“Era un auto lleno de rosas rojas y sangre”

Nellie Connally -esposa del gobernador de Texas- viajaba con Kennedy cuando él murió. Este es su testimonio, realizado en el año 2003. Se incluye la película de Abraham Zapruder, que registra el momento del asesinato.

“Era un auto lleno de rosas rojas, rosas amarillas, y sangre, que nos había salpicado a todos.”

En un departamento de un lujoso edificio que domina el barrio comercial más elegante de la ciudad, el torrente de palabras de Nellie Connally se detiene súbitamente. “Es difícil de explicar”, prosiguió.

“Nadie puede imaginar -añadió- el horror de ese momento en ese automóvil. No puedo creer que hayan pasado 40 años ni que yo sea la última persona que queda aún viva y que estuvo en el asiento de atrás de ese auto.”.

Se trataba del automóvil que llevaba a Nellie, que lucía un traje de color rosa intenso de Neiman Marcus; a su esposo, John Connally, el flamante gobernador de Texas que tenía puesto un sombrero de cowboy; al entonces presidente norteamericano, John F. Kennedy, y a su esposa, Jacqueline, en una caravana triunfal por Dallas.

Fue una efusiva señora de Connally quien dijo, entusiasmada: “Señor presidente, ciertamente no podrá decir que Dallas no lo ama”. Acaso las últimas palabras que escuchó Kennedy.

Después de oídos los disparos -y Nellie Connally insiste en que fueron tres y no dos, como se estableció oficialmente-, el presidente estaba muerto, el gobernador Connally estaba gravemente herido y el rumbo de la historia se alteraba para siempre.

Ahora, en vísperas del 40° aniversario del asesinato de John F. Kennedy, Nellie Connally, que hoy tiene 84 años, cuenta su versión de los hechos, una historia que se puso a garabatear, días después de los acontecimientos de 1963, para nietos que aún no habían nacido y que acaba de ser publicada como un libro de memorias.

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Nellie Connally, en esta oportunidad vestida con un traje color verde lima de Yves Saint Laurent, en su bien amueblado pero no suntuoso departamento repleto de reproducciones de pinturas impresionistas -los Connally perdieron su fortuna en una catastrófica quiebra de 1987- buceó por décadas de recuerdos turbulentos.

Sus pensamientos la transportan desde un electrizante primer encuentro entre Idanell Brill, una chispeante joven de la Universidad de Texas en 1937, y el alto y deslumbrante John Bowden Connally, presidente del centro de estudiantes, a través de su boda en 1940, los años de John como asesor del ascendente Lyndon B. Johnson, su designación como secretario del Tesoro durante la presidencia de Richard Nixon, su proceso y absolución de los cargos de soborno, y sus quijotescos intentos por alcanzar la presidencia norteamericana. Hay temas de los que Nellie prefiere no hablar, como su lucha contra el cáncer de mama, su desagrado por ciertos prominentes políticos republicanos y el suicidio de su hija Kathleen, de 17 años, en 1958.

Un cuarteto feliz
Nellie Connally habló de “Aquel día en Dallas”. Un relato que recuerda en su libro “From Love Field” (Desde el Parque del Amor), que la está impulsando hacia una celebridad que nunca conoció como la hacendosa esposa de uno de los políticos más pintorescos de la época.

“El fue mi carrera”, comentó Nellie de su esposo, que murió en 1993, después de terminar presurosamente su propio libro de memorias.

Los Kennedy y los Connally, según escribió, “nos llevábamos bien; éramos, esa mañana de noviembre, un cuarteto feliz; yo, con mis rosas amarillas y Jackie, con sus rosas rojas”.

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Ese día, las dos mujeres vistieron coincidentemente de rosa. La amenaza de lluvia se había disipado y el cálido sol otoñal invitó a plegar el techo corredizo de la limusina. Kennedy y su esposa iban sentados en la parte trasera y los Connally en unos asientos plegables entre los asientos delanteros y traseros, y a lo largo del trayecto era extraordinaria la efervescencia de la gente en las calles. Nellie recordó que Kennedy estaba encantado.

Connally añadió: “De repente, oí un estruendo aterrador que venía de atrás. Me di vuelta y vi que el presidente se llevaba la mano a la nuca y se desplomaba en el asiento. Luego se produjo otro disparo que alcanzó a mi esposo, que abruptamente imploró: “No, no, no. ¡Dios mío, nos van a matar a todos! Finalmente, hubo un tercer disparo, que destrozó la cabeza del presidente. En el automóvil había restos de masa encefálica y chorros y manchas de sangre en el tapizado, en mi ropa, en todas partes”.

La Comisión Warren y las posteriores investigaciones llegaron a la conclusión de que el primer tiro, disparado por Lee Harvey Oswald desde el Depósito de Libros de la Escuela Texas, no fue certero, que el presidente y el gobernador fueron alcanzados por un segundo proyectil, y que sólo Kennedy recibió el tercer disparo. “Bueno, están equivocados”, expresó Connally. “Yo estuve allí y ellos no”.

“Lo único que digo es que hubo tres disparos y sé lo que sucedió con cada uno de ellos”, advirtió Nellie, que además cree, como lo demuestra la propia investigación que llevó a cabo su esposo tiempo después, que Lee Harvey Oswald fue el único francotirador.

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“Una escopeta de 15 dólares y una mente perturbada provocaron todo ese espanto”, dijo Nellie.

Por Ralph Blumenthal
De The New York Times

(Nota del editor: Nellie Connally falleció el 1 de septiembre de 2006)

 

La película de Abraham Zapruder es una grabación casera realizada con una cámara de 8mm, en Dallas, Texas. Registra el instante del asesinato del presidente de EEUU John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963.

Si bien no es el único registro fílmico existente, en la película Zapruder  se aprecia claramente el momento en que Kennedy recibe el disparo. Fue además la grabación utilizada por la Comisión Warren durante la investigación del asesinato.

En el vídeo se ve como JFK recibe un primer disparo y se inclina en el asiento. Su esposa se vuelve hacia él para ver que le ocurre y, seguidamente, éste recibe un segundo disparo en la cabeza que le causa la muerte.

Fuente: 

Diario La Nación 22/11/2003

Informacion Adicional: 

Tapa del diario Clarín

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