Ecos de Gardel en una pieza vacía

Al lugar se llega por una escalera corta que tiene una pequeña pero sólida baranda de hierro. Es una especie de altillo de 5 metros de ancho por 25 de largo. De un lado, unos ventanales rematan la parte superior de la habitación y la llenan de luz. Del otro, hay una simple pared con dos puertitas en cada extremo que llevan a la vieja “parrilla” de luces sobre el escenario de lo que fue el cine-teatro. El piso es de pinotea y se mantiene intacto. A los ojos, el lugar está vacío. Pero si uno lo mira mejor se da cuenta que todavía Carlos Gardel sigue en ese lugar poniéndole la magia de su voz a alguna de las cientos de grabaciones que hizo allí y que, por suerte, aún lo sobreviven.

Estudio donde grababa sus discos Carlos Gardel – Foto Diario