«El trabajo de Gabo en Prensa Latina fue destruido, bajo sospecha ideológica»

“El trabajo de Gabo, nuestro trabajo, todo el periodismo de los años 59 y 60 fue destruido cuando salimos de Prensa Latina, bajo sospecha ideológica. Quienes pasaron a dirigir la agencia eran del más cerrado stalinismo. Muchos años después, Gabo reunió sus escritos de prensa y no hay entre ellos un solo despacho de la agencia. Fueron destruidos”.

–¿No eran suficientemente comunistas? –¡No éramos nada comunistas! Estábamos estancados ideológicamente, según decían los comunistas… Entre las fotos que adornan la casa de Rogelio García Lupo –esas en las que uno mira todos los días su vida, los amores, los chicos que crecen, los muertos queridos, una trayectoria—hay una en la que está con Gabriel García Márquez. Son ya dos tipos grandes y el colombiano le está dando un premio. Falta –“en esa época no nos sacábamos tantas fotos como ahora”— alguna en la que sean jóvenes, que tengan sus máquinas de escribir al servicio de la agencia de noticias de la Revolución Cubana, que tengan la vida por delante y un mundo mejor ahí nomás, para hacerlo a mano. Porque así fue: este hombre de 82 años que hoy saca cartas de Gabo de una carpetita, fue a finales de los 50 uno de los periodistas convocados para contar la Revolución sin intermediarios, para ser su voz. Prensa Latina era una iniciativa de otros dos argentinos: Jorge Ricardo Masetti –que la dirigiría– y el Che Guevara. Y en el equipo, además de García Márquez y García Lupo, estaba Rodolfo Walsh. García Lupo se vinculó a Prensa Latina en junio de 1959, seis meses después del triunfo de Castro, y llegó a La Habana en agosto. Las calles hervían: con la revolución –que todavía no se había declarado comunista— Cuba se había sacado de encima al dictador Fulgencio Batista y una larga historia de dependencia de los Estados Unidos. “Era fantástica, inolvidable, irrepetible”, dice García Lupo. Con esos ojos había que contarlo todo, para eso estaba la agencia. Gabriel García Márquez fue su corresponsal en Bogotá primero, en Nueva York después. -¿Los miembros de la redacción tenían contacto con los revolucionarios desde antes? –Sí, claro, porque Masetti había estado en Sierra Maestra en el 58 –le había hecho la primera gran entevista a Fidel Castro ahí– y había traído una serie de certezas. Decía: “No son comunistas, quieren hacer una cosa democrática, son nacionalistas, antiimperialistas”. Ideológicamente no éramos más que eso. -¿Y García Márquez? –García Márquez venía de un período de periodismo muy intenso, había hecho un viaje para una revista a los países del Este, no había vuelto muy convencido de que le gustara ese modelo de socialismo. Decía: “¿Sabes una cosa? Lo que no puedo olvidar del mundo socialista es el dentífrico” ¿Dentífrico? “Duro como el cemento”. Nos divertíamos con sus relatos, siempre fue un gran narrador oral. García Lupo estuvo en Cuba hasta 1960, aunque colaboró con Prensa Latina algunos años más. “Me fui porque había una enorme presión para que el grupo de argentinos perdiera poder. Estaban serruchando el piso del Che, lo llamaban trotskista, palabras que en esa época eran estigmas… Y el Che era difícil de serruchar, pero Masetti era más fácil. Y si lo serruchaban a él, caía yo, caía Walsh, caía Heberto Padilla…” -En 1961 la Revolución se declara socialista. ¿Los sorprendió? –No, ya teníamos la explicación geopolítica. La Revolución necesitaba un respaldo consolidado y se pagaba un precio. Los comunistas cubanos ocuparon posiciones. Se presentó como una cosa inevitable, eso era. O eso o nada, era muy frágil la Revolución, el mundo dividido en dos bloques tremendos, no se podía estar bailando en el medio -¿García Márquez está ligado al comunismo cubano? –No, a Fidel Castro. –Cuando Heberto Padilla es encarcelado, en 1971, García Márquez no da su firma a la campaña por su liberación.(Se trata del poeta que en 1968 ganó el Premio Julián del Casal, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que lo publicó con una advertencia por considerarlo “contrario a la revolución”). -Fue un sacrificio por la unidad ideológica de la Revolución dice García Lupo, en su sillón. Dice que pasó tanto tiempo, tanto tiempo, que está tirando de los recuerdos. Pero los años de La Habana están en la casa. De ahí, del estante de las fotos, su mujer, Gabriela, saca otra foto: es ella, jovencísima, de uniforme: “Miliciana alfabetizadora en Cuba”, explica. Y hay cosas que no se olvidan: “Cuando la agencia cumplió 40 o 50 años nos invitaron a una fiesta de conmemoración. Gabo me dijo: ‘No voy a esa fiesta mientras no me den una explicación de por qué destruyeron mis crónicas’. Ese material no está en ningún lado. Fue destruido.” por Patricia Kolesnicov Fuente: 

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Diario Clarín 21/4/2014

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