El Palacio Ortiz Basualdo ya empezó una gran restauración

Fue diseñado en 1912 y es la sede de la Embajada de Francia desde 1939. Un equipo de arquitectos argentinos y franceses dirige la recuperación de la fachada, ornamentos y de los bellos salones.

Perla casi centenaria de la arquitectura porteña y a la vez pedacito de Francia en Argentina, el Palacio Ortiz Basualdo entró por primera vez en un proceso íntegro de renovación y restauración. De la fachada al mobiliario, el objetivo es devolverle a la sede de la Embajada de Francia, en Cerrito 1399, Retiro, su esplendor original y concentrar allí recepciones y otros eventos. Financiado por el Estado francés con 3,7 millones de euros y en obra desde febrero, expertos de ambos países trabajan en un proyecto que se prevé terminado en marzo de 2014. “Se interviene en tres fases simultáneas: recuperación de fachada, restauración de los salones y refuncionalización del inmueble. Es una obra compleja y minuciosa”, explica Eduardo Carena, uno de los tres arquitectos a cargo, junto a una argentina y otra francesa. Exponente del Beaux-Arts, el edificio es una adaptación de un hôtel particulier (mansión privada) con cuatro plantas. Diseñado en 1912 por el arquitecto galo Paul Pater –también del Tigre Club, ahora Museo de Arte de Tigre–, fue terminado en 1918 para Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola, pareja de la alta sociedad. Y adquirido por Francia en 1939, cuando instaló allí su embajada. Y el tiempo lo fue degradando. “La fachada está en muy mal estado. Un 80% del ornamento se perdió por defectos del material original y falta de mantenimiento, y otra parte se retiró para evitar riesgos”, dice Carena. Como el fin es reponer su fisonomía, la primera fase exigió una investigación histórica y otras veces quitar capas y ver qué había. Por ejemplo, para las ménsulas desaparecidas en balcones del segundo piso. En la fachada sur, junto a la 9 de Julio, andamios que suben marcan el área donde arrancó la obra, una superficie exterior que cubre 3.500 metros cuadrados. El plan, además, pondrá énfasis en la conservación, con tratamientos nuevos y específicos, lo que no se hizo en la última renovación parcial, entre 1996 y 1998. Necesario porque, apunta Carena, sobre todo “en el interior hay mucho material orgánico sensible a cambios de temperatura y humedad”, como boiserie, paredes enteladas, terminaciones en dorado y su colección pictórica. En particular, en los 800 metros cuadrados que, en planta baja y el primer piso, ocupan los salones de recepción. Exquisitos, cada uno se destaca por su estilo diferente. Como la Sala de Baile, Luis XV, donde bajo un cielo raso con figuras mitológicas y arañas de caireles, entre lijas y escaleras, obreros y restauradores examinan detalles en hierro forjado de una puerta. Elaborados en Francia un siglo atrás, igual que la fórmula de la mezcla para dorar que ahora vuelven a preparar. Se busca recuperar su idiosincrasia, con colores, formas y materiales originales, por eso una decoradora francesa especialista en edificios de valor patrimonial también está a cargo de cambiar telas y muebles por otros de época. Varios llegarán de la reserva del mobiliario nacional desde Francia. Quedarán los que datan de la construcción, como una mesa ovalada con 24 sillas y consolas inspiradas en el barroco inglés, situadas en el Comedor, el que imita al del Palacio Real de Oslo. Grandiosidad que en 1925 impactó al Príncipe de Gales, cuando utilizó el edificio como residencia oficial. Boomerang al siglo XXI en el aspecto funcional, se sumará una cocina profesional y modernizarán sanitarios, ascensores y la seguridad, entre otros, para adaptarlos a eventos de la Embajada. El Ministerio de Asuntos Extranjeros dedicó el presupuesto porque “Francia cuida mucho su patrimonio cultural en todas partes del mundo y junto a su sede en Brasilia son las dos joyas de la región ”, dice Laurent Daoudal, responsable de Proyectos Inmobiliarios en América del Sur. “Y es importante –agrega– para fortalecer los vínculos entre los dos países”. Lazos que comunica la historia del edificio, símbolo del peso arquitectónico e intelectual francés en el Río de la Plata, sobre todo desde el siglo XIX. Hoy, uno de los últimos palacetes en pie de la serie que caracterizaba a Retiro antes de ampliarse la 9 de Julio. La que amenazó su demolición en los 70, pero fue evitada por ciudadanos porteños y el gobierno francés. Mientras, aún en obra, la Embajada sigue funcionando como siempre. por Diana Warszawski   Fuente: 

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Diario Clarín 13/4/2013

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