El Museo Histórico Nacional, con más tecnología para aprender y divertirse

Entretenimientos digitales sobre las costumbres de la época colonial o la posibilidad de dialogar en vivo con un retrato del General José de San Martín son algunas de las actividades que mantienen a toda la familia entretenida.

Las dos familias habían apenas entrado al Museo Histórico Nacional (MHN), en el porteño Parque Lezama, cuando decidieron ir hacia su izquierda y se encontraron con un cuadro ovalado, con un retrato en blanco y negro del General José de San Martín. «Hola, ¿me quieren preguntar algo?», dijo de repente el prócer. Los cuatro o cinco chicos miraron azorados a sus madres, sin comprender cómo el cuadro era capaz de hablar. Uno de los niños se animó y le preguntó: «San Martín, ¿sabés que hay una Marcha de San Lorenzo?» Alcanzó con ese pie para que ambas familias se pusieran a cantarla y el prócer acompañara con sus manos, cual director de orquesta. La anécdota la cuenta Enrique Porcellana, actor, director teatral y la voz de San Martín en el museo. «Fue un golazo y no estaba previsto», festeja. Con la vedette de la muestra como prólogo del recorrido, los chicos –fueron 1300, sumados a sus padres o acompañantes, los que caminaron por el MHN en las últimas vacaciones de invierno– arrancan entusiasmados. Se la conoce como «render en tiempo real». Fue creada por el especialista Roberto de Biase y es pionera en Sudamérica. Pero no es la única posibilidad de aprender jugando dentro del museo: la frutilla está en el subsuelo, en la nueva sala interactiva y digital, que ayuda a tentar a los más chicos durante el resto de la visita. Antes, hay otras paradas que pueden interesar. Muy cerca del general parlante está el auditorio, con capacidad para 200 personas. La sala se llena con «Divertitango», un espectáculo para que los chicos aprendan qué es la milonga, de qué se trata el lunfardo o quiénes fueron Gardel y Goyeneche. La multitud infantil participa sin moverse del asiento y los más grandes celebran la temática del show. «Es para toda la familia», reconoce Eduardo Saturansky, que lleva por primera vez al museo a sus nietos, Hilel, de 6 años, y Ariel, de 8. A partir de allí comienza la recorrida tradicional del museo, donde pueden verse reliquias, como la habitación donde San Martín dormía en Boulogne Sur Mer, Francia, hasta la histórica Bandera de Macha, pegada a unos pequeñísimos caballos de madera, donde los más chicos pueden hamacarse mientras miran el canal Paka Paka en un plasma. Todo eso está en «San Martín, de puño y letra», la única sala permanente del museo. «Son cosas interesantes para los chicos. En las vacaciones habíamos ido a la Catedral, que le encantó, y ahora venimos por segunda vez al Museo Histórico, porque Joaquín se entusiasmó con Belgrano», cuenta María Eugenia, la mamá del niño de 7 años que le preguntó al cuadro de San Martín: «¿Cuántos años tenías cuando te moriste?», a lo cual el General respondió: «¡No me asustes! Estoy bien vivo», y le recordó que estaba detenido en ese retrato, es decir, en el año 1948. El recorrido continúa con la sala «Tesoros de la Independencia», donde se exponen objetos históricos como el tintero usado para firmar aquel acta; retratos del general José Gervasio de Artigas o de Eva Perón; o el sable del general Manuel Belgrano. Gonzalo está lloriqueando y le pregunta a su mamá «cuándo nos vamos», mientras ella le explica a Tiempo Argentino que el nene «estuvo una hora caminando por todas las salas y ya está agotado». Para calmarlo, la mujer tiene un as en la manga: «Bueno, acompañame a un lugar y nos vamos», le sugiere. Gonzalo baja al subsuelo con resignación, hasta que descubre las diez pantallas interactivas, que ofrecen una variedad de juegos para entender por esa vía una parte de la historia. «Ahora me va a costar sacarlo», se contenta su madre, logrado el cometido. Lo primero que se ve en la sala digital es una inscripción en la pared con palabras de Mariano Moreno: «Prefiero una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila.» Detrás, una habitación invadida por una pantalla gigante, que cuenta, a través de mapas y dibujos animados, la historia del prócer que elija el público presente. «¡No, le diste a un patriota!», advierte el juego donde está Mateo, de 11 años. Se trata de un entretenimiento digital en el que el jugador tiene un minuto para llenar de tomatazos a los realistas, guiando el mouse. Son nueve las opciones de juegos que hay en los plasmas, algunos más educativos que otros. «Este es para aprender. Está bueno y te va a servir porque es lo que estuviste viendo en el colegio», le dice a Mateo su mamá, que es la más entusiasmada con el material didáctico y se entretiene adivinando quién es el prócer de la imagen o respondiendo preguntas de la historia. Los guías ayudan a entender de qué se trata cada propuesta y asesoran también sobre las instrucciones. «Anacrónicos es el juego donde hay que descartar los elementos que no corresponden a la época», explica uno de los guías de la sala interactiva, y revela que los cuadros coloniales usados para este entretenimiento son los mismos que pueden verse adornando la planta baja del museo, aunque en el subsuelo están modificados para que chicos y grandes marquen allí los errores. La senda peatonal, un faro, una sombrilla, autos con patente o un hombre con casco de motociclista son algunos de los anacronismos que hay que borrar para que esos cuadros queden como están exhibidos en el piso de arriba. También hay un memotest de patriotas, varios rompecabezas, un juego de obstáculos y «penales patrióticos» para hacerles goles a los realistas de manera virtual. Pero la propuesta que requiere mayor análisis, y quizás la más ingeniosa, es la que invita a «Vestir el personaje», entre cuatro opciones de dibujos animados. Si alguien quiere ocuparse, por ejemplo, del atuendo de Inés, que es la única mujer entre las cuatro alternativas, no puede distraerse eligiéndole una pollera, porque el juego le advertirá al participante que «por lo gastada que está (la prenda), parece ser de una esclava», e invitará a cambiar de idea. En cambio, el jugador sí se anota un poroto al colocar un abanico en la mano de Inés, ya que se trata de «un elemento muy común entre las mujeres de buena familia».   Parque Lezama 1897 En ese año se instaló el Museo Histórico Nacional en su actual sede (Defensa 1600). Abre de miércoles a domingo, de 11 a 18. La «voz» de San Martín Los chicos me preguntan si tenía miedo durante la guerra, hablan de mi caballo blanco y quieren saber cuál era mi comida preferida o a qué jugaba cuando era chico.» El actor y director Enrique Porcellana, docente de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático, a veces siente que es San Martín. Pero eso ocurre sólo cuando debe personificar su voz y sus sensaciones, detrás del retrato del museo, donde los visitantes le hacen preguntas como si estuviera vivo y fuera 1848.»Cuando me preguntan sobre temas de actualidad o quieren conocer mi ideología, hablo de Rosas o de cosas que ocurrían en esa época», detalla este actor, entusiasmado con la historia, quien igual reconoce que debe seguir leyendo para poder responder todas las preguntas que le formulan los visitantes. «Como premisa de la dirección del museo, todo lo que digo debe estar documentado, por ejemplo, a partir de las cartas que dejó escritas San Martín», revela.Los grandes le hacen otro tipo de preguntas: qué habló con Bolívar en Guayaquil, cuán duro fue el cruce de los Andes, por qué se decidió por el exilio. Y son los adultos quienes, sabiendo que se trata de un truco, disfrutan de quedarse un rato largo jugando a dialogar con el prócer. «La voz» de San Martín cuenta que a él le gusta jugar con los chicos a través del retrato y confiesa que puede verlos a través de una cámara, colocada arriba del cuadro, lo cual lo ayuda a generar un diálogo con ellos como si de verdad los tuviera cara a cara. Pero Porcellana no está solo allá atrás. Lo acompaña una pieza clave: Axel Fernández Roel, un joven operador técnico que se define como «el titiritero». Su tarea es la de dar movimiento a la figura del cuadro, a sus manos y gestos, y así expresar, en simultáneo, lo que la voz describe. «El secreto está en permanecer atento. La gente queda anonadada. Hay algunos que hasta lloran o se quedan mudos», cuenta. La imagen de San Martín cuenta con una serie de movimientos programados, además de 15 gestos faciales, que aportan el costado emocional del relato. «Nuestra idea es llevar el museo a todo el país» «San Martín es el prócer patrono de este museo», advierte Araceli Bellotta, directora del MHN desde mayo de 2013 y flamante directora nacional de Patrimonio y Museos. «Este lugar estaba casi sin actividad hace un año. Ni los vecinos sabían que estaba abierto», asegura la historiadora. Observa que «ahora los chicos llegan a los museos con una preparación distinta a la de otras épocas» y explica: «Antes lo tomaban como un programa aburrido y ahora llegan hasta disfrazados de San Martín en lugar de Superman. Creo que Paka Paka tuvo que ver con eso».   Bellotta cuenta que entre el 16 y el 23 de agosto el retrato parlante de San Martín viajó a la provincia de Neuquén. «No todos pueden acercarse al museo, que es nacional, no porteño. Y la idea es acercarlo a ciudades de todo el país»Sobre la nueva sala interactiva, apuesta a que «el contenido acompañe los temas del calendario escolar», y espera llegar a noviembre con actividades en torno a la Vuelta de Obligado. por Florencia Halfon-Laksman  Fuente: 

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Diario Tiempo Argentino 28/8/2014

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