El último dandy

Tenía 95 años El actor murió ayer a la mañana, en su casa de Congreso. Gran contador de anécdotas, se lució en cine, teatro y TV. Comediante enorme, sus colegas le rinden tributo.

Una nota con Osvaldo Miranda era un momento para guardar, un momento que él había diseñado, sin nada librado al azar. Se preocupaba por saber, antes de la cita, los sabores preferidos de su interlocutor. Y entonces esperaba en su casa con lo que él llamaba “la repostería del día”, con su envidiable memoria afilada, con su generosidad para pincelar de sepia aquellas postales sobre las viejas glorias del espectáculo. Era un caballero en más de un sentido. Un actor que hizo de la comedia su especialidad. Un señor que coleccionaba sombreros y anécdotas. Un dandy de esos que había hasta ayer nomás, literalmente hasta ayer.

Murió a la mañana, a los 95 años, en su casa de Congreso, donde estuvo recluído últimamente con esa “salud de hierro forjado” -como la describió más de una vez- algo diezmada. Ayer, sus familiares comentaban que “ya no salía como antes”, cuando respetaba, aún pasados los 90 años, su rutina de recorrer el barrio, con paradas en bares de Corrientes o Callao. Y decía: “Tardo en dar la vuelta, pero no porque yo camine tanto ni lento… Es que a cada paso la gente me saluda y yo debo deternerme y escucharla”.

Un paro cardíaco acabó con una vida entonada por la ficción, pero siempre enmarcada en la realidad. Una charla con Osvaldo también era un repaso por la actualidad de la Argentina y del mundo.

‘Bohemio’ de alma (ver Atlanta, un gran amor…), el fútbol, la política, el arte o lo que sea eran temas de conversación para uno de los referentes más queridos de la escena nacional. Hoy será despedido, seguramente, por unos cuantos colegas (al cierre de esta edición no se había definido el horario) en el Panteón de Actores del cementerio de Chacarita.

Nacido el 3 de noviembre de 1915, en Villa Crespo, debutó en 1936, en la compañía de Celia Gámez y Alberto Anchart padre: “Yo figuraba en el último renglón y después decía ‘imprenta’ . Yo sí que empecé de abajo”, le comentó a Clarín en diciembre de 2001, cuando había resuelto volver a su mejor territorio, el del escenario, del que se había bajado 15 años antes “con una mentira piadosa: en el ‘86 se había enfermado mi esposa, mi adorada Amelia, y en ese momento le dije que 50 años de carrera ya eran suficientes y que me retiraba. No era ésa la razón… Lo que quería era estar más tiempo al lado de ella”.

Los retratos de Amelia se reproducían en esa casa que él decía que ya le quedaba muy grande. No tuvieron hijos, pero sí cuatro sobrinos que ayer tomaron la decisión de no hacer velatorio, como deseaba Miranda. Ellos, inseparables del tío, estuvieron también en el Luna Park el lunes 17 de diciembre de 2007, cuando don Osvaldo recibió la dorada estatuilla a la Trayectoria en los Premios Clarín Espectáculos (ver Un tributo…). Hubo ovación indiscutida y silencio necesario para oír esa voz que, con humor, emoción y picardía, salpimentó la noche.

Leer también >>  Cuál fue la última frase de Elvis Presley antes de morir

Protagonista de emblemáticos programas, como La nena , Mi cuñado y yo , Mi marido y mi padrino o Tropicana , desplegó su oficio tanto en cine como en teatro y televisión. Entre las casi 40 películas en las que participó, se destacan títulos como Esposa último modelo , Amor a primera vista , Novia para dos o Los muchachos de antes no usaban gomina (fue extra en la original y protagonista en la remake ).

Las marquesinas también iluminaron su nombre en clásicos de la comedia, como Boeing Boeing , Mary Mary , Plaza suite o Inolvidable , la obra con la que había decidido volver a sentarse frente al público, pero sin libreto. “Qué mejor guión que un compilado de anécdotas, algunas mías, otras me las contaron, todas pasaron, nadie querrá perdérselas”, seducía él, con conocimiento de causa. “No hay riesgo de que me quede sin material, porque tengo recuerdos imborrables de todos los que trabajaron conmigo… Y con los que no trabajé, al menos me tomé un café”, compartía el hombre que, en unas de sus habitaciones, tenía fotos pegadas de Enrique Santos Discépolo (ver Ese amigo…), Zully Moreno, Mirtha Legrand, Rodolfo Bebán, Aníbal Troilo, de figuras que dan cuenta de su talla.

La de un señor que fue elegido por sus pares para ser presidente de la Asociación Argentina de Actores y cuyo apellido se convirtió en una de las bandas más exitosas del pop (llamada así en homenaje a él). La talla y la estampa de un caballero de los que, entonces, ya no quedan.

por Silvina Lamazares

La nave insignia
Por Luis Brandoni
Me siento muy apenado, la de Osvaldo es una gran pérdida. Nosotros estábamos muy cerca, hablábamos seguido por teléfono. Con él se va un gran personaje del teatro, un hombre extraordinario como compañero de trabajo y amigo. Trabajé con él por primera vez en 1967, yo era muy jovencito y para mí fue un maestro: ¡ la cantidad de cosas que le “robé”! Después, cuando me llamaron para hacer una nueva versión de “Mi cuñado”, al primero que llamé fue a él, que me alentó como nadie. Siempre estaba ahí para criticar, elogiar, acompañar. Era la nave insignia de los actores. Pasamos muchísimas noches divertidas de charlas, escuchando sus interminables y fantásticas anécdotas. Cuando se murió su amigo Tincho Zabala, él fue quien inventó la frase “se fue de gira”. Ahora yo la digo para él.

Leer también >>  Identificaron los restos de Isabel Carlucci de Fina

Ese amigo del alma: Enrique Santos Discépolo
Osvaldo Miranda tuvo muchísimos amigos en su vida. Pero hubo uno muy especial: Enrique Santos Discépolo. Los había unido el amor por el tango (Miranda, además de actor, fue cantor) y más tarde, trabajos juntos en el cine. En los últimos años de Discépolo, uno de los pocos que seguía acompañando al músico y dramaturgo era su gran amigo Osvaldo, el dandy. Más de una vez, Miranda recordó las veladas que pasaba junto a Discepolín y su mujer, Tania, cuando lo invitaban a cenar y se quejaba de los que le habían dado la espalda a Discépolo olvidando lo generoso que había sido él siempre que alguien le pedía ayuda. Miranda fue casi el único que estuvo a su lado, leal, hasta el último día.«

Era un seductor
Por Ricardo Darín
Prácticamente yo debuté como actor a su lado. Me acuerdo que tendría 9 ó 10 años cuando lo conocí. Siempre fue un hombre de una gran generosidad, un enorme comediante con un timming justo para el género. Además de un gran talento para contar historias. Le encantaba relatar anécdotas y lo hacía maravillosamente. Osvaldo tenía una mirada muy positiva sobre la vida y el mundo. Era un caballero en el amplio sentido de la palabra, nunca lo escuché hablar mal de nadie. Por suerte, más tarde también seguí ligado a él profesionalmente, cuando hice “Mi cuñado”. Era un seductor, un coqueto, siempre bien empilchado, elegante y con un humor fino. La verdad es que me da mucha tristeza que ya no esté. El recuerdo suyo depende de los que quedamos. Ojalá le hagamos el honor que se merece.

El papá de la nena
Por Adriana Bruno
Por muchos caminos que haya recorrido, y aunque haya paseado su gentil figura por todos los géneros del espectáculo, para toda una generación Osvaldo Miranda será siempre “el papá de la nena”. En ese padre, la severidad nunca le ganaba la partida a la ternura, ni la impaciencia o las labores cotidianas le restaban el tiempo para escuchar las penas de su hija adolescente y un poquito rebelde. Claro que en esos tiempos la rebeldía era otra cosa. No más que el largo de una pollera, o una salida sin permiso con un novio que daba piquitos. No obstante, el modelo que plantó Miranda en el inconciente colectivo sigue vigente. Y puestas a lidiar con nuestros propios hijos, todas las que fuimos “nenas” sabemos que don Osvaldo sabría qué hacer también con los problemas de hoy.

Leer también >>  La historia jamás pintada sobre el Combate de San Lorenzo

Atlanta, un gran amor en su vida
Fue dirigente Y socio vitalicio del club de Villa Crespo, y siguió su campaña hasta sus últimos días.
Yo nací en Villa Crespo, en Malabia y Loyola. Al principio, mi padre, que tenía un almacén, me llevaba al Parque Chacabuco, donde Atlanta tenía la cancha. Un día mi padre no fue más y yo seguí yendo solo”.

Así contaba Osvaldo Miranda -en una entrevista realizada en 2002, por Edgardo Imas, historiador de Atlanta, para el portal Sentimiento Bohemio- el nacimiento de su pasión por los colores bohemios . No sólo fue hincha, sino también dirigente: llegó a ser vocal e integrante de la Subcomisión de Fútbol en 1951 y 1952. Miranda vivió de cerca los años más ricos en la historia del club: esa cancha de Parque Chacabuco a la que hacía mención fue una de las que tuvo Atlanta antes de afincarse en Villa Crespo, en 1922. Vio -y era capaz de recitar de memoria- formaciones del club que pelearon campeonatos en Primera División, y recordaba especialmente el equipo que en los años ‘40 integraron, entre otros, Lapresa y Agnolín, y el de los ‘60 que tuvo en el mediocampo a Desanzo, Griguol y Betinotti. También destacaba el trabajo de Osvaldo Zubeldía como director técnico, con Adolfo Moguilevsky como preparador físico.

Socio vitalicio, hace diez años acompañó a dirigentes del club a entrevistarse con Aníbal Ibarra, entonces jefe de Gobierno, por un proyecto -finalmente no se realizó- que podía ayudar a la institución. Atlanta le retribuyó su amor con varios homenajes. En 1982, se lo distinguió como “permanente embajador bohemio”; el centro cultural del club lleva su nombre; el actual presidente, Alejandro Korz, fue uno de los oradores en el festejo que se le realizó para su cumpleaños 92, cuando se descubrió una plaqueta -azul y amarilla- con su nombre en la esquina de Corrientes y Esmeralda. Por el estrés que le producían los partidos, en los últimos años Miranda dejó de ir a la cancha con frecuencia. Una de sus últimas apariciones en el estadio fue para el centenario del club, celebrado en 2004. Pero hasta último momento siguió la campaña del equipo: Edgardo Ribeiro, hincha de Atlanta que lo visitó durante su última internación, le contó a Sentimiento Bohemio que le había preguntado cómo iban Estudiantes y Nueva Chicago, en ese momento rivales del bohemio en la lucha por el campeonato de Primera B Metropolitana. Si todo sigue como hasta ahora, pronto Atlanta podrá dedicarle un nuevo título.

 

 

Fuente: 

Diario Clarín 21/4/2011

Informacion Adicional: 

El último dandy
4.3 (86.16%) 594 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú