El ataque que encendió la mecha de la violencia irreversible

Hace 40 años, en la noche del 19 de enero de 1974, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) decidió asaltar el cuartel de Azul, la unidad militar mejor armada del país. El objetivo era conseguir armamentos para pertrechar a su guerrilla rural que comenzaba a gestar. El jefe de la operación era Enrique Gorriarán Merlo. Cien combatientes estaban bajo su mando.

Ese mismo día, el Congreso Nacional debatió la reforma al Código Penal que preveía sanciones más duras contra las acciones de la guerrilla que las que en su momento había dispuesto el general Agustín Lanusse. Montoneros (o su organización de superficie, la Juventud Peronista), que tenía ocho diputados en el recinto, se opuso a la reforma. Internamente, se debatía entre seguir disciplinado al mandato de Perón o renunciar a las bancas. Aunque, a decir verdad, con el atentado contra el jefe de la CGT José Rucci, Montoneros ya había dado una clara señal autonomía frente a su líder. Aún así, hacía esfuerzos ideológicos y discursivos para mantenerse dentro del peronismo. El objetivo del ERP, como guerrilla marxista, era la revolución socialista; no la democracia. No participó de las elecciones de marzo de 1973. Sólo se comprometió, tras el triunfo de Héctor Cámpora, a no atacar al Gobierno pero mantendría en pie el enfrentamiento contra las Fuerzas Armadas y las empresas extranjeras, sus enemigos. Antes del ataque al cuartel de Azul, el ERP ya había asaltado el Comando de Sanidad de Parque Patricios y recibió US$ 14,2 millones por el rescate del gerente de Esso Víctor Samuelson. La operación que comandó Gorriarán Merlo fue una catástrofe militar y política. Para tomar una posición enemiga la doctrina recomienda una superioridad de 3 a 1. En este caso, la relación de fuerza del ERP frente a los militares era de 1 contra 20. De los tres camiones con los que entraron, dos quedaron inutilizados, no pudieron transportar las armas y Gorriarán ordenó la retirada en el desbande. Por su desempeño sería despromovido. En el asalto, el ERP mató al conscripto Daniel González, al coronel Camilo Gay y a su esposa, y se llevó del cuartel al teniente coronel Jorge Ibarzábal, al que mantuvieron secuestrado por 10 meses, hasta que fue muerto durante un traslado. El ERP tuvo tres bajas, y otros dos guerrilleros que capturaron los militares, desaparecieron. El impacto político fue inmediato. Perón, esa misma noche, acusó, sin mencionarlo, de incapacidad y “tolerancia culposa” con la guerrilla al gobernador de la provincia de Buenos Aires Oscar Bidegain, que había facilitado el ingreso de Montoneros a la función pública. Bidegain renunció. La Provincia quedó en manos de la ortodoxia peronista, a través del vice, Victorio Calabró, sindicalista de la UOM. Perón habló de “ …aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal ”, y en una carta a los militares de la guarnición de Azul les auguró que “el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República”. “Aniquilación” y “exterminio” como amenaza. Cuando dos días después los diputados de la JP fueron a Olivos a pedir explicaciones por la reforma penal no tenían margen de acción y Perón ningún ánimo de persuadirlos: “Quien esté en otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse”, dijo. Además les explicó: “Si nosotros no tenemos en cuenta la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato”. La reforma penal se sancionó el 25 de enero. El 29, Perón designaría en la subjefatura de la Policía Federal al comisario Alberto Villar, una de las “cabezas” de la Triple A. Pronto se harían públicas las listas de “condenados”. El ERP persistiría con el ataque a cuarteles militares y la Triple A, con la escalada de secuestros y fusilamientos. Perón moriría cinco meses después. por Marcelo Larraquy  Gorriarán Merlo: la obsesión militar Enrique Gorriarán Merlo fue el jefe del ataque del ERP al cuartel de Azul. A partir de 1970 inició un raid de acciones militares: el asalto a un tren pagador en Rosario, el ataque al Destacamento de Inteligencia de Córdoba, la ejecución de Anastasio Somoza en Paraguay y el cuartel de La Tablada en 1989, entre otras. Murió en 2006. Fuente: 

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Diario Clarín 19/1/2014

El ataque que encendió la mecha de la violencia irreversible
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