El nieto del escritor revela la historia que terminó en tragedia

John Hemingway, el nieto del autor de Por quien doblan las campanas, acaba de publicar en España su flamante biografía: Los Hemingway. Una familia muy singular. Allí se ocupa de la convulsa relación de su padre Greg con su abuelo, que desembocó en un final trágico. Gregory ha quedado marcado como la “oveja negra” de la familia Hemingway.

         Fue el segundo hijo que Ernest tuvo con Pauline Pfeiffer, la segunda mujer del escritor que se casó en cuatro oportunidades. Murió en 2001 en Miami, tras sufrir un infarto mientras cumplía condena por exhibicionismo en una cárcel de mujeres. ¿Por qué estaba encarcelado allí? Porque había decidido someterse a una operación de cambio de sexo a mediados de los 90 y desde entonces se hacía llamar “Gloria”, según informa el periódico El Mundo. Aquella muerte tan sórdida, de la que los medios informaron telegráficamente, encubría una dramática y convulsa historia personal: la identidad de Greg/Gloria nunca se consolidó y esa quizá fue la consecuencia más grave de la turbulenta relación que mantuvo toda su vida con su padre. John Hemingway, nacido en 1960, sólo once meses antes de que su abuelo se suicidara, sentía que debía bucear en aquel magma convulso de insultos, reproches y separaciones abruptas. Allí, en apariencia, estaban las respuestas que buscaba, necesarias para saber por qué su padre acabó como acabó. “Pero también necesitaba saber quién soy yo”, asegura en su libro.“(Ernesty y Gregory) eran demasiado parecidos. Los dos tenían un carácter fuerte, los dos abusaban del alcohol y los dos eran bipolares. Un cóctel explosivo que no tardaba en estallar cuando se reunían. Pero esos paralelismos llegaban hasta límites más íntimos y menos conocidos”, desliza también Hemingway junior. John apunta en su investigación familiar que Ernest, paradigma del varón aventurero y valeroso, cultivaba en el terreno doméstico una vertiente femenina por la que sentía una profunda curiosidad: “En una carta que escribió a su cuarta mujer, Mary Welsh, cuenta cómo durante la actividad sexual ambos intercambiaban los roles femeninos y masculinos.” “Mi abuelo no era homosexual. Yo no afirmo eso. Sólo digo que sentía la necesidad de explorar su lado femenino, como todo hombre con cierta curiosidad. Ese intercambio de papeles lo había observado en algunas tribus africanas y también en las corridas de toros, entre el toro y el torero”, aclara John. Fuente: 

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 Diario Tiempo Argentino 20/6/2012

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