El santo de los ladrones

En Ingeniero Budge, Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, hay un santuario en homenaje al Gauchito Gil, mucho más grande y poblado que los  que hay en otros lugares del país. Si hay fotos de este santuario  de Ingeniero Budge, no lo sé. Hace bastante tiempo quise hacer algunas tomas y grabar algunas escenas para un documental y los muchachos que están  en el lugar me dijeron que no, con caras de tan convencidos de lo que hacían que simplemente guardamos los equipos y nos fuimos.

Una vecina nos contó (las vecinas de barrio saben todo de todos) que esos muchachos se hacen llamar los seguidores del “santo de los ladrones”.  Algunos puesteros de la feria de la Salada, a pocas cuadras del santuario, nos contaron que de ahí salen con frecuencia los que también con frecuencia los asaltan y quitan la mercadería. Algunos puesteros aseguraron que “esos muchachos, entre los que hay varias mujeres” están armados con escopetas recortadas y revólveres. Por supuesto ninguno da nombres ni referencias . Algunos de los miembros de la custodia privada de la feria cuentan que tuvieron enfrentamientos y que algunas veces pudieron rescatar parte de lo robado. La policía de la provincia de Buenos Aires dice no saber nada de los robos, aunque si saben del santuario y admiten tener denuncias de los feriantes y vecinos.   ¿Por qué los que se dicen ladrones siguen al Gauchito Gil, como su santo? Antonio Mamerto Gil (según Google) nació en Mercedes, Corrientes, el 8 de enero de 1840. Por esas cosas de los caudillismos políticos de la época (unitarios y  federales), según una versión no autorizada,  la policía comenzó a perseguirlo. Otra versión dice que una mujer de impactante belleza logró el enamoramiento del paisano, quien  naturalmente era muy pobre. Como en cualquier folletín gauchesco de esa época, el comisario también se enamoró de la misma mujer. Algo parecido a lo sucedido a Juan Moreira y a tantos otros como el personaje del Martín Fierro o  el sargento Cruz que ayudó en una pelea contra la policía a Martín Fierro saliendo en su defensa: “Cruz no consiente que se mate así a un valiente”. Finalmente Gil para escaparse de una muerte segura a manos del comisario y sus vigilantes, se enroló en la guerra contra el Paraguay.  A su regreso a Corrientes, Gil y otros dos amigos, posiblemente desertores los tres, comenzaron a robar a estancieros y comerciantes. Una vez satisfechas sus necesidades regalaban lo que les sobraba a personas del gauchaje indigente de la zona.  Mientras tanto, como otro costado del folletín en el que estaba envuelto, Gil empezó a tener fama de sanador y con poderes hipnóticos. Todo esto sucedía a mediados del siglo XIX. Si todavía en el interior correntino la superstición es  muy fuerte no cuesta imaginarse lo que era cuando a Gil y sus amigos los perseguía el Ejército, las milicias de los fortines y la policía. Finalmente, fue detenido por un Coronel de apellido Velázquez, quien hizo colgar por los pies al prisionero en un árbol del monte, tratando de evitar mirar a los ojos al paisano detenido por miedo a ser hipnotizado.  Hasta aquí ya había motivos para que el paisanaje de la región estuviera del lado del gauchito; robaba para los pobres, era perseguido por la policía y una razón muy especial que se conoció por el boca a boca de la comarca hizo del gauchito un santo: el  coronel Velazquez  se acercó con su cuchillo para matar al detenido, cuando este le dijo: “ tu hijo está muy enfermo en tu casa, esta moribundo. Pero invocá mi nombre y se sanará”. Velázquez, seguramente con más miedo por lo estaba escuchando, simplemente degolló al Gauchito Gil. Todo sucedió como había sido dicho, el militar invocó ante su hijo moribundo al gaucho y el chico se recuperó de inmediato.  En concreto, más de 150 años después el gauchito, por fe, paganismo, necesidades de pertenencia y necesidades de que alguien más a mano que los santos de las iglesias, interceda ante Dios, “alguien como uno”, como la Difunta Correa, la Madre María y otros seres en los que  se cree, porque sí. En el caso de los ladrones, como los del oratorio de Ingeniero Budge, o en muchas cárceles, el gauchito es venerado “porque es de los nuestros”, dicen sin temores.Ruben Dri, profesor de Filosofía y de Sociología de la Religión, sostiene que el pueblo más necesitado de acompañamiento espiritual ve en esos seres en los que se cree porque sí, un puente que los acerca más a Dios. Un ejemplo personal Cuando estábamos grabando escenas para el programa documental CULTURALEZA, en el parque Los Andes, a una cuadra del Cementerio de Chacarita, donde hay un oratorio muy grande, se acercó un chico de unos 10 años, dejó  unos cigarrillos como regalo al gauchito y dijo: “Siempre vengo a dar gracias al gauchito porque me dio lo que le pedí, que mi mamá enferma se muriera en paz”. En ese mismo momento, sonó mi celular. Mi hermano me contó que mi sobrino mayor y ahijado estaba siendo operado de urgencia desde hacía más de una hora, por un aneurisma . Como reacción, simplemente dije: “Gauchito, dale una mano al flaco”. Como a los diez minutos, volvió a sonar el celular y esta vez mi hermano me dijo, “el flaco ya salió de la operación, está despierto y lo están llevando  a Terapia”. Supe de otros ejemplos, de gente que obtuvo un trabajo, de enfermos que se curaron. De incrédulos, como yo, que ahora creen. Tanto es así que todos los 8 de enero en Mercedes, Corrientes, se juntan unas ochenta mil personas a homenajear al Gauchito Gil. Periodistas del país y del exterior registran todos años escenas de una fiesta de características paganas que alcanza un colorido y una fuerza increíbles.    por Héctor H.Rodríguez Souza  Fuente: 

Leer también >>  Diez damas que hicieron historia

6/1/2014

El santo de los ladrones
5 (100%) 738 voto[s]

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú