El juego del pato celebra cuatro siglos

Se jugó por primera vez en el país el 10 de mayo de 1610 y a pesar de sucesivas prohibiciones llegó a nosotros.

A solicitud del gobernador Hernandarias, a mediados de abril de 1608, llegaron al Río de la Plata ocho jesuitas que a los pocos días continuaron viaje hasta Córdoba. Sin embargo, no pasaron dos meses cuando los hijos de Ignacio de Loyola se establecieron en Buenos Aires. Cuando don Juan de Garay repartió los solares reservó para sí la manzana ocupada actualmente por el Banco de la Nación Argentina (Rivadavia, Bartolomé Mitre, Reconquista y 25 de Mayo) y el lote mejor ubicado para el adelantado don Juan Torres de Vera y Aragón. Ese solar estaba delimitado por las calles Balcarce, Defensa, Hipólito Yrigoyen y Rivadavia, por lo que la plaza mayor sólo estaba dispuesta a ser la ubicada frente a la Catedral y el Cabildo. En 1608 como el predio no lo había ocupado su beneficiario, el gobernador y los cabildantes se lo otorgaron a los padres de la Compañía de Jesús. En la mitad del solar construyeron una casita de adobe y paja, y poco tiempo después una capilla provisoria con los mismos elementos, como eran todas las casas y aun los templos de la modesta ciudad.

Foto Federación de Pato

El templo fue puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto, pero en marzo de 1610 llegó a Buenos Aires la novedad de que el papa Pablo V había beatificado a San Ignacio de Loyola el 27 de julio del año anterior.

La elevación a los altares del fundador de los padres jesuitas dio motivo a solemnes celebraciones, que encabezó y promovió el gobernador don Diego María Negrón, quien mandó ocho días antes enarbolar sobre la iglesia las banderas y los estandartes de la ciudad y sus navíos; a la vez que repiques de campanas tres veces al día, los que eran correspondidos por los de la iglesia mayor y los conventos, resonando en los intervalos el estruendo de seis piezas de artillería, además de música. No faltaron fuegos de artificio, una encamisada (en la milicia antigua especie de mojiganga que se ejecutaba de noche con hachas, para diversión o muestra de regocijo) a la que no desdeñaron entrar el gobernador Negrón y su antecesor Hernandarias.

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Los oficios religiosos fueron con toda la solemnidad litúrgica y al día siguiente comentó el padre Lozano: «Como si faltase regocijo, dispuso el Cabildo que se corriesen toros en la Plaza Mayor y a este juego siguió el de cañas, que jugaron sesenta personas, la mitad vestidos con libreas a la española, y la otra mitad disfrazados y pintados como indios, en caballos sin sillas, pero con singular destreza, que con haber mantenido el juego más de dos horas, ni cayó alguno, ni sucedió algún desmán. Concluyeron con una escaramuza muy para vista, y acercándose todos en gran orden delante de nuestra Iglesia, los que habían jugado en disfraz de indios, corrieron también allí algunos patos, causando admiración a todos ver, así a los jinetes, como a los caballos, que parecían incansables, aunque aquellos corrían con gran incomodidad».

El testimonio corresponde, en realidad, al sacerdote jesuita Diego de Torres, quien lo informó el 16 de junio de 1610. Lamentablemente el documento no se encuentra, pero fue rescatado hace más de dos siglos por su hermano en la religión, Pedro Lozano.

Esta es la primera corrida de patos documentada celebrada el 10 de mayo de 1610 en la ciudad de Buenos Aires y en nuestro territorio, por lo que nuestro deporte nacional celebra sus cuatro siglos.

A pesar de bandos, decretos y leyes prohibiéndolo, ha llegado a nosotros y Bartolomé Mitre mismo, que sin duda lo vio jugar cuando su padre lo envió a la estancia de don Gervasio Rosas, a conocer las tareas de campo, le dedicó unos versos titulados «El Pato, Cuadro de Costumbres».

Por Roberto L. Elissalde

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Fuente: 

Diario La Nación 12/6/2010

Informacion Adicional: 

El juego del pato:

Recio y veloz, este juego que exige a quienes lo practican un alto grado de cultura deportiva y el cumplimiento estricto de sus reglas de desarrollo entre equipos compuestos por cuatro jugadores cada uno que, mediante pases y combinaciones, con la que eluden la acción de sus adversarios, tratan de introducir «EL PATO» a través de un aro de un metro de diámetro ubicado perpendicularmente sobre un poste de 2,40 metros de altura, enclavado en el centro de cada una de las dos cabeceras de la cancha, que mide entre 80 y 220 metros de largo y por entre 80 y 90 metros de ancho.
El Pato consiste en una pelota de cuero con cámara de goma, circundada por tres lonjas de cuero crudo cruzadas transversalmente, en cada una de las cuales van cocidas dos manijas o asas colocadas simétricamente, tiene un diámetro de 40 cm de manija y pesa entre 1500 Y 1250 gramos. Es obligatorio que el jugador que tiene El Pato lo ofrezca a los adversarios con el brazo derecho extendido perpendicularmente a su cuerpo.
Cualquier movimiento en el jugador que haga para impedir que el adversario tome una de las manijas constituye una «NEGADA» acto que el reglamento prohíbe y sanciona, salvo que tenga por fin efectuar un pase o tratar de convertir un tanto, si el adversario logra tomar EL PATO se origina una «CINCHADA», que debe ejecutarse sin que ninguno de los dos jinetes se apoye en la silla o en su cabalgadura es decir «A PURA PIERNA».
Las reglas sancionan también los cruces y otras maniobras peligrosas cometidas en perjuicio de un adversario o de un compañero de equipo; pero los jugadores pueden recostar sus caballos contra los de sus contiendas «PECHÁNDOLOS» hasta desviarlos de su línea de juego.
Otras de las jugadas típicas es la levantada, como se llama a la acción del jugador que desde la silla por el lado derecho de su caballo, se inclinan para apoderarse del pato cuando este ha caído al suelo, para facilitar esta maniobra, la montura tiene como base un lomillo similar a los utilizados por los hombres de campo de la Provincia de Entre Ríos, que cuenta con una perilla de cuero aproximadamente de 15 cm de largo, terminada en un botón trenzado y ubicada en el borrén delantero, a la vez que la forma del borrén trasero facilitando calzar el talón de su pierna izquierda para sostenerse cuando se inclina.
Los partidos constan de cuatro o seis períodos de ocho minutos cada uno de acuerdo a la ventaja de los equipos, con intervalos de cuatro minutos para cambiar de caballos.
El juego es dirigido por dos jueces montados y un árbitro que fuera de la cancha opina sólo al ser consultado por los jueces.
Los jugadores son calificados con valorizaciones de 1 a 10 puntos y cuando los partidos o certámenes «CON VENTAJA», los equipos menos valorizados reciben de su adversario, en tantos, la diferencia que los separa.
El Pato se practica principalmente en la Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Río Negro, Salta y San Luis, constituyendo los torneos que organiza la Federación, coloridas y entusiastas reuniones con participación plena de las comunidades locales, la práctica de este deporte se extiende también a las estancias donde se cría y adiestra a caballos.

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Fuente: Federación de Pato

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