El suelo es frágil, la historia sólida

La polémica por la ubicación del monumento a Cristóbal Colón sigue dando que hablar. Después de la decisión del Gobierno nacional de sacarlo de la plaza que está junto a la Casa Rosada, donde está desde 1921, aparecieron opciones. Uno de los lugares que se barajó fue la Plaza Rubén Darío, en Recoleta. Al parecer, la fragilidad del suelo hizo que no se aceptara para colocar esa obra que, con sus 26 metros de alto, orilla un peso total de 120 toneladas. Claro que de haberse aceptado, la polémica habría sumado otra porque la Plaza Rubén Darío también es un lugar con mucha historia.

Comprendida en el área que limitan las avenidas Figueroa Alcorta, Pueyrredón, Del Libertador y la calle Austria, la plaza tuvo su origen con otro nombre: se llamaba Justo José de Urquiza. Se habilitó en la década de 1920 cuando la antigua Casa de Bombas empezó a resultar insuficiente para las necesidades de la Ciudad. Por supuesto que la Casa de Bombas no era una fábrica de explosivos para proveer al Ejército. Era la primera planta destinada a abastecer de agua potable a Buenos Aires. Todo había empezado unos 40 años antes, después de las grandes y mortales epidemias de cólera y fiebre amarilla. Fue cuando el gobierno le encargó al ingeniero irlandés John Coghlan que desarrollara un sistema de agua, cloaca y desagües pluviales que mejoraran las condiciones higiénicas. En la zona del bajo Recoleta, Coghlan instaló dos caños de hierro fundido que se internaban 600 metros en el río. Aquella primera instalación se convirtió después en la Planta Recoleta, que tomaba agua del río, la filtraba y luego se bombeaba hacia un gran tanque instalado en 1869 en la Plaza Lorea, en la zona de Congreso. Por entonces, Buenos Aires era la primera ciudad de América en contar con instalaciones de agua purificada. En Estados Unidos recién se realizaron en 1872. El edificio central había sido construido en 1870. Ese edificio, que fue remodelado por el famoso arquitecto Alejandro Bustillo, es la actual sede del Museo Nacional de Bellas Artes. La transformación se terminó en 1932. La decisión de desactivar aquella planta de agua se tomó hacia 1928, cuando ya se habían inaugurado las nuevas instalaciones que Obras Sanitarias (creada en 1912) tenía en Palermo. El edificio no fue lo único que se aprovechó. El entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre dejó uno de los piletones que había en la plaza para convertirlo en un estanque público. Esa construcción (mide 70 metros de largo, 20 de ancho y tiene casi un metro de profundidad) es el actual piletón Urquiza, un sitio clave para los fanáticos de la navegación con veleros, barcos y hasta hidroaviones en escala. Allí se suelen realizar competencias. Remodelado, se reinauguró en 2005. La Plaza Rubén Darío es un área importante en la zona de Recoleta. Además de las obras artísticas que la embellecen (se destaca el monumento que José Fioravanti le dedicó al poeta nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento –1867-1916–, que se inauguró en el centenario de su nacimiento), desde 2009 allí también está el Paseo de las Esculturas, con exposiciones temporales. Y también, en la plaza, está una de las cabeceras de un puente peatonal que cruza sobre Figueroa Alcorta. El original había sido construido en 1960 para la Exposición del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, que se hizo en esa zona. Aquel puente fue demolido en la década siguiente cuando apareció el proyecto faraónico de levantar allí el denominado Altar de la Patria, un sitio dedicado a homenajear a los próceres argentinos. La avenida iba a pasar por debajo de la construcción. Aquello nunca se concretó, se hizo una réplica del puente peatonal y el proyecto del Altar de la Patria se archivó para siempre. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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Diario Clarín 31/3/2014

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