El vapor que se llevó al fondo del mar a 452 personas

En la madrugada del 5 de marzo de 1916, el vapor Príncipe de Asturias se fue a pique cerca de la costa de Brasil, tras chocar contra un arrecife. Perecieron más de 400 personas.

«La Reina y yo, profundamente conmovidos al conocer la triste noticia del naufragio, compartimos de corazón el dolor por la pérdida de tantas y tan preciosas vidas. Le ruego transmita a las familias de las víctimas la expresión de nuestro pésame más sincero». Estas fueron las palabras que, el 8 de marzo de 1916, dirigió Alfonso XIII -entonces rey de España- a Antonio Martínez Pinillos, propietario de la naviera a las órdenes de la que navegaba uno de los vapores más avanzados de la época, el Príncipe de Asturias. Un buque que ha pasado a la historia con el triste sobrenombre de «Titanic español» debido a que se fue a pique en la madrugada del 5 de ese mismo mes cerca del puerto de Santos (en la costa de Brasil) mientras transportaba hasta América a 593 almas. Su tragedia y la de las aproximadamente 400 personas que murieron en su interior cayó, sin embargo, en el olvido. Y todo, debido a la turbulenta época que atravesaba por entonces España. «Estábamos en plena Primera Guerra Mundial y, poco antes, se habían hundido el Lusitania y el Titanic en circunstancias mucho más dramáticas», explica a ABC Jorge Díaz, autor de «Tengo en mi todos los sueños del mundo» (Plaza & Janés, 2016), una novela histórica cuyo telón de fondo es este naufragio. La obra, concretamente, usa como hilo conductor las vivencias de varios personajes (desde un soldado, hasta mujer despechada) que verán como sus vidas se acaban entrelazando gracias al Príncipe de Asturias. Todo ello, aderezado con el estilo único que le da al escritor haber sido uno de los guionistas y creadores de «Hospital Central». «De mi experiencia en televisión utilizo el orden estructural, el protagonismo coral y la facilidad para los diálogos», señala a este periódico. Un barco de ensueño Como explicó ABC -que informó del suceso hace un siglo-, el Príncipe de Asturias fue botado el 30 de abril de 1914 en Glasgow (Reino Unido). Su tamaño era considerable para la época, aunque no llegaba a alcanzar al Titanic. Y es que, mientras que el «Buque de los sueños» tenía 882 pies de eslora y 92 de manga, este vapor sumaba respectivamente 477 y 58. «Tenía hermosísimos y lujosos salones de música y de fumar, con una bien surtida biblioteca, camarotes de lujo compuestos de salas, dormitorios, cuarto de baño, tocador… El viaje en uno de estos camarotes desde cualquier punto de España hasta Buenos Aires costaba 3.000 pesetas más impuestos», afirmaba este diario días después de la tragedia. En palabras de Díaz, contaba además con una tecnología bastante avanzada para la época mediante la que se pretendía evitar un desastre como el de su predecesor. El 19 de febrero de 1916, el Príncipe de Asturias salió del puerto de Barcelona y, apenas unos días después, ya se encontraba a la altura de la costa de Santos (Brasil) cargado con 405 pasajeros y 188 tripulantes. El capitán José Lotina Abrisqueta -a su mando- tenía previsto llegar a puerto el 4 de marzo, pero el temporal se lo impidió. Por ello, prefirió esperar una jornada más. Al final, se decidió a entrar al muelle en la madrugada del día 5, a las 3 de la mañana. A esa hora la situación no podía ser peor debido a las lluvias, a la niebla y a la baja visibilidad, pero el veterano marino confiaba en su pericia. Para su desgracia, esta no pudo salvar al vapor del desastre y, aproximadamente a las 4 de la mañana, los oficiales se percataron de que se dirigían hacia un arrecife ubicado en punta Pirabura que no habían visto antes. Era imposible evitar la tragedia. Aunque Lotina ordenó (como hizo Edward Smith en el Titanic) ir «atrás toda», el impacto fue letal y alcanzó al vapor de costado. En menos de cinco minutos el Príncipe de Asturias se hundió. De nada valió que algunos buques como el brasileño Vega o el español Patricio Satrústegui trataran de socorrerle. Murieron, según señaló ABC el 8 de marzo, unas 452 personas. Muchas de ellas, hervidas vivas en el agua de las calderas cuando estas estallaron y otras tantas ahogadas. Fue, en definitiva, uno de las tragedias marítimas más grandes de España. 5 preguntas a Jorge Díaz 1-¿Qué ha exportado de su trabajo como guionista a las novelas? «Tengo en mí todos los sueños del mundo» es mi cuarta novela publicada, son ya casi diez años alternando las dos escrituras, así que se trata de un proceso que he ido puliendo con el tiempo. Cuando escribí la primera novela me sorprendió la libertad; el guionista tiene un terreno acotado por las posibilidades de producción en el que moverse, el novelista tiene libertad absoluta y eso, a veces, abruma. 2-¿Por qué ha elegido la novela histórica como su siguiente aventura? No ha sido una decisión consciente. Es cierto que me gusta la novela histórica, pero también que no me siento un escritor de género. Creo que mis novelas son contemporáneas pero ambientadas en otra época. De cualquier forma, soy un apasionado de la historia y el siglo XX me resulta fascinante, me muevo de manera muy cómoda por él. 3-¿Cómo ha mezclado en su obra la Primera Guerra Mundial, los burdeles y el Príncipe de Asturias? La época ayuda mucho… Aunque ahora no lo creamos, el burdel era toda una institución en la sociedad española, un lugar de encuentro y socialización. Los más lujosos no eran los lugares sórdidos que ahora imaginamos sino algo más parecido a los cabarés. «Tengo en mí todos los sueños del mundo» quiere reflejar la procedencia de los viajeros que partían hacia América y, por lo tanto, busca moverse en todos los ambientes de la época. Eso me obligaba a ir a las trincheras de la guerra europea, a los salones más aristocráticos, a las parroquias mallorquinas, a las aldeas judías del este de Europa, a los burdeles y a muchos otros lugares. 4-¿Por qué cree que esta historia ha sido olvidada por España y no se recuerda como otras tragedia navales? Todas las semanas se hundía algún barco importante y los periódicos tenían continuos dramas para publicar. La del Príncipe de Asturias era una buena historia en un mal momento. Además, no había grandes personajes entre los fallecidos. Y no olvidemos que nuestro país era muy marginal en aquella época. Donde sí se recuerda es en Brasil, en la pequeña ciudad de São Sebastião, muy cerca del lugar de los hechos, existe un museo dedicado a los naufragios en el que se guardan algunas piezas rescatadas al mar del Príncipe de Asturias. 5-Guionista y escritor… ¿Baraja la posibilidad de crear una película con este libro? Me encantaría, claro, es una forma de darle más difusión a la novela. De cualquier forma soy guionista de televisión, no de cine, por lo que me imagino una miniserie de varios capítulos y de esmerada producción… Las series de televisión han alcanzado una calidad que no tiene que envidiar a nadie. por Manuel P. Villatoro Fuente: 

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Diario ABC 5/3/2016

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