«El peronismo fue un movimiento conservador»

Experto en Argentina, explica que el peronismo «es un tipo de populismo, un simulacro de un movimiento radical. Es decir que fue un movimiento fundamentalmente conservador, que pretendía ser algo revolucionario, y que logró un apoyo popular masivo».

Fueron los siete minutos más largos de la historia, o algo por el estilo le pareció el rato interminable que Antonio Rattín tardó en dejar el campo de juego del estadio de Wembley, luego de ser expulsado, en lo cuartos de final del mundial de fútbol de 1966, luego de ser expulsado y antes de de vengarse con el banderín con los colores británicos. Fue la primera vez que David Rock, que tiene nombre de estrella musical, pero es historiador liberal, de lectura obligatoria en casi todas las universidades del país, supo de la Argentina. Ahora, en California donde enseña un curso introductorio en la universidad local sobre historia de américa latina, se ríe cuando lo recuerda. Dos años después, y en en el ocaso del gobierno de Juan Carlos Onganía, llegaría con apenas 23 años para empaparse de historia argentina, hoy, su especialidad. Este historiador, además de dedicarse a investigar las relaciones bilaterales entre Argentina e Inglaterra, sobre el radicalismo y los grupos nacionalistas, interpretó en varios escritos la historia de uno de los dos partidos donde ejerció como legislador justamente Antonio Rattín. No escribió precisamente sobre el Paufe del ex comisario Luis Abelardo Patti, pero analizó una y otra vez la Argentina peronista. Por eso admite que tanto el radicalismo como el peronismo han sido en la práctica, y más allá del discurso, esencialmente conservadores. «N inguno de los dos, ni los radicales ni los peronistas pudieron cambiar básica o fundamentalmente la estructura económica o social del país», sentencia antes de meterse en la polémica relación que une desde hace siglos a su país, Gran Bretaña, y a la Argentina.

-¿Cómo nació su interés por la historia argentina?
-En Gran Bretaña me invitaron a escribir un pequeño artículo sobre la historia de la comunidad británica en la Argentina, que iba a formar parte de una colección de trabajos sobre comunidades británicas en distintas partes del mundo. La mayoría de los historiadores convocados para ese proyecto se dedicó al viejo imperio británico, a estudiar las comunidades de Sudáfrica, Canadá o la India, pero yo no, me dediqué a la Argentina, que obviamente nunca fue parte del imperio. En Argentina hay un grupo bastante grande de británicos, hace algunas décadas eran cerca de 60 mil. Y desde entonces me interesé y empecé a trabajar en varios temas. El año pasado participé centré una de mis últimas investigaciones en el desarrollo del imperialismo británico en América del Sur, lo que en Gran Bretaña se llama Imperialismo Informal, que quiere decir que la bandera inglesa no flameó. Sin embargo existía una fuerte influencia económica, y hasta cierto punto, poder británico en grandes extensiones de América del Sur, especialmente en Argentina. Bueno, ése fue el principio. Ahora estoy trabajando sobre otro problema que se refiere a la década de 1820 en América del Sur, es decir la época de Bernardino Rivadavia.

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-¿Por qué es tan discutida todavía la relación entre el Reino Unido y la Argentina?
-Bueno, no sé si hay equívocos, hay distintas interpretaciones, hay unas que son muy positivas. Yo conozco mucha gente en Buenos Aires que ve la influencia británica como algo muy positivo, y obviamente que hay otra gente que lo ve al revés, que ve a los británicos como imperialistas, sobre todo por la época de los ferrocarriles británicos.

-Volviendo a uno de los temas que trata en su libro recientemente reeditado «Argentina en el Siglo XX«: ¿los radicales y peronistas son conservadores?
-Los radicales no trataron de cambiar la estructura. Su énfasis estaba centrado en la distribución, más bien, y en problemas de participación política. Nunca trataron de cambiar la estructura básica de la economía. Mi argumento es que el Yrigoyenismo se convirtió en un sistema de burocratización del poder. Por la vía del gasto estatal Yrigoyen trató de construir un movimiento liderado por él en el que la clase media era dominante. Pero al final, él no pudo por las consecuencias de la crisis mundial de 1930. El peronismo es otra cosa. Al principio Perón trató de construir una sociedad industrial y fracasó. Al final del segundo gobierno, en los ’50, él estaba volviendo a poner el énfasis en la exportación de los granos y de la carne.

-¿Y cómo recuerda el tercer peronismo, con el que usted convivió?
-Todo el mundo sabe que fue un desastre total.

Silencio. Tiempo muerto. Rock dice lo que piensa sin titubear y le parece increíble a la distancia la caída abrupta de popularidad del oficialismo en tan sólo dos años. Sin embargo, se muestra renuente a opinar sobre la realidad nacional. En 1972 escribía, con muchos menos reparos y desde la Argentina que «la gran disputa acerca del Peronismo gira en torno de si representa una fuerza política revolucionaria o por el contrario, simplemente puede considerárselo como un movimiento populista de transición pero esencialmente conservador, el cual desaparecerá tras la muerte de su líder».
-La pregunta acerca de la supervivencia del peronismo después de Perón quedó saldada…
En aquel momento escribía casi como un periodista y todos los días cambiaba algo, no podía predecir lo que iba a pasar. La discusión de la época era si el peronismo era un movimiento revolucionario. Yo participé de esas discusiones y recuerdo que algunos izquierdistas decían que el peronismo era un movimiento revolucionario, cosa de la que yo dudaba, porque sabía un poquito sobre el peronismo de 1946. De cualquier manera, es obvio que el peronismo tuvo bastantes conexiones con movimientos de la derecha. Y para mí, interpretarlo como un movimiento izquierdista era falso, también en 1970. Otra cosa que sostenía es que el peronismo es un tipo de populismo, un simulacro de un movimiento radical. Es decir que fue un movimiento fundamentalmente conservador, que pretendía ser algo revolucionario, y que logró un apoyo popular masivo. Pero el populismo es nada más que una tentativa de explicar el fenómeno.

