«En 1816 se declaró la Independencia para terminar con la Revolución»

«Diputruchos”, dirá en un rato Christian Rath, y estará hablando de algunos de quienes levantaron la mano en la Casa de Tucumán, allá en 1816. “El festejo del Bicentenario fue el festejo de la unión nacional, es decir de las clases que han gobernado el país en los últimos 200 años” arrojará Rath, con una sonrisa cómplice, como quien muestra lo que está a la vista. “¿Por qué lo digo? Porque los lazos que construyeron a este país como un país oprimido están más férreos que nunca: tenemos una economía cuyo nivel de primarización –el comercio de materias primas– es más alto que en 1910.” Christian Rath es uno de los autores de La revolución clausurada, el libro que escribió con Andrés Roldán para dar una versión de la Historia que no es la liberal –la que, en general, aprendimos en la escuela– ni la revisionista, que defiende las figuras de los caudillos –Juan Manuel de Rosas en particular– y traza una continuidad entre San Martín, Rosas y Perón. Lo que quieren mostrar Rath y Roldán es que entre 1808 y 1820, se produjeron en estas tierras planteos políticos más federales, más laicos, más igualitarios que los que terminaron triunfando. Y cómo fueron las luchas que nos trajeron a donde estamos.

–Ustedes hablan de una revolución clausurada. ¿Hacia dónde iba y qué pasó? –La junta de Mayo –dice Andrés Roldán– es un frente heterogéneo. Moreno plantea una expropiación temporaria de las minas para desarrollar la industria nacional. Y envían una misión al Alto Perú, que comanda Castelli y produce un hecho notable: la proclama de Tiahuanaco. Allí se declara de liberación de los indígenas, la independencia respecto del clero y la supresión de los tributos y del trabajo servil. Esto genera una reacción contraria de las clases propietarias y comerciantes, que son los dueños de ese trabajo esclavo. Eso es 1811 y ahí hay una primera clausura. –Ustedes discuten la idea de que la Asamblea del Año XII haya sido progresista. –La Asamblea –dice Rath– estaba en condiciones de declarar la Independencia y fundar la República y no lo hizo. En 2012, el Parlamento declaró un feriado para el día que se cumplieron 200 años de su inicio. Es decir, lo consideraron un hito histórico. Pero ahí no se declaró la independencia porque así se había pactado con la diplomacia británica, que necesitaba comerciar libremente pero no podía enfrentarse a España, que era su aliada contra Napoleón. En sesión secreta, la Asamblea decidió oponerse a la incorporación de los diputados de la Banda Oriental, que venían a declarar la independencia, y establecer una confederación en la que cada provincia retuviera su soberanía. Y, lo que no es menor, a abrir los puertos, para frenar el poder de Buenos Aires. Además, querían proclamar la libertad civil y religiosa. –¿Y qué pasó? –La Asamblea –dice Roldán– mantuvo la organización económica del Triunvirato, que colocaba la producción y el comercio dentro del libreto inglés. –¿Y la liberación de los esclavos? –Cuando se reglamentó esa ley –sigue Roldán– se estableció que los niños esclavos estarían con sus patrones hasta los 20 años, y saldrían de allí preferentemente para integrar ejércitos patrios: el Ejército de Los Andes convocó a diez mil negros. La resolución más revolucionaria establecía que cualquier esclavo de un país limítrofe que pisara la Provincias Unidas era libre. Esto provocó una reacción en la corte de Portugal en Brasil y la Asamblea dio marcha atrás. Lo que sí hizo fue eliminar la tortura como parte de los procesos judiciales, lo que no impidió que se siguiera aplicando. –Por qué hablan de diputruchos en el Congreso de Tucumán? –Hacia 1814 –dice Rath– hay una segunda oleada revolucionaria, Se forma la Liga de los pueblos libres, con Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, la Provincia Oriental, Santa Fe y pueblos de Misiones, liderados por Artigas. Comienza el proceso que va a dar lugar a una revolución agraria en la Banda Oriental. La idea fue expropiar estancias y dividirlas en lotes de 7500 hectáreas. Aun estancias en manos de hacendados patriotas fueron pasibles de expropiación. Esto generó una conmoción, porque entre las familias expropiadas estaban los Mitre, los familiares de Belgrano, el suegro de San Martín. También se establecieron barreras arancelarias frente a las exportaciones y se permitió a Paraguay acceder a los puertos. Entonces se calificó al artiguismo de anarquismo. Se armó el Congreso de Tucumán y para él se eligieron diputados por el Alto Perú. Pero como el Alto Perú estaba ocupado por los españoles, se tomaron algunos emigrados que estaban en Buenos Aires y se los designó diputados. Ellos, más Buenos Aires, generaron una mayoría automática en el Congreso. E impidió que asistieran los diputados de las provincias agrupadas en el sistema de los Pueblos Libres. Allí mismo se pactó la invasión portuguesa a la Banda Oriental, que terminó con la política artiguista. Había caído Napoleón, ya no había opción: se declaró la Independencia para terminar con la Revolución. –Ustedes contraponen a Rosas y Artigas–En el llamado “federalismo” entran cosas muy diferentes. Rosas es el hombre de los hacendados bonaerenses que se benefician de la apropiación de tierras que establece Rivadavia. Es el hombre del latifundio, no el del reparto de la tierra. Es el hombre del puerto único. Es el que logra que les devuelvan a los hacendados porteños las tierras que Artigas había expropiado en 1815. por Patricia Kolesnicov Fuente: 

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Diario Clarín 27/8/2013

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