El Hotel Phoenix, como el Ave Fénix

La leyenda del Ave Fénix ya era conocida en el antiguo Egipto. Aludía al Bennu, un ave mitológica del tamaño de un águila. Su plumaje variaba entre el rojo intenso y el amarillo incandescente y tenía un pico amenazante y fuertes garras. Pero su principal característica era que, cada 500 años, el ave se consumía en el fuego para luego renacer de sus cenizas con toda su gloria. Mucho tiempo después, en esta Buenos Aires del siglo XXI también existe un “ave Fénix” que, aunque no la destruyó ningún fuego, resurgió del abandono y el olvido para recuperar su esplendor de edificio histórico.

El hotel se llamó Phoenix y fue inaugurado en 1889 en un lugar clave de la Ciudad: la esquina de la avenida Córdoba y la calle San Martín. La cercanía con uno de los primeros muelles que tuvo Buenos Aires (estaba a la altura de la calle Paraguay) lo convirtió en preferido de muchos visitantes, en especial de los que venían de Gran Bretaña. El lugar y toda la manzana habían sido reservados desde principios de esa década para construir una sucursal porteña de las Tiendas Le Bon Marché de París. El proyecto apuntaba a ser un émulo de la famosa Galería Vittorio Emmanuele II, construida en 1877 y que aún se luce en Milán. Pero tropiezos económicos postergaron esa idea de cuatro bloques separados por dos calles en cruz que habían pensado el argentino Emilio Agrelo (1856-1933) y el italiano Roland Lavacher (aquí se lo conoció como Raúl o Roland Le Vacher). Eso llevó a que los dos arquitectos pensaran y desarrollaran en una esquina de la manzana el Phoenix, aquel hotel con un toque tan british que hasta su restaurante homenajeaba a la reina consorte, esposa de Eduardo VII, el primer rey que los ingleses tuvieron en el Siglo XX. El local se llamaba Alexandra y muchos recuerdan su inigualable roast beef con Yorkshire pudding. El tiempo también fue haciendo de las suyas y los años de gloria devinieron en decadencia. Así, como diría un tango, el Hotel Phoenix “fue perdiendo luz y brillo”, hasta convertirse en la sombra de un pasado con toda esa historia que atravesó el siglo XX. Sin embargo, con la llegada del nuevo siglo resurgió igual que aquella ave legendaria. En 2005 el edificio remodelado y restaurado volvió como hotel boutique y con un nombre que hace honor a su recuperación: Esplendor Buenos Aires. La fachada es la misma que pensaron Agrelo y Lavacher, pero restaurada con minuciosidad, conservando el estilo neorrenacentista italiano. Así, se reconstruyeron muchas piezas de las columnas y hasta las caras de los adustos atlantes que sostienen ménsulas y balcones. Y se hicieron réplicas de toda la herrería de esos balcones con estilo francés. El mismo criterio se usó en la carpintería y pintura: cada puerta y ventana del hotel es la original restaurada con esmero. Y para llegar al color original del edificio se sacaron siete capas de distintos esmaltes. Al momento de la recuperación, en el interior quedaba muy poco de los elementos originales. Por eso se decidió una remodelación casi total. El toque de vanguardia está en todo el confort que contrasta con la elegancia de puertas que miden cuatro metros de alto. Para completar esa calidad con nivel cuatro estrellas cobijada en casi 4.000 metros cuadrados, se pueden mencionar la original serie de retratos de personalidades argentinas (incluyen a Eva Perón, Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Diego Maradona, Ernesto Guevara y Atahualpa Yupanqui) realizados por Mondongo, un grupo de artistas argentinos reconocidos en el mundo. Y si de arte se trata, vale recordar que en un sótano del edificio (que fue declarado Monumento Histórico Nacional), también con entrada por la calle San Martín al 700, aún se mantiene el legendario Teatro Payró, un reducto con 60 años de actividad. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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Diario Clarín 1/4/2013

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