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-¿Y por qué cree que se repiten esos personalismos a lo largo de la historia argentina? Yirigoyenismo, peronismo antes, alfonsinismo, menemismo, kirchnerismo, después…
-Es una pregunta muy difícil. Hay muchos que dicen: «es una cuestión de la cultura latinoamericana o hispánica». Nunca creí en esas explicaciones, pero a veces es muy tentadora esa opción. Históricamente, y hablando más bien estructuralmente, cuando estaba trabajando sobre el Yrigoyenismo, noté, estudiando periódicamente los diarios de esa época, que había un énfasis sobre la personalidad del jefe en momentos en que se estaba tratando de difundir su apoyo, de aumentar su popularidad. Lo único que lo une con Perón es la personalidad de líder. Y eso se pudo ver cuando volvió Perón en 1973. Los sectores más diversos apoyaron a Perón durante un ratito aquel año, pero lo único que pueden decir, el único punto de unión entre ellos era la personalidad del líder, de Perón mismo. Entonces, creo que el personalismo es un mecanismo para crear y diversificar el apoyo popular o sectorial del movimiento político. Además, es una técnica para responder a una crisis.

-¿Por ejemplo?
-En 1919, por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa, es una época de muy fuerte inflación en Buenos Aires, y la única manera, en la que en varios momentos Yrigoyen pudo mantener su posición, fue construyendo un tipo de liderazgo carismático. Decía algo así como: «yo soy el gran líder, yo voy a regenerar el país, yo tengo las capacidades». Como si fuera un extraterrestre. Era exagerado, pero hasta cierto punto tuvo éxito, era una estrategia exitosa hasta cierto punto. Entonces, lo que llama usted el personalismo tiene varias funciones en la manera en que el movimiento político se desarrolla.

-¿Desde qué corrientes de pensamiento se ha estudiado la Argentina desde el exterior?
-El marxismo era más fuerte a principios de 1970, hasta la mitad de la década cuando fue reprimido por los militares en Argentina, y gradualmente perdió su popularidad afuera, en Europa también. Aquí, en los Estados Unidos, nunca tuvo mucho que decir, era muy resistido por los norteamericanos. Pero en América latina y Europa, tuvo su buen momento. Con los militares, vino una época de pobreza ideológica y había muy poco de interés por el país. En los últimos 10 años yo he notado un cambio bastante profundo en la situación. Hoy hay muy buenos historiadores formados en la Argentina.
 

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Argentina en EE.UU¿Cuánto sabe un universitario promedio estadounidense sobre la Argentina? Para David Rock, la pregunta tiene muchas respuestas posibles. Pero, no se haga ilusiones, poco es lo que un estudiante podrá decir sobre el pasado y el presente de estas tierras. «Tengo algunos estudiantes latinos, que tienen alguna noción, pero la mayoría son norteamericanos. Muchos saben poco y nada. Hay que empezar desde el principio, enseñándoles cosas básicas como la Conquista Española y la formación de los países en la época de la independencia, y la influencia sea británica o norteamericana», dice Rock y agrega que los pocos que saben son mexicanos y de orientación nacionalista. «Bush es lo peor que he conocido en mi vida»
David Rock pasa gran parte del año en Estados Unidos. Por eso, apasionado por la historia y la política, no puede evitar ilusionarse con el viraje político que supone la presidencia del primer mandatario negro en la historia del gigante del norte. «Obama es más que un símbolo, la reforma de salud es muy importante para este país», ejemplifica. Los elogios a Obama son directamente proporcionales a las críticas a su antecesor. «Obama es muy popular en todo el mundo. Para mí es fantástico en comparación con el último. George W Bush es lo peor que he conocido en toda mi vida. Yo soy demócrata y Obama habla tan bien, tan claramente, soy muy partidario de Obama», se sincera.  
   Fuente: 

Revista Ñ 14/1/2010

Informacion Adicional: 

Quién es David Rock:
Nació en Inglaterra, el 8 de abril de 1945. Luego adoptó la ciudadanía norteamericana. Está casado y tiene dos hijos. Es profesor del departamento de Historia Latinoamericana de la Universidad de California, Santa Barbara, desde 1982.  La historia argentina es el principal tema de estudio de su carrera. «El radicalismo y las clases urbanas trabajadoras en la Argentina, 1916-1922» fue el tema que eligió para la disertación en el doctorado que obtuvo en 1971 del St. John´s College, Cambr idge. Publicó varios libros que fueron editados en inglés y en español, entre ellos: La Argentina autoritaria. Los nacionalistas: su historia y su influencia en la vida pública (Buenos Aires, Espasa Calpe, 1993); Argentina, 1516-1987. Desde la colonización española hasta Raúl Alfonsín (Madrid y Buenos Aires, Alianza Editorial, 1988); El radicalismo argentino, 1890-1930 (Buenos Aires, Amorrortu, 1976).
 

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