El pensamiento de Verdi en 80 cartas

La Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera y el Instituto Italiano editan, por primera vez en castellano, una selección de la correspondencia del compositor italiano.

Aunque haya pasado ya la fecha de su bicentenario (el 10 de octubre se cumplieron doscientos años de su nacimiento), las celebraciones Verdi continúan. Un ejemplo de ello es la presentación hace unos días, primero en Bilbao y después en Madrid, de la publicación, por primera vez en español, de una selección de cartas escritas por el compositor italiano. El bello volumen ha nacido de la colaboración «a tres bandas» entre la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO), dentro del marco de actividades organizadas en su proyecto «Tutto Verdi», iniciado en 2006; el Instituto Italiano de Cultura, con sede en Madrid, y el trabajo de investigación realizado por el Instituto de Estudios Verdianos de Parma, a cargo de su director, el ya fallecido profesor Pierlugi Petrobelli, y Giuseppe Martini. «Nosotros nos hemos encargado de realizar la traducción, y luego de revisarla, pues compartimos unos criterios muy claros con el Instituto de Estudios Verdianos, que consisten en guardar al pie de la letra lo que escribió Verdi, incluyendo las tachaduras y, en algunos casos, errores de gramática italiana -explica Carmelo di Gennaro, director del Instituto Italiano de Cultura-. No tanto para que se aprecie la falta de educación académica por parte de Verdi, sino especialmente para reflejar la rapidez de su pensamiento, que cuando escribía y le surgía otra idea cambiaba de repente de sujeto. Es una buena forma de conocer más a fondo una de las grandes personalidades de la música», subraya. Vida, obra e idealesEl libro, «Verdi, de puño y letra», reúne una selección de ochenta cartas (el compositor escribió alrededor de 16.000 misivas), que abarcan distintos periodos de su vida, «desde su juventud al final de sus días», y distintos aspectos de su vida, como su relación con su suegro, al que le pide dinero para viajar a Milán cuando todavía no ha cumplido los 24 años; cuestiones cotidianas, con cartas dirigidas a sus amigos, entre ellos el conde Opprandino Arrivabene; a sus editores (pide a Tito Ricordi que recaude con celo los derechos de autor correspondientes a la ópera «Don Carlo») y sus libretistas (Salvatore Cammarano y Franceso Maria Piave), a quien le da instrucciones, en 1856, sobre el montaje de «Simon Boccanegra». Aunque no aparecen cartas a su segunda esposa, Giuseppina Strepponi, soprano con la que convivió durante diecisiete años antes de contraer matrimonio -en secreto- en 1859, sí queda reflejada su situación afectiva, que pasó por la criba de la moral del momento. Así le reprocha a su suegro, Antonio Barezzi, sus críticas a su situación de convivencia con una mujer que tiene dos hijos. «Verdi le escribió una carta estupenda diciendo que en su casa vivía una señora libre e independiente. Yo no le debo nada a ella, y ella no me debe nada a mí. Y hemos decidido compartir nuestra vida. El compositor demostraba así que su pensamiento estaba muy adelantado a su tiempo, también en lo social», indica Di Gennaro. «El pensamiento de Verdi estaba muy adelantado, tambien en lo social»El volumen dedica un capítulo también al posicionamiento político del compositor durante el Risorgimiento italiano. «Su relación fue mucho más tibia de lo que subyace en alguna carta dirigida a Piave -matiza-. Siempre estuvo presente el pesimismo verdiano en lo referente a su empeño político. Es cierto que fue senador del Reino de Italia en 1861 (renunció en 1865), pero aceptó más por respeto al conde Cavour, que se lo pidió, que por íntima convicción». Viaje a EspañaAparecen además los viajes realizados por el compositor, entre los que se incluye el que realizó a España -país que inspiró buena parte de sus óperas- para acudir al estreno de «La forza del destino» en 1863. «Un viaje en el que aprovechó para visitar la Alhambra de Granada, pues sentía mucha curiosidad por conocerla» (presencia que quedó reflejada en el libro de visitas). Cartas que, sin embargo, «no transmiten en toda su extensión» la relación del compositor con nuestro país, subraya Di Gennaro, «que era mucho más compleja: con el teatro español, con Antonio García Gutiérrez (autor de la obra homónima que inspiró “El trovador”) y Ángel Saavedra (el duque de Rivas, autor de “Don Álvaro”, que inspiró “La forza del destino”). Las que se incluyen aquí están escritas desde Madrid». En una de ellas, dirigida a su editor, Tito Ricordi, Verdi, con gran disgusto, le informa que está «trabajando en la corrección de la partitura, ¡cosa que me aburre muchísimo!». Y le afea el trabajo realizado por su copista. Las cartas están fechadas entre 1832, cuando presentó una solicitud para entrar en el Conservatorio de Milán, y el 18 de enero 1901, nueve días antes de su muerte. En esta última, Verdi, que contaba 87 años, escribe a Barberina Strepponi, hermana de su esposa: Querida Barberina, ¡Yo también llevo casi quince días en casa porque tengo miedo del frío! Hoy sin embargo hace buen día, pero estoy ferozmente pegado a mi silla y no me muevo. Haces bien en estar resguardada. Esperemos que los días hermosos, como éste de hoy, sigan y así estaremos liberados también del frío. Escribo poco porque escribir me fatiga, pero tú, que tienes la mano firme, escríbeme. Sé que María te da noticias mías. Giuseppina bien y te saluda. Yo de corazón te aprieto la mano. Afectuosísimo G. Verdi Edición de todo su epistolario La evolución estética de Verdi se aprecia de manera notable en su rúbrica, como se puede ver en los tres ejemplos situados arriba, datados cuando el compositor tenía 70, 22 y 19 años, respectivamente. «Es un elemento gráfico y estético. Donde no se ha obtenido permiso para reproducir la carta, por parte de sus dueños, se ha puesto la firma mostrando su evolución durante toda su vida», matiza Di Gennaro.El director del Instituto Italiano de Cultura se refiere también al laborioso trabajo que está desarrollando el Instituto Nacional de Estudios Verdianos, que custodia gran parte de la correspondencia de Verdi, para localizar todas sus cartas, «algunas de ellas dispersas en manos de coleccionistas privados». La intención es publicar el epistolario completo. «Cada año el instituto intenta editar un volumen. La primera labor es la búsqueda y después la publicación tras restaurar algunas de ellas que se encuentran en muy mal estado», puntualiza Di Gennaro. por Susana Gaviña Fuente: 

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Diario ABC 11/11/2013

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