El templo que atesora una comarca cordobesa

La capilla de San Antonio de Yucat, construida en 1867, está a 30 kilómetros de Villa María, en la provincia de Córdoba.

Sobre la margen norte del Río III -que los indígenas llamaban Ctalamochita-, en la provincia de Córdoba, a 30 kilómetros de Villa María, se levanta la capilla de San Antonio de Yucat. Fue construida en 1867 en la comarca del mismo nombre que -según la crónicas- llegó a tener una población íntegramente rural cercana al millar de habitantes.

Toda la región ctalamochitana estuvo poblada por indios comechingones y aún hoy, a metros de la capilla, son visibles vestigios de las antiguas tolderías.

La historia dice que fue Gaboto, en 1527, quien encargó a don Francisco de César explorar el río desde su desembocadura en el Paraná hasta sus nacientes en las serranías cordobesas.

Fue don Lorenzo Suárez y Figueroa quien obtuvo en merced las tierras de la zona a ambas márgenes del río en 1585 y su yerno, Juan Avila y Zárate, quien en la última década del siglo XVI desarrolló las actividades agrícolaganaderas llegando a instalar un molino harinero. Las muelas del antiguo molino están depositadas -como reliquias- en el atrio de la actual catedral de Villa María.

En el mismo paraje, que antiguamente se denominó «Masangano» -hoy San Antonio-, existió un fuerte que sirvió de protección de los malones indígenas a los pobladores. Los vestigios de la zanja de este fortín aún se puede apreciar en la actualidad a la vera de la capilla.

También se puede observar el bordo dejado por las taperas de lo que fue la antigua estancia.

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Dice la historia que, corría 1867, y estando reducida a escombros la capilla predecesora de Santa Rosa de Masangano, fue Don Guillermo Delgado y Rocha quien construyó la capilla de San Antonio previa autorización eclesiástica del obispado de la ciudad de Córdoba.

El pequeño templo de sólo 20 metros de largo por 7 de ancho y una sola nave que tiene en el centro la imagen de San Antonio de Padua, pertenece al tipo clásico de construcciones del siglo XIX, rematando en dos torres que terminan en una cruz de hierro y cobijan al campanario.

A su alrededor, a poca distancia, existe un cementerio, escuela primaria -Fray Reginaldo Delgado-, almacén y salón de baile e incluso, tiempo atrás, una comisaría.

En esta zona de Yucat, todos los años, el 13 de junio, se realiza la festividad religiosa del santo patrono que, precedido por varios días de «novena», reunía gran cantidad de gente de muchas «leguas» a la redonda, incluso de poblaciones vecinas, dando lugar a «la procesión» por los caminos de la vecindad en manifestación de fe, con la imagen del santo patrono en andas, constituyendo un espectáculo muy colorido y especial.

Desde ya solicito disculpas por la omisiones y/o errores que seguramente contiene esta breve reseña. La intención no fue otra más que informar sobre la existencia de San Antonio de Yucat; valorar lo que significó -y significa- para la región y destacar el trabajo de los fundadores y pioneros, así como de sus continuadores y de quienes al presente trabajan desinteresadamente en el mantenimiento de la capilla y la organización de las festividades patronales.

Quienes nacimos en la comarca, el día del santo y llevamos su nombre, tenemos grabado en la memoria y en la retina, el paisaje, personajes y acontecimientos que forma parte del capital más valioso que un ser humano puede atesorar para el resto de su vida.

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por René A. Bonetto

 

Fuente: 

Diario La Nación 28/8/2010

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