El humor gráfico argentino, del virrey Vértiz hasta Maradona

La muestra “Nos tocó hacer reír” se inauguró ayer y puede verse hasta marzo.

El pan se fue a las nubes”, una ilustración de Julio Málaga Grenet, muestra a los consumidores consternados mientras contemplan un pan que flota en el cielo de tanto que subió su precio. ¿2010?, ¿2011? No: se publicó en 1917 en Caras y Caretas. Es una de las obras que se exhiben en Nos tocó hacer reír, la muestra que se inauguró ayer en el Espacio de arte de la Fundación Osde. Se trata de una revisión de la historia argentina a través de sus ilustradores y humoristas gráficos, desde los pioneros del siglo XVIII hasta Fontanarrosa, Quino y Sábat.

La curadora, Judith Gociol, organizó la muestra en ejes temáticos: “La Fundación” (referida a la época de la conquista), “Tierra” (que recupera la

    Martínez de Hoz y Maradona, según H. Sábat, en 1997 – Diario Clarín

imagen del gaucho), “Urbe” (sobre la ciudad de Buenos Aires y la clase media), “Nunca más” (que alude a la dictadura militar y a otras situaciones de injusticia que se repiten aun en democracia), y una sección en homenaje a Héctor Oesterheld.

Es decir que se expone material del siglo XVIII –como las obras de José María Cao y Henry Stein- hasta 2010. La primera pieza de humor gráfico de la que se tiene registro es de 1779, el desfavorecido fue el virrey Vértiz por promover una impopular medida: el aumento de una tasa impositiva. A modo de respuesta se repartieron panfletos que mostraban una caricatura del funcionario cabalgando en burro hacia a la horca. Vértiz arrestó a los autores y distribuidores de la obra por estar “prohibida bajo grandes penas la composición de pasquines, sátiras, versos, manifiestos y otros papeles sediciosos o injuriosos a personas públicas, o a cualquier particular”.

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Desde entonces la censura caminaría al lado del humor gráfico. A Eduardo Sojo, creador de la revista Don Quijote (1884-1905), la policía le incautó la piedra litográfica con la que dibujaba caricaturas que ridiculizaban a los funcionarios de ese entonces. Otro caso es el de Andrés Cascioli, cuyas ilustraciones fueron prohibidas por el gobierno de Isabel Perón así como por la última dictadura militar. Claro que la dictadura fue más allá de la censura y se cobró sus víctimas fatales: el pintor y dibujante Franco Venturini, secuestrado el 20 de febrero de 1976 en Mar del Plata, considerado el primer artista plástico desaparecido del país. Y el formidable guionista Héctor Germán Oesterheld, creador de El Eternauta , a quien la muestra dedica un sector especial. Allí se exhibe el original de “¿Dónde está Oesterheld?”, la ilustración que Félix Saborido realizó para la revista Feriado Nacional en 1983. También hay retratos del guionista a manos de Andrés Cascioli y Alberto Breccia, fotos familiares y una serie de cuentos infantiles que el autor publicó entre 1940 y 1950 bajo el seudónimo de Héctor Sánchez Puyol. Sus fanáticos reconocerán Vida del Che , una biografía en clave de historieta escrita por Oesterheld e ilustrada por Alberto y Enrique Breccia. Su inclusión tiene un significado agregado, ya que algunos atribuyen su trágico fin a este libro.

Pero no todo es tragedia: el inolvidable humor de Fontanarrosa sigue haciendo reír y las muy curvilíneas chicas de Divito con sus cinturas imposibles nos muestran otra idea de belleza. Aunque hay que decir que la revisión histórica no arroja un balance muy alegre. Habrá que seguir los consejos de la rumba: “Es preferible reír que llorar”, y ¡olé!

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por María Paula Bandera

 

Fuente: 

Diario Clarín 21/1/2011

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