ESMA: revelan el plan secreto de Astiz para secuestrar a las monjas

 Por un panfleto, metió a Domon y Duquet en una “conspiración marxista” mundial.

 “Como loco”, en diciembre de 1977, Alfredo Astiz entró al centro clandestino que funcionaba en la ESMA con un volante en la mano del Partido Comunista Marxista Leninista . Con ese panfleto que le habían dado en un atelier de la Boca y otras “pruebas” que había obtenido durante los más de cinco meses que -con el nombre de Gustavo Niño- estuvo infiltrado en un grupo de familiares de desaparecidos, convenció a sus jefes del grupo de tareas que debían actuar rápidamente. Creía que había “probado” que “el marxismo internacional” estaba detrás del incipiente movimiento por los derechos humanos que funcionaba alrededor de la iglesia de Santa Cruz, con apoyo de los monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, para “destruir la imagen” de la dictadura en el exterior. Un total disparate. El panfleto desencadenó la masacre de la Iglesia de Santa Cruz, según el testimonio de la ex detenida Silvia Labayrú y otras pruebas que destacó el tribunal oral federal 5 que condenó a Astiz y otros 11 represores a cadena perpetua por esos crímenes de lesa humanidad. Esta semana, por primera vez, ese fallo pudo leerse completo. Labayrú, cuyo hijo había quedado como rehén en la ESMA, fue obligada a acompañar a Astiz a las reuniones con los familiares y a las rondas en las Plaza de Mayo, fingiendo ambos ser hermanos de un desaparecido. Paradójicamente, mientras Astiz activaba el terror, la monja Domon escribió una poesía para cada uno de los familiares. Un par de días después d el 8 de diciembre, el grupo de tareas 3.3/2 lanzó cinco operativos coordinados en la Capital y el Gran Buenos Aires en lugares que habían sido designados zona liberada (Ver infografía) . Era el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen. A primera hora de ese día, tres camionetas con infantes de marina en ropa de fajina y fuertemente armados se apostaron alrededor del taller del artista Remo Berardo en Magallanes 889, donde Astiz había recibido el panfleto. Luego, Berardo y Labayrú fueron sacados del lugar, atados y arrojados en un auto. Horas más tarde, represores vestidos de civil y armados con escopetas entraron brutalmente al bar “Comet”, ubicado en Paseo Colón y Belgrano, y secuestraron a Horacio Elbert y Julio Fondovila, quien intentaban llevar una solicitada al diario “Buenos Aires Herald”. Entre las 20 y 20.30 del mismo día, luego de una comunión, medio centenar de represores -que había bajado de diez autos sin patentes- hicieron un procedimiento de pinzas sobre la iglesia de Santa Cruz, en Urquiza y Estados Unidos. Minutos antes Astiz (Gustavo Niño) le había dado un efusivo beso a Domon, puso 20 pesos moneda nacional para difundir las denuncias de violaciones a los derechos humanos (el resto, 1.000.000, en promedio) y se había ido con una excusa. Ahora uno de los represores vestido con una guayabera y con una radio portátil en la mano identificaba a quien detener y a quien no de los familiares que salían de una reunión donde había recaudado dinero para publicar una solicitada en La Nación dirigida al dictador Videla. Mientras María Carballeda de Cerutti se aferró a las rejas de entrada de la iglesia, y otras madres gritaban “nos llevan, nos llevan”, Domon fue esposada y empujada dentro de un auto . Otra madre, Angela Auad, fue llevada arrastrada de los pelos. Al tesorero del grupo lo golpearon y le sacaron la plata que habían recaudado por la solicitada y la lista de los firmantes. Todo duró minutos. Pese al terror imperante, los familiares lograron reunir nuevamente la plata y publicar la solicitada. Dos días después, en otro procedimiento, un grupo de represores secuestraron a Azucena Villaflor -la primera presidenta de las Madres- de su casa en Cramer 117, Sarandí. Había salido a buscar un ejemplar de La Nación . Trató de resistirse y un colectivero quiso ayudarla pero fue reducido. Simultáneamente, dos hombres armados se llevaron sin violencia a la monja Leonnie Duquet de la parroquia San Pablo, en Ramos Mejía. La desaparición de las monjas francesas provocó la protesta del gobierno de Francia en el marco de una repercusión internacional enorme . Oficiales del Ejército llamaron a la ESMA para saber si allí estaban detenidas pero lo negaron. Incluso, siempre según sobrevivientes, Massera se hizo presente e increpó al grupo de tareas . La respuesta fue inventar que las monjas había sido secuestradas por los Montoneros. En el sótano de la ESMA (ver foto) las obligaron a sacarse una fotografía con la bandera de ese grupo guerrillero por detrás y escribir una carta al jefe de la orden de las Hermanas de las Misiones Extranjeras, obispo Bernard Pierre Guyot, en la que pedían ser