El bar del Morocho y el Oriental

Historias del café Roma, de Olavarría y Almirante Brown, La Boca, donde se presentaron Carlos Gardel y José Razzano.

Las puertas vaivén de madera siguen tan firmes como la niebla del Riachuelo que flota a poco más de dos cuadras, dejando entrever el perfil del viejo puente. El piso, aunque renovado, mantiene aquel simbólico damero blanco y negro. Y en un rincón, a un costado del mostrador de madera, una antigua máquina de café dice presente a pesar de que el vapor y el agua caliente ya no pasan por sus filtros. El local, como lo inmortalizó Enrique Cadícamo en su poema El morocho y el oriental , está “allá por Olavarría esquina Almirante Brown” y se presenta bajo el nombre de Café Bar Roma, obviamente en el barrio de La Boca.

Es cierto: en estos tiempos el lugar ya no es territorio de Cafieri, aquel vecino que tenía fama de pesado y que una noche de 1911 (hace exactamente un siglo) copó la reunión en el “histórico bodegón” para presentar a “una yunta que cantando hace primores”. Según aquella historia, para escuchar a los jóvenes cantores también entre el público estaban los payadores Hilario Cazón y Gabino Ezeiza.

Ahora, en este 2011, allí tampoco se consiguen el Priorato o el Trinchieri, dos bebidas que supieron tener presencia en el recinto. El Priorato era un vino que había tenido su origen en esa comarca catalana de España, donde las viñas todavía son el elemento clave para una marca con denominación de origen controlado. El Trinchieri, en cambio, era un vino-vermú que la Societá Anónima Trinchieri-Brosio elaboraba en la ciudad italiana de Turín.

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De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.

El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

Convertido en bar notable de la Ciudad de Buenos Aires, el Roma se mantiene como referente en Olavarría y Almirante Brown, donde todavía se escuchan relatos que mencionan a gente y lugares que se convirtieron en leyenda. Se habla de Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Agustín Bardi o el “tano” Genaro Espósito. Y del “Café de La Popular”, por la fama que tenía su dueña. También, en esas mesas se sigue recordando a la carbonería de la calle Magallanes al 800, un sitio en el que un chico llamado Benito Juan Martín, que había sido adoptado por la familia Chinchella, además de hombrear bolsas en el puerto dibujaba usando carbonilla.

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Pero esa es otra historia.

por Eduardo Parise

Fuente: 

Diario Clarín 1/8/2011

Informacion Adicional: 

Bibliografía:
– Jorge A. Bossio – Los Cafés de Buenos Aires. Reportaje a la nostalgia – Editorial Plus Ultra – Buenos Aires, 1995.

 

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