Enriqueta Duarte, una heroína olvidada

Enriqueta Duarte tiene 87 años y la memoria intacta para recordar hasta los más pequeños detalles de una hazaña que concretó hace 65 años. El 16 de agosto de 1951 se convirtió en la primera mujer latinoamericana en cruzar a nado el Canal de la Mancha y lo hizo con un tiempo récord de 13 horas 26 minutos, superando por mucho a sus compañeros varones: el mítico Antonio Abertondo y el peruano Daniel Carpio. Aún hoy sigue compitiendo con la misma pasión que a los 20 años («Cada cinco años me cambian de categoría por edad, empecé por la A y van a tener que inventar un nuevo abecedario para calificarme. Casi siempre corro sola en mi categoría porque no hay otras competidoras…») y amenaza escribir un libro con sus memorias, sobre todo acerca de su participación en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 («Han pasado casi setenta años, alguna gente murió y otra se suicidará cuando lo lea…»). El 16 de agosto hizo un festejo especial de los 65 años del cruce en el Centro Naval, rodeada de amigos, familiares y alumnos. Tuvo una vida apasionante, vivió alegrías, persecuciones y hasta exilios.

Periodista: Participó en varias pruebas en los Juegos Olímpicos de Londres ¿Cómo le fue? Enriqueta Duarte: Mal, pésimo, Hubo una pésima organización. Fuimos a la buena de Dios y así nos fue…  P: ¿Cuándo empezó a competir en natación? ED: A los 13 años empecé a nadar en el club Obras Sanitarias. Mi papá era periodista deportivo y cronista parlamentario, correntino y muy simpático. No tenía ningún parentesco con Evita, a la que conocí después y fue fundamental para ir a cruzar el Canal de la Mancha.  P: ¿Cómo se le ocurrió cruzar el Canal de la Mancha? ED: De chica siempre dije que quería ser maestra y abogada y me recibí de maestra en 1946, fui de la primera camada de maestras con 5 años de estudio, porque hasta allí se recibían con 4. Con el título me fui a la Facultad de Derecho a anotarme para estudiar Abogacía y me entero de que no podía por ser maestra y no bachiller. Entonces me anoté en asistencia social. Cuando estoy en la Facultad de Derecho recorro el edificio recién hecho, maravilloso y me encuentro que hay pileta y me piden ser profesora ad honorem de la pileta de natación y acepto. Un alumno me dice: «Enriqueta, sabés que Abertondo cruzó el Canal de la Mancha» y ahí me quedó. «Qué lindo cruzar el Canal de la Mancha…» pensé. P: ¿Ya había hecho otros cruces?  ED: No, era nadadora de pileta, nunca había hecho natación en aguas abiertas. Llego a casa y digo: «Quiero cruzar el Canal de la Mancha…» y papá, que era vivísimo, se va a ver al director del Buenos Aires Herald, que era Archibald Platt, y le cuenta todo. El cruce del Canal de la Mancha lo organizaba el Dally Mail, de Londres, y admitía nada más que 20 nadadores. Para el nuestro, en 1951, se anotaron 1551 para la prueba. Encima todo aquel que ya había cruzado el Canal de la Mancha, como el caso de Abertondo, que lo había hecho el año anterior, quedaba seleccionado, por eso de 20 las vacantes se bajaron a 12, porque había 8 que repetían el cruce. Era una desesperación. Platt le dice a mi papá que va a hacer lo que pudiera. En esos momentos un tío mío, Oscar Ibarra García, era subsecretario de Relaciones Exteriores y por entonces era embajador argentino en Gran Bretaña el doctor Carlos Hogan, que viene a Buenos Aires, nos da una audiencia y le contamos. El asunto es que cuña, palanca, vale y terminé siendo elegida. Empezamos con papá a buscar apoyo financiero y no conseguíamos en ningún lado. Entonces Evita nos llama a las olímpicas. Nos pide que hagamos el Ateneo Popular Evita, le juntamos 74 deportistas mujeres, que para ese entonces era una enormidad y le pedimos una audiencia. Vamos todas y le llenan el despacho. Eva estaba que lloraba de la emoción, se abrazaba a sí misma. Nos saluda a todas y nos hace poner en semicírculo para las fotos. Eva me ve y dice «¿Qué estás haciendo acá si tenés que estar entrenando para el cruce del Canal de la Mancha?». Sabía todo, tenía una información y una memoria. Una cosa increíble. Y le digo: «Señora, parece que no vamos porque no hay plata». Le da un ataque y dice a su secretario: «Cirigliano, una audiencia para mañana para Enriqueta». Le aviso a Abertondo y vamos los dos, llegamos y nos manda al Comité Olímpico para que arreglen el viaje. Vamos y al primer día me doy cuenta de que Abertondo era más lento que yo y lo tenía que esperar, por lo que le digo que no puedo entrenarme con él y me voy con los ingleses y los egipcios. Llega el día de la carrera, con el mar muy picado, y yo pensaba que si Abertondo lo había hecho en 18 horas y el peruano Carpio en 16, yo iba a tardar 22 y me preparé para eso. Pero en la mitad de la carrera me avisan que iba primera. No le di importancia, pero en un momento veo el blanco de los acantilados de Dover y me entusiasmo. Llego y me esperaban tres amigos ingleses, uno con una cucarda, otro con un ramo de flores y el tercero con un servilletero de plata. Pregunto por Abertondo y Caprio y me dicen que todavía no llegaron y me doy cuenta que soy récord sudamericano. Acusada de recibir una casa, un auto y 500 mil pesos por la Revolución Libertadora, Enriqueta todavía busca quién se quedó con esos regalos que nunca le llegaron. por Juan Roberto Presta Fuente: 

Leer también >>  El único pabellón del Centenario, olvidado y en mal estado

Diario Ambito Financiero 31/8/2016

Enriqueta Duarte, una heroína olvidada
4.5 (89.83%) 240 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú