El museo de la lepra documenta la historia de la horrible enfermedad

El pequeño hospital de St. Jorgens, en Bergen, una de las instituciones hospitalarias más antiguas de Escandinavia, alberga un impresionante museo de la lepra que documenta los estragos físicos y sociales de aquella enfermedad.

Museo de la lepra

Aunque hoy parezca casi mentira por tratarse de Noruega, uno de los países más ricos del mundo gracias sobre todo al petróleo y a sus exportaciones pesqueras, la lepra siguió muy viva en ese país escandinavo hasta comienzos del siglo XX, a diferencia de lo ocurrido en otros países europeos.

A partir de 1850, las autoridades gastaron sumas enormes de dinero en sus esfuerzos por acabar con este mal, que haría de esta ciudad, con sus tres leproserías, el centro de la investigación de la lepra durante varias décadas. Ninguna otra enfermedad ha tenido las mismas consecuencias a largo plazo como la lepra para el enfermo al estar asociado ese terrible mal con un secular estigma.

Así lo atestiguan los archivos de Bergen, singular fuente de documentación sobre la historia social, médica e institucional de esta enfermedad y que forman parte del programa “Memoria del Mundo”, de la UNESCO.

Se cree que la lepra la importaron a Europa los hombres que acompañaron a Alejandro Magno en sus conquistas más de 300 años antes de nuestra era, y al extenderse a lo largo de los siglos por Europa y luego por África y América se convirtió en un gravísimo problema sanitario. Durante la Edad Media a los leprosos los trataban como si fuesen muertos en vida, es decir que estaban muertos a efectos civiles.

A Noruega esta infección crónica llegó, según se cree, en el año 1.000 después de Cristo procedente de Irlanda, y durante el siglo XIX la mayoría de sus víctimas fueron pescadores y campesinos pobres.

Dos médicos noruegos, Carl Wilhelm Boeck y Daniel Cornelius Danielssen, sentaron las bases para su investigación a nivel internacional como una enfermedad específica y no como una condición general consecuencia de la miseria, el hambre y la falta de higiene.

Se creó entonces en Noruega, con ayuda de médicos, sacerdotes y otras personas, un registro oficial de leprosos, seguramente el primer registro nacional de pacientes del mundo, que sirvió de modelo para los de otros países.

Pero el avance definitivo lo logró el también médico Gerhard Henrik Armauer Hansen (1841-1912), quien en 1874 publicó un trabajo científico para la Asociación Médica Noruega que trataba de su descubrimiento del bacilo de la lepra, trabajo que descartaba la anterior creencia de que podía ser un mal hereditario.

Gracias a su influencia, Hansen consiguió que en Noruega se introdujese en 1885 una muy estricta legislación sobre la lepra que abría las puertas incluso al encarcelamiento de los enfermos, lo cual le enemistó con muchos de sus colegas, que lo consideraron excesivo.

Muchos criticaron también algunos de sus experimentos más crueles como cuando inyectó, con una aguja infectada, en el ojo de una paciente del hospital material que había tomado de otro leproso aquejado por la forma más virulenta de la enfermedad: la conocida como lepra lepromatosa.

El pequeño hospital de Bergen, con su viejísima iglesia de madera, es hoy un monumento a los esfuerzos de los médicos y a la paciencia de los afectados por una enfermedad erradicada hoy en Occidente, pero que sigue siendo endémica en algunos países en desarrollo.

Por cierto, que la iglesia anexa al hospital acoge actualmente una exposición sobre un provocador concurso que, con el nombre de “Miss Minas Personales”, quiere llamar la atención del mundo acerca de ese problema causado, sin embargo, por el hombre.

Una edición de ese concurso que debía celebrarse en 2009 en Camboya fue suspendido por el Gobierno del país asiático, pero el hombre que concibió el proyecto, el director de teatro noruego Morten Travik, fotografió a las concursantes, todas ellas con algún miembro amputado, una prótesis en algunos casos y siempre una tiara.

Las fotos a gran tamaño de esas mujeres, pese a todo sonrientes, han sido colocadas en distintos lugares de la iglesia, entre crucifijos y retablos.
 

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Fuente: 

Diario La Vanguardia 1/6/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Gerhard Henrik Armauer Hansen:

Nació el 29 de julio de 1841. Su madre fue Elizabeth Concordia Schram que era miembro de una familia de carpinteros que se establecieron en Bergen. Su padre, Claus Hansen, fue un comerciante que tras la crisis de 1848-1851 quebró y se arruinó; desde entonces trabajó de cajero en un banco.

Hansen estudió medicina en la Universidad de Christiania (ahora Oslo) a la vez que realizaba varios trabajos para pagarse sus estudios. Obtuvo la graduación en 1866 y por entonces ya había demostrado talento para la investigación. Hizo sus prácticas en el Hospital Nacional en Christiania (Rikshospitalet) y después ejerció como médico asistente del Hospital Nacional de Oslo durante una año. A continuación desempeñó el cargo de oficial médico de una compañía de pesca.

Harto de la rutina Hansen regresó a su pueblo natal de Bergen en 1869, que se consideraba centro para la investigación de la lepra. En ese momento la enfermedad constituía todavía un problema social en Noruega, con unos 3.000 afectados. Pronto fue nombrado auxiliar del Lungegaarden Hospital, bajo la dirección de Daniel Cornelius Danielssen quien, con Carl Wilhelm Boeck, en 1847, había publicado el trabajo Om Spedalskhed (Sobre la lepra). Sus esfuerzos organizando el programa de asistencia de leprosos habían contribuido a establecer Bergen como el centro europeo por excelencia para la investigación de la enfermedad. Danielssen era considerado como una autoridad en los aspectos clínicos y patológicos de la lepra pero, como otros investigadores del tiempo, la consideró como hereditaria, una creencia que aún sostuvo después del descubrimiento que hizo Hansen.

Danielssen y Hansen viajaron a los sitios más remotos para atender a los leprosos y para recoger material para sus estudios. La enfermedad no era rara en la parte occidental de Noruega en el siglo XIX. Basándose en los estudios epidemiológicos Hansen concluyó que la lepra era una enfermedad específica que debía tener una causa específica y no hereditaria. Estaba convencido de que una bacteria llevaba la enfermedad de persona a persona; se trataba de una especulación atrevida en un momento en el que el concepto de contagio todavía no estaba claro y nadie había podido demostrar que una bacteria podía ser la causa de una enfermedad. Estas afirmaciones supusieron para Hansen problemas profesionales con su superior aunque no personales.

El número de nuevos casos de lepra fue disminuyendo gracias a la eficacia de las medidas que se tomaron contra el contagio. Las relaciones de Hansen con Danielssen mejoraron. Comenzó sus trabajos de investigación que abarcaban tanto los aspectos más experimentales como los epidemiológicos tanto de la lepra en sus formas visceral, neurológica y cutanea. En su primer trabajo, de 1869, publicado en noruego en 1871, Hansen describió la apariencia y alteraciones del tejido linfoide de los leprosos. Aquí Hansen aplica el término “infectionsstoff ” (la “substancia infecciosa”). De todas formas no está claro del todo su significado. Por otro lado, la pobreza del equipamiento de su laboratorio no le permitía trabajar con comodidad y obtener buenas preparaciones.

En 1870 Hansen viajó a Bonn y después a Viena para formarse en histopatología. De vuelta a Noruega estudió con viejas técnicas de tinción y con el microscopio las muestras procedentes de biopsias de pacientes con la lepra. En 1871 se lanzó a buscar el agente causal. Decidió buscar bacterias en la sangre de enfermos de lepra. Al no hallarlos, los buscó en los nódulos superficiales. Vio en estos unos cuerpos dentro de las células que se parecían a bacterias; no estaban presentes en todas, pero sí en la mayoría. Al principio era incapaz de ver estos cuerpos en pacientes con lepra tuberculosa, pero después de estudios prolongados también los halló. Por otra parte, no observaba ninguna diferencia entre estos cuerpos y las verdaderas bacterias.

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En 1873 describió estos cuerpos –conocidos también con el nombre de bacilo de Hansen- en un trabajo extenso de ochenta y ocho páginas. La mayoría de sus colegas se rieron. Según ellos ya habían visto esas estructuras, pero señalaron que no eran las causantes de la enfermedad. El texto se publicó también en versión reducida, en inglés. No obtante, parece que los términos que empleó no eran tajantes o podrían considerarse como muy “correctos”. Este excesivo cuidado parece que contribuyó al desarrollo del conflicto de prioridad que estallaría pronto entre él y el alemán Neisser.
Ese mismo año (el 7 de enero) Hansen se casó con la hija de Daielssen, Stéphanie Marie. Unos meses después enfermó de tuberculosis pulmonar y murió el 25 de octubre de ese mismo año, igual que lo hicieran con anterioridad sus tres hermanas afectadas también de tuberculosis.

En 1875 fue nombrado jefe del servicio de leprología. En agosto de ese año contrajo matrimonio con Johanne Margrethe Tidemand, con la que tuvo dos niños. El hijo llegó a ser médico especialista en tuberculosis. Hacia 1879 Hansen ya era capaz, mediante el uso de técnicas mejoradas, de mostrar los bacilos en gran número en las células. Creía firmemente que eran el agente etiológico de la lepra.

A comienzos de ese mismo año Hansen fue visitado por el bacteriólogo alemán Alberto Neisser, que contaba entonces con 24 años, y que había viajado a Noruega para estudiar la lepra. Neisser pudo examinar más de 100 pacientes en Trondheim, Molde y Bergen. De manos de Hansen recibió preparaciones histológicas de nódulos en los que no podían verse de forma clara los “cuerpos”.

De regreso a Alemania Neisser tiñó las preparaciones y encontró, en casi todos casos, “bacilli, como varas pequeñas, delgadas, cuya longitud venía a ser la mitad del diámetro de un hematíe y la anchura equivalía a una cuarta parte de la longitud”. Neisser no dudó en publicar sus resultados sin comunicarlo primero a Hansen (Über die Aetiologie des Aussatzes, 1880). Al mismo tiempo Hansen, con la ayuda de nuevas técnicas, llegó a encontrar estos cuerpos como varas o barras diminutas.

En 1881 Neisser publicó el artículo ‘Weitere Beiträge zur Aetiologie der Lepra’ en la revista Virchows Archiv en el que se atribuía el honor de descubrir el microbio que causaba la enfermedad, a la vez que trató de desacreditar a Hansen. No hay duda de que Neisser pensó robar el descubrimiento de Hansen.

La reacción noruega al comportamiento de Neisser fue la indignación, particularmente porque el término “bacteria de Neisser” ya estaba utilizándose. Animado por sus colegas Hansen defendió su posición sin entrar en la polémica de forma directa. Reunió sus trabajos sobre el tema desarrollados desde los años setenta y los publicó en noruego, alemán, inglés y francés.

El conflicto duro mucho tiempo, y no fue hasta el congreso sobre la lepra que se celebró en Berlín que se reconoció oficialmente a Hansen como el verdadero descubridor del bacilo de la lepra. En las memorias que escribió treinta años después, señala que Danielssen estaba furioso con él porque no respondió de forma más agresiva al intento de Neisser de atribuirse el descubrimiento.

Como hemos señalado anteriormente, Hansen no pudo cultivar in vitro el bacilo y provocar la enfermedad a conejos. Todavía hoy sigue siendo imposible. El tema lo tenía obsesionado hasta el punto que inoculó el germen procedente de una lesión cutánea en el ojo de una mujer que padecía la forma neurológica de la lepra. No hubo ninguna consecuencia clínica para la mujer, pero ésta aseguró que le afectó la vista y le causó dolor, por lo que procedió a denunciarle. El demandado reconoció que realizó la prueba sin informar a la paciente y sin pedirle permiso. Lo hizo porque había fallado en el intento de inocular a animales, de demostrar la naturaleza infecciosa de la enfermedad y porque no podía poner en cuarentena a los afectados para proteger a los sanos.

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La corte lo encontró culpable (1880) y Hansen tuvo que pagar las costas y fue cesado de su cargo en el hospital, aunque conservó un puesto oficial para luchar contra la lepra en su país. Pudo desarrollar así sus planes teniendo en cuenta la etiología de la enfermedad. Se promulgaron leyes que permitían el cuidado de los leprosos lejos de sus familias. Hacia 1875 había en Noruega 1.752 casos conocidos de lepra; a principios del siglo XX la cifra había descendido a 577. Mucho tiempo después, en 1968, la doctora Eleanor Storrs del Gulf South Research Institute (GSRI) propuso el armadillo como modelo para estudiar la lepra, lo que resultó ser viable.

Hansen recibió muchos reconocimientos y premios por sus estudios sobre la lepra. Fue presidente de honor de la sección de dermatología y sífilis del Congreso Médico Internacional que se celebró en Copenhague en 1884. Fue presidente del International Leprosy Committee. En 1897 fue elegido presidente honorario de la Conférence Internationale de la Lèpre, que se celebró en Berlín; y fue presidente de la segunda, que tuvo lugar en Bergen en 1909. En 1900 se solicitaron contribuciones para esculpir un busto de Hansen, que se inauguró en una ceremonia solemneque tuvo lugar en 1901 en los jardines del Museo que hoy son de la Universidad. En 1892 él recibió la condecoración de la Orden de San Olav por sus contribuciones científicas
Hansen llegó a tener una vida social bastante intensa. Entre sus amigos figuran el compositor Edvard Grieg y su esposa Nina. Llegó a pagar de su bolsillo conferencias y fue gran amante del teatro. Se dice que su esposa se sentía abandonada porque su marido dedicaba todo su tiempo a la medicina, motivo por el que estuvo a punto de divorciarse para casarse con el afamado músico Iver Holter.

Aparte de sus trabajos sobre la lepra Hansen cultivó también la historia natural, especialmente la zoología. Dedicó mucho tiempo a estudiar especies de moluscos y gusanos. Fue nombrado director del Museo de Historia Natural de Bergen en 1847. También jugó un papel destacado en la difusión de las ideas de Darwin, que le habían atraído desde el principio. En 1886 publicó un libro sobre el tema en noruego. Dio también numerosas conferencias acerca de la teoría de la evolución y publicó varios artículos en la prensa popular, lo que le valió la enemistad del clero. Armauer Hansen fue un radical en su tiempo, un ateo con una actitud hostil hacia la iglesia.

Las personas de su círculo más íntimo describieron a Hansen como una persona amable, de buen corazón, poco ambicioso y enemigo de las formas supérfluas.

En su autobiografía pueden hallarse atisbos de su personalidad. Predice que será en el siglo XX cuando se resuelva el enigma de la vida; duda que las religiones perduren en el futuro; y apoya las demandas y reivindicaciones de las clases obreras. Sin embargo, fue crítico con la emancipación de las mujeres y creyó que el hombre tenía una capacidad física y mental superior. Para él los acontecimientos científicos más importantes fueron los descubrimientos de Pasteur y la teoría de la evolución de Darwin.

Armauer Hansen padeció la sífilis, que contrajo cuando estudiaba y que se mantuvo en secreto hasta años después de muerte. Sufrió los primeros síntomas de afectación cardíaca en 1900. Estaba retirado del trabajo durante largos periodos de tiempo. Cuando se sentía bien reanudaba los viajes alrededor del país para realizar inspecciones oficiales. En 1912 un amigo lo invitó a estar en Florø, un pueblo de la costa occidental. Fue allí donde falleció el 12 de febrero. Se celebro el funeral oficial en el Museo de Historia Natural de Bergen.

Fuente: www.historiadelamedicina.org

 

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