El Diario de Ana Frank cumple 70 años

El texto, escrito por la adolescente alemana durante el tiempo que vivió clandestinamente en Holanda, es uno de los testimonios más desgarradores sobre el holocausto. «Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo». Con estas palabras, fechadas en Amsterdam el 12 de junio de 1942, la adolescente alemana Ana Frank inauguraba su diario personal. Apenas unas semanas más tarde, ella y su familia, huyendo de la persecución nazi, pasaban a vivir clandestinamente, ocultos en la parte de atrás del edificio de la calle Prinsengracht 263.  

Ana llevó con ella su diario al escondite familiar: la pequeña libreta estaba destinada a transformarse en un testimonio central del dolor bajo el terror nazi. «Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero refugio. Al señor Kugler le pareció mejor que delante de la puerta que da acceso a la Casa de atrás colocáramos una estantería (…), pero se trata naturalmente de una estantería giratoria, que se abre como una puerta. La ha fabricado el señor Voskuijl. (Le hemos puesto al corriente de los siete escondidos, y se ha mostrado muy servicial en todos los aspectos.)», escribe Ana en su diario el 21 de agosto de 1942 La dura vida clandestina de los Frank, marcada por las necesidades y el miedo, terminó abruptamente dos años después de que Ana iniciará su diario: un delator los entregó a las autoridades nazis, que llevaron a los ocho refugiados (los Frank compartían su escondite con la familia Van Pels, mencionada como Van Daan en el libro) a diferentes campos de concentración. Ana, que tenía entonces quince años, terminó sus días en el campo de Bergen-Belsen. Solo su padre, Otto Frank, sobrevivió. Fue él quien se encargó de publicar el Diario de Ana Frank, que se convirtió en uno de los testimonios más dolorosamente representativos de la historia. En 1946, mientras Otto Frank intentaba hallar un editor, el texto mecanografiado llegó a manos del historiador holandés Jan Romein publicó en el diario Het Parool:  «A mi entender, este diario aparentemente insignificante de una niña encarna toda la monstruosidad del fascismo, más que todos los autos procesales de Núremberg en su conjunto». Con el título de La casa de atrás, se publicó en 1947. Fuente: 

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 Infobae.com 12/6/2012

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