intercambiadas por 20 presos políticos. Ana María Martín, otra sobreviviente, encontró a Domon en el baño. Tenía los brazos morados de los golpes y caminaba con dificultad por la tortura . Sin embargo, preguntaba con preocupación que le había pasado a Gustavo Niño (Astiz), a quien protegía como a un hijo y no llegó a darse cuenta que era un infiltrado. Entre el 14 y 20 de diciembre el GT 3.3/2 se decidió “el traslado” -el asesinato y desaparición de los cuerpos- de todo el grupo Santa Cruz. Aunque no hubo testigos, según declaró el ex teniente Adolfo Scilingo, se les aplicaba el tranquilizante pentotal, se los subía dormidos a aviones de la Armada y se los arrojaba en el Río de Plata. En ese intervalo de fechas, aparecieron cuerpos en la playa de Santa Teresita y se los sepultó como NN en el cementerio de General Lavalle (Ver “ El cuerpo …” ). Recién en el 2005 fueron identificados los cuerpos de Duquet y Villaflor, entre otros. Durante el juicio oral de este año, el ex capitán Antonio Pernías -otro de los condenados- reveló (muy tarde) que el operativo “fue una equivocación ”.  Alfredo Astiz: El Angel RubioCon el grado de teniente, Alfredo Astiz se infiltró en el grupo de familiares de desaparecidos de la iglesia de San Cruz, que fue la base para la creación de las Madres de Plaza de Mayo y otras organizaciones defensoras de derechos humanos. El tribunal oral federal 5 lo condenó a prisión perpetua por la privación ilegal de la libertad, tormentos y homicidio en 12 hecho y otros 5 casos similares, entre ellos los de las monjas francesas y el periodista Rodolfo Walsh.  Uno de los cuerpos identificadosEn el 2005, el Equipo de Antropología Forense excavó en las tumbas NN del cementerio de General Lavalle y luego en base a comparaciones de ADN identificó los cuerpos de Leonie Duquet y de Azucena Villaflor, entre otros. La investigación había comenzado por una decisión de los jueces de la sala II de la Cámara Federal. por Daniel Santoro  Alivio y reclamos de la familia de Domon y DuquetDieron por cerrado el caso de las religiosas pero piden por otros franceses desaparecidos. Los familiares de Alice Domon y Léonie Duquet mostraron satisfacción y alivio después del fallo contra los represores de la ESMA. Gabrielle Layat, hermana menor de Alice Domon, explica por teléfono a Clarín que el veredicto la satisfizo mucho. “Estuvimos de acuerdo con la decisión. Pero es una lástima que los condenados hayan mostrado tantas denegaciones y provocaciones”, dice. Para Michel Jeanningros, sobrino de Léonie Duquet y representante civil de los familiares de la monja, fue un “gran alivio”. “ Hacía 34 años que estábamos esperando. Nunca es lindo mandar a alguien a la cárcel, pero ellos torturaron y asesinaron. Eso importante para la Argentina que la Justicia esté avanzando ahí”, dice el sobrino. Geneviève Jeanningros es monja en Roma y como su tía Léonie vivió con indios mapuches en Argentina. Geneviève precisa: “Estuve contenta de que Astiz haya sido condenando, porque pienso que la Justicia se tiene que hacer”. Sophie Thonon es abogada y defiende en Francia a la mayoría de los familiares de los franceses desaparecidos en Argentina. Piensa que las declaraciones de Astiz fueron “indignantes y lamentables”. “ En ningún momento mostró compasión. Su defensa fue ridícula y totalmente desplazada respecto de los hechos, por ejemplo cuando él cuestionó la actitud de Francia en Argelia en vez de hablar de sus responsabilidades”, dice. Thonon explica que la Justicia en Argentina supo cambiar y pronunciar sentencias verdaderas. “Tenía confianza, sabía que Astiz no iba a ser condenado sólo a 5 años de cárcel. Es una gran alegría para las familias y para la concordancia entre la Argentina y Francia”, dice. Astiz fue condenado a perpetuidad en París en 1990. Desde esa sentencia, Francia pidió cuatro veces su extradición, y nunca la consiguió. “Fue una violación de las leyes franceses y argentinas”, dice Thonon. “Pero Francia pedirá otra extradición sólo si un abogado hace la demanda, y por ahora no tengo ninguna razón de hacerlo” , dice. Michel Jeanningros tiene el mismo punto de vista. “Pienso que ahora ya está, lo que debe seguir es el juicio para los otros franceses desaparecidos”, dice. Igual existe otro procedimiento judicial en Francia, que empezó en 1998. Es contra otros jefes militares implicados en la muerte de otros franceses. Thonon explica que tardó mucho especialmente por el descubrimiento de nuevos testimonios. Michel Jeanningros precisa: “Todo no está resuelto todavía. No se gira una página así , fue igual en Francia después de la Segunda Guerra Mundial”.  por Frédéric Santangelo, especial para Clarín   Fuente: 

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 Diario Clarín 8/1/2012

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