El hombre que salvó un tesoro cultural amenazado por el Isis

Así fue la historia bajo fuego: el 6 de agosto de 2014, mientras Isis avanzaba sobre Qaraqosh, luego de tomar Mosul, el fraile dominico iraquí Najeeb Michaeel se alejaba a toda prisa de la ciudad -que pronto se llenó de cadáveres y caos- a bordo de un auto y seguido por un camión. En ambos vehículos iba un tesoro salvado de las garras de la destrucción: 3500 manuscritos orientales de los siglos X a XIII, que poco antes el sacerdote había sacado de Mosul. La pequeña caravana atravesó un largo camino de polvo y terror, superó tres retenes (uno de Isis y dos de las milicias kurdas) hasta llegar a Erbil, en la región del Kurdistán, y puso a salvo una valiosa parte de la memoria de la Mesopotamia.

“Salvar la memoria fue un acto de la Providencia. No fue organizado. Yo estaba en Mosul, cuando Isis avanzó sobre la ciudad. Había vuelto para completar la bibliografía de mi tesis de doctorado en la Universidad de Friburgo, Suiza. Con diez jóvenes de nuestro Centro Numérico de Manuscritos Orientales seleccionamos textos y fotos antiguos, los enrollamos en cartones y los guardamos en cajas. Isis ataca a las personas y la cultura. No sólo mata cristianos, yazidíes y otras minorías sino que también destruye las raíces. Por eso me sobrepuse al miedo para proteger ese patrimonio”.  Michaeel es uno de los invitados extranjeros al coloquio “Diálogos globales, ¿es posible la convivencia después de la polarización?”, organizado esta semana por la secretaría de Integración Federal y Cooperación Internacional, a cargo de Iván Petrella, del ministerio de Cultura de la Nación. El Centro Numérico que dirige el fraile dominico ha preservado y restaurado por largo tiempo valiosos documentos en cuero y otros soportes antiquísimos de los años 900 a 1300, pertenecientes a colecciones privadas, a instituciones culturales o a otros cultos religiosos. Entre los textos salvados hay muchos musulmanes, además de cristianos y yazidíes. Actualmente, Michaeel vive en un campo de refugiados en Erbil. Tiene a cargo 250 familias cristianas y yazidíes (una religión preisámica) que conviven en armonía, según cuenta. Es un pastor que da misas y conferencias y también protege la memoria. -¿Cómo fue el momento de la huida? -(Sonríe) Nunca dejé de rezar mi rosario. Sobre las cajas donde escondimos los documentos antiguos iba mucha gente que huía de Isis. En un momento sentí que la Virgen María se había sentado en el auto y en el camión. Ese fue mi sentimiento. Fue providencial que no miraran las cajas. Allí llevábamos no sólo la memoria de Irak sino la de la región de la Mesopotamia. Son documentos en diez lenguas y sobre veinte temas distintos. Hay ejemplares antiguos de la Biblia y el Corán, textos sobre historia, teología, filosofía, astronomía, astrología, medicina de plantas, gramática y diccionarios, todos manuscritos. Junto con estos documentos también salvamos las cámaras con las que digitalizamos los documentos y los discos duros de las computadoras, pero perdimos todo lo demás en Mosul. -¿Cómo se sobrepuso al miedo a Isis? ¿Se sentaría a dialogar con un yihadista? -Todos los protectores del patrimonio están amenazados. Antes de Isis, estuvo Al Qaeda y tuve que irme de Irak porque estaba en una lista para ser asesinado. Mataron a siete religiosos de mi orden. Creo que es necesario salvar el patrimonio junto con los hombres. Es como salvar a un árbol con sus raíces. Por otra parte, Isis no quiere dialogar, porque antes de hablar, mata. En esos términos es muy difícil considerar un dialogo. Ellos aplican tres pasos: partir, convertir o morir. Por altoparlantes le dan a la gente 24 horas para irse con lo puesto. Si no lo hacen, tienen que convertirse al Islam. Y si se niegan, los matan. En Mosul asesinaron a miles de hombres, y miles de mujeres y niñas han sido convertidas en esclavas sexuales. -En verdad, el exterminio de las minorías y la destrucción del patrimonio empezaron en 2003, después de la invasión de los aliados a Irak. -Sí, porque al dejar sin protección ni Ejército a toda la infraestructura del país, después de que cayó Saddam, se permitió que surgieran miles de Saddam. Empezó por un tema ideológico y luego rigió la corrupción total. Sin ninguna duda, Occidente tiene responsabilidad en la descomposición de Irak. Soy consciente de eso. por Susana Reinoso Fuente: 

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Diario Clarín 5/10/2016

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