El Zorzal conservador

La aparición del prontuario de Carlos Gardel revive la polémica en torno al Zorzal y sus vínculos con la política. El intendente de Avellaneda, Alberto Barceló, su brazo armado Juan Nicolás Ruggiero, «Ruggierito» fueron personajes íntimamente ligados al cantante. Creemos oportuno reproducir un artículo que deja al descubierto una trama de negocios, política e intereses.

En Ruggierito. Política y negocios sucios en la Argentina violenta (editado por Nueva Mayoría), Adrián Pignatelli repasa la trayectoria del caudillo conservador. Aquí, un extracto sobre su relación con Carlos Gardel. Otra gran atracción del comité, muy explotada en las campañas electorales, fue la participación de números artísticos en los actos donde los candidatos eran presentados. Esto ocurría tanto con los radicales como con los conservadores y los anarquistas. Estos artistas se convertían en verdaderos voceros de los candidatos, manteniendo alto el espíritu de los simpatizantes del partido político.

En las huestes de Hipólito Irigoyen se destacó, ya desde fines del siglo diecinueve, la payada inconfundible de José Betinotti y Gabino Ezeiza. Betinotti, un talentoso improvisador en la payada, fue el compositor de temas sentimentales comoCarlos Gardel junto a Ruggierito. Fotografía tomada 
el 27 de septiembre de 1933, semanas antes del ase-
sinato del pistolero de Barceló.
 «Pobre mi madre querida». (…) Del lado del anarquismo libertario, sobresalieron Martín Castro, Luis Acosta García, Edmundo Ferreti, Andrés Cepeda y Evaristo Barrios. Y los conservadores también tuvieron lo suyo. Uno de los cantantes que concurría al comité de Pavón era el rosarino Agustín Magaldi, caracterizado por su voz triste y sentimental, quien logró colocarse a la altura de Gardel y de Corsini, hasta el punto que llegó a vender un millón de discos del tango El Penado 14. Sabía cantar con arte e inteligencia y muchos aún lo recuerdan con el exitoso dúo Magaldi-Noda. También era un habitué del comité conservador Ernesto «El Pibe» Ponzio, un extraordinario violinista y compositor. (…) Sin embargo, más allá de las figuras tangueras que el comité convocaba, el plato fuerte de los actos conservadores no era otro que el dúo Carlos Gardel-José Razzano. Ya Gardel adolescente había cantado en Avellaneda, en la asociación «Los Pampeanos», temas como «Mi Moro» o «Mi pingo pangaré». ¿Cómo llegó a relacionarse el Zorzal con Barceló y, por ende, con Ruggiero? Alrededor de los veinte años, el cantante trabó amistad con los hermanos Traverso, Yiyo, Constancio, José Cielito y Félix, propietarios de la fonda O´Rondeman, de Humahuaca y Agüero, situada justo frente al mítico Mercado de Abasto. En este bar -hoy un inmueble desocupado- cantó por primera vez Gardel. Además, los Traverso pasaban los discos de Enrico Caruso y el cantante se deleitaba escuchando canzonetas, mientras comía. Los Traverso, más allá del negocio gastronómico, respondían a Pedro Cernadas, un político muy cercano a Barceló. La fonda no demoró en transformarse en centro de referencia para pergeñar estrategias políticas y comprar votos y voluntades. Los Traverso manejaban, en Balvanera Oeste, el comité de la calle Anchorena, entre Tucumán y Zelaya, donde solían ir a payar Betinotti, Ezeiza y varios más. Los Traverso fueron los primeros protectores del cantante, en los peligrosos arrabales de principios de siglo. Una versión cuenta que Constancio Traverso y Gardel estuvieron muy próximos al llamado Partido Asociación Popular, que en la novena sección acaudillaba el dramaturgo Gregorio de Laferrere. Los Traverso eran pesos pesados. Uno de ellos, José «Cielito», por 1901, había asesinado de una puñalada en el abdomen a Juan Carlos «Vidalita» Argerich, hijo de Cosme Argerich, quien -un poco pasado de copas- se había enfurecido porque en el café donde estaba tomando, la orquesta de Aquiles Giardini no interpretaba un tango que había solicitado con insistencia. Luego de arrojarles a los músicos primero su copa, luego la botella y, por último, las sillas que tenía a mano, desafió: «El que sea hombre, que me siga», tras lo cual, luego de una confusa pelea, recibió la herida mortal. El escándalo fue de tal magnitud que fue el propio Barceló quien intercedió por la suerte de Cielito en los despachos de la Casa Rosada, con lo cual, luego de sólo dos años de detención, fue liberado. Eso sí, con la condición de que abandonara el país. Instalado en Uruguay, Gardel lo ubicó en la localidad de Tambores, donde tenía familiares. El bandoneonista Miguel Bonano relató que «yo era amigo de Ruggiero y también de Amaro Giura, que presidía el centro tradicionalista Los Leales. Giura era amigo de Gardel, quien varias veces actuó en ese centro. A través de esas vinculaciones fue como yo terminé haciéndome amigo de Gardel. Como a Carlos le gustaba mucho el escolaso, yo lo presenté a Ruggiero. Al final él y Juan se hicieron amigos también». Era común ver juntos a Ruggiero, Gardel, Amaro Giura y al escribano Nicanor Salas Chávez, mano derecha de Barceló. Esteban Capot, amigo de la infancia de Gardel, narró que fue el caudillo conservador el que le consiguió, para facilitar sus giras artísticas por Europa, la cédula de identidad en que figura Avellaneda como el lugar de nacimiento del cantante. Fue esa cédula la que usó hasta el día trágico de Medellín. También se dijo que necesitó un documento argentino para evitar el servicio militar en Francia, versión sostenida por los que están convencidos de que el cantante nació en Toulouse. En aquella época, en Avellaneda, podía conseguirse cualquier tipo de documentación. Y, como contrapartida, el cantante amenizó con increíble éxito los actos políticos que los conservadores organizaban en Avellaneda. Una mano lavaba la otra. Además, los comités del partido Conservador eran los que siempre estaban abiertos y en plena actividad durante todo el año. En cambio, los locales radicales y socialistas -los entonces opositores a la facción gobernante- sólo se habilitaban en tiempos previos a las elecciones. Gardel encontraría en los comités conservadores una audiencia permanente. Y si bien Barceló descubrió en el Zorzal a un excelente propagandista de su partido, Ruggiero también supo utilizar sus influencias cuando el cantor se vio en aprietos. En la madrugada del sábado 11 de diciembre de 1915, Gardel fue baleado en un confuso episodio a la entrada del Palais de Glace, reducto donde se daba cita la elegante juventud y la bohemia porteña para bailar tango de salón. «Ya no vas a cantar más El Moro», escuchó Gardel antes de recibir el impacto. La investigación posterior arrojó que el hecho había sido producto de una venganza por una cuestión de polleras. El tema era el siguiente: Gardel tenía relaciones con Giovanna Retana, ex cantante de Enrique Caruso, acá conocida como La Ritana, o Madame Jeanne o Jeannette, propietaria de un salón de bailes de la calle Viamonte. Se cuenta que fue por las gestiones de esta mujer que el dúo Gardel-Razzano comenzó a actuar en el Armenonville, un lujoso restaurant concert, ubicado en la avenida Alvear y Tagle, que era atendido por Manuel Loureiro y C. Bonifacio Lanzavecchia. El concubino de La Ritana, Juan Garesio -dueño del Chantecler de Paraná 440 y hombre de respetar en el hampa porteña- no toleró este romance y había enviado a un tal Roberto Guevara a que le pegara un tiro al Zorzal. Acompañado por Gregorio Gallegos de la Serna, Guevara cumplió con la orden. Gardel recibió un proyectil que entró por la tetilla izquierda. Testigo del hecho fue su gran amigo Elías Alippi, con quien había ido esa noche al Palais de Glace. El doctor Ricardo Donovan, del hospital Ramos Mejía, fue quien examinó la herida, comprobando que había perforado el pulmón izquierdo, sin orificio de salida. Como evolucionó favorablemente, los médicos decidieron no operarlo. El proyectil quedó alojado en su pecho el resto de su vida. Gardel, temiendo que el hampón mandara a otro sicario a terminar el trabajo, buscó protección, porque sabía que con Garesio no se jugaba. Fue así como se contactó con Ruggierito para que tratara de calmar los ánimos. Y Ruggierito habló con quien había sido su amigo y luego su eterno rival en el mundo del hampa, el Gallego Julio, para que Garesio se olvidara del asunto. Algunos aseguran que hubo también un encuentro entre Ruggiero y Garesio en el Chantecler, donde el primero solía asisir. -¿Vos y yo somos amigos, no? – le preguntó Ruggiero. -Claro que sí -respondió Garesio. -Entonces, ¿estarías dispuesto a hacer lo que te pida, en homenaje a esa amistad? -Seguro. -Por favor, dejalo tranquilo a Gardel. Lo que pasó, fue, no se puede volver atrás. Te lo pido yo. Sin embargo, con Valea no fue tan contemplativo. «Si tocan a Gardel» -lo amenazó Juan- habrá guerra». El Morocho del Abasto nunca olvidaría el gesto, y se mantendría ligado a Avellaneda, a su gente y a Alberto Barceló. Participaría en cuanto acto conservador se organizara en Avellaneda.  Fuente: 

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 Diario La Nación 26/6/2005

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