El palacio donde Evita murió

Fue hace 60 años. El dormitorio estaba en el primer piso de la residencia. A un lado había otra habitación que daba al frente, destinada a vestidor. Y hacia el costado, una pequeña terraza desde donde se veía el parque que ocupaba más de 20.000 metros cuadrados con mucho verde. Al edificio se lo conocía como Palacio Unzué y era la vivienda destinada a los presidentes de la Argentina. En esa habitación del primer piso, el 26 de julio de 1952, se terminó la vida física de Eva Perón, pero comenzó otra: la de la leyenda de “esa mujer” a quien, seis décadas después, millones de argentinos siguen teniendo como bandera de una convicción política.

  La residencia fue demolida en 1956 con un solo objetivo: impedir que el edificio y sus jardines, que abarcaban un terreno de casi tres manzanas, se convirtiera en un memorial de procesión y veneración para aquella figura y su marido, Juan Perón, derrocado un año antes. El palacio estaba entre la avenida Alvear (hoy Del Libertador), Agüero, Las Heras y Austria, el lugar que actualmente ocupa la Biblioteca Nacional. El edificio mostraba la impronta que, a finales del siglo XIX, le imponían las familias tradicionales porteñas a sus residencias: estilo académico francés con líneas de influencia italiana. Tenía algunos techos de pizarra y una gran galería con columnas en la planta baja, a la que se llegaba por una corta escalera de mármol. Instalada sobre una barranca natural, la gran mansión lucía impactante. Había sido construida en 1887 por pedido de Mariano Unzué y su esposa Mercedes Baudrix para usarla como residencia de la familia. Dicen que la crisis de los años 30 afectó a aquella gente y, mediante la ley 12.352 de 1937, el palacio fue expropiado por el Estado para saldar deudas. La intención era destinarlo a vivienda de los presidentes quienes hasta entonces residían en un edificio en Suipacha 1034. Cuentan que Ramón S. Castillo, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell usaron el Palacio Unzué en los fines de semana. Después de las elecciones de febrero de 1946, allí se instalaron Perón y Evita. Y se recuerda que muchos muebles valiosos y elementos de decoración que estaban en la residencia de Suipacha fueron llevados hacia el palacio. En octubre de 1955, tras el abrupto final impuesto al gobierno peronista el mes anterior, el nuevo gobierno militar de facto organizó visitas a la residencia para exhibir el vestuario y otras pertenencias de Eva Perón, como una forma de intentar afectar su imagen popular. Al año siguiente llegaría la demolición. No obstante, algunos elementos valiosos se salvaron. Por ejemplo, el frente de la chimenea que estaba en el despacho presidencial se mantiene en el actual despacho en la Residencia de Olivos. Y un piano Steinway & Sons, comprado por el Estado en Nueva York en 1910, se conserva en el Museo del Bicentenario, en la Casa Rosada. También en la actualidad en el terreno sobreviven muchos de los árboles que tuvo el jardín de aquella residencia y que ahora son parte de la plaza Eva Perón. Hay plátanos, magnolias, pinos, algunos cedros, tipas y palmeras. En el lugar también está el monumento que la recuerda, obra del artista Ricardo Gianetti. Es un gran pedestal de piedra y granito en el que se sostiene la escultura de bronce que muestra a la figura de Evita avanzando. Aunque no estaba terminado, se inauguró en diciembre de 1999 y unos años después se hizo la inauguración definitiva. Pero ya antes de que se levantara esa obra escultórica, en 1952 se había aprobado la construcción de otro monumento que evocara Eva Perón. Iba a ser una obra de gran magnitud y también se había proyectado en esa zona de Recoleta. Nunca se realizó. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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 Diario Clarín 30/7/2012

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