 1283, de la que formó parte la mayor representación del reino que se había conocido, tanto de la nobleza como de ciudades, villas y aldeas. Juntos, lograron hacer jurar al rey el Privilegio General , que suponía la institucionalización del pactismo  y otorgaba una amplia participación en las Cortes a los representantes de los estamentos, amén de otras concesiones y compromisos del poder real, tales como el de jurar todo ello al comienzo de cada reinado, antes de poder ejercer jurisdicción alguna como rey. Tales concesiones se extendieron también a Valencia, y después a Cataluña, resultando un sistema político similar para toda la Corona. Otras cuestiones viejas, como la pretensión de los aragoneses de imponer su fuero en Valencia, se replantearon ahora, obteniéndose, al menos, que los nobles de Aragón allí afincados se rigiesen por su propio fuero.

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Tras estos acuerdos, a los que el rey había accedido de mala gana, aminoraron las tensiones internas, que nunca desaparecieron del todo, y Pedro III pudo dedicarse a los problemas exteriores. La situación militar en Sicilia, bajo la experta mano de Roger de Lauria evolucionaba favorablemente. En 1284 caía prisionero el príncipe Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou y gobernador de Nápoles. En España, ese mismo año, el rey conseguía la anexión de Albarracín, previo acuerdo con Castilla.

Pero el peligro mayor se cernía al otro lado de los Pirineos, donde el rey de Francia, Felipe el Atrevido, se disponía a hacer efectivo el dominio otorgado a su hijo por el Papa sobre la Corona aragonesa. El reino de Aragón se había avenido al fin a ayudar a su rey contra los franceses. Éstos, tras algunos éxitos iniciales, fueron derrotados, al fin, en el mar (frente a las islas Formigues) y en tierra, en el coll de Panisars, en 1285. Los franceses hubieron de abandonar España.

Pedro III apenas pudo sacar el fruto de su victoria. Ordenó expediciones de castigo para quienes no le ayudaron o se le opusieron: Jaime II de Mallorca, que se había aliado con los franceses, y Sancho IV de Castilla, que había incumplido sus promesas de ayuda. Sólo en el primer caso hubo resultados positivos. Mallorca fue incorporada por el primogénito Alfonso, ocho días después de la muerte de Pedro el Grande.

Fuente: Enciclopedia Aragonesa

 

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