Einstein llegó a La Plata

En 1925, el físico alemán estuvo unas horas en la capital provincial. Sobre esa visita histórica, la UNLP está filmando un documental.

Como si se tratara de una víctima del azar, una imagen lo muestra perdido en el sótano del Museo de Ciencias Naturales. Habrá observado las vitrinas perfectas de la planta baja y se habrá dejado cautivar por los huesos de los dinosaurios como frente a una fortaleza. Antes, la alta sociedad platense lo invitó a un almuerzo en el Jockey Club donde el hombre de los trajes iguales y las sandalias habrá disimulado su desinterés por la elegancia con su humor exacto, con el resplandor moderno de su genio. “Yo quería hacer una ficción, no un documental, quería mostrar un Einstein vivo porque cuando hice la investigación previa no había encontrado ningún registro de Einstein caminando en La Plata, veía fotos, entonces dije, lo que tenemos que recrear es lo que no existe y no hay otra forma de hacerlo si no es a través de la ficción.” Fueron siete horas las que estuvo Albert Einstein en La Plata el 2 de abril de 1925, de esa travesía habla el director del canal de la Universidad Nacional de La Plata, Luciano Sanguinetti. En el físico alemán se encendió la curiosidad por conocer esa ciudad que había logrado convertirse en un polo científico, compuesto por muchos investigadores europeos, bajo la trama de una intelectualidad heredera de la generación del 80, caracterizada por una línea reformista hacia el interior de una oligarquía enfrentada a conflictos sociales y que pensó una educación superior original en el modo de situarse frente a las formas establecidas del academicismo, sostenida en un saber empírico. “Aquí se piensa una universidad de carácter científico, con una impronta, hasta diría yo cientificista. Desde el siglo XXI podemos criticar un montón de cosas pero mirada en un contexto histórico, eran las fuerzas progresistas las que constituyen su fundación”. Interviene Sanguinetti, impulsor del telefilm sobre la estadía de Einstein en La Plata que terminó su etapa de rodaje, producido por la señal universitaria junto a Tecnópolis TV: “Toda la corriente positivista tuvo mucho peso. Quisimos rescatar con la figura de Einstein lo que éramos. Esa universidad de vanguardia entra en crisis por todos los procesos políticos que, a partir de 1930, iban en contra de ese desarrollo. Conoció la fama como un bautismo inesperado. Durante un mes en Buenos Aires, Einstein se ocupó de difundir en persona la teoría de la relatividad entre físicos, ingenieros y filósofos. Mucha de la intelectualidad argentina quería empaparse de este cambio de paradigma que inquietaba a todas las disciplinas del conocimiento. Leopoldo Lugones había compartido una conferencia con él en Europa y estaba entre los artífices de su viaje. Encontraban una voz que ponía en crisis el positivismo, despertaba la maquinaria de una revolución científica que reconocía en la ilustración nacional un interlocutor calificado para entenderla y transmitirla. Por esos días el diario La Prensa publica un artículo donde el físico alemán se anticipaba a la creación de la Unión Europea porque observaba un continente que hacía de la razón un arma de guerra. Era un pacifista minoritario que vivía rodeado de fotógrafos, que respondía con astucia a las preguntas de los periodistas, deseosos de su palabra. El mundo descubría una nueva forma de celebridad y Einstein nacía como personaje. Tal vez en esa fascinación que provocaba, está la piedra para contar una ficción, para hacer del episodio científico una experiencia atractiva, una pequeña aventura de divulgación. Amanda, el día que Einstein vivió en La Plata , dirigida por Marcos Rodríguez, narra ese detalle. Es un momento que se despliega, propicio para ser tomado por un canal universitario y regional en búsqueda de nuevos contenidos, de aquellos sucesos que los libros de historia mencionan en una sola línea. “Usamos como pretexto narrativo la preocupación de Einstein por el antisemitismo en Europa y la necesidad de buscar otro lugar donde radicarse”, continúa el ex decano de la Facultad de Periodismo de La Plata. “En el recorrido que hace en América, elige obviamente EE.UU., nosotros armamos una trama imaginando el interés de ciertos sectores yrigoyenistas en que pudiera radicarse en la Argentina, un país que estaba viviendo un proceso importante de democratización con el radicalismo, en el gobierno de Marcelo T. de Alvear. Ahí empieza un complot porque hay un sector del nacionalismo católico, identificado con lo que va a ser posteriormente la década infame, al que no le gusta que un relativista se instale en la Argentina. Paralelamente hacemos documentales que contextualizan desde la historia, el pensamiento judío y la ciencia, con el físico Angel Plastino.” La Plata fue el escenario de ráfagas históricas, instantes comprimidos que se dejan atrapar por la sensibilidad de la ficción y permiten palpar los cruces entre política y ciencia desde una particularidad que despierta la empatía. Como ese encuentro con Lehmann Nitsche, investigador del Museo de Ciencias Naturales, un etnólogo alemán que vuelve a su patria cuando el proyecto mortal de Hitler llega al poder, mientras que Einstein se desprende de su nacionalidad en un reflejo de espejo invertido. por Alejandra Varela Fuente: 

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Revista Ñ 31/12/2013

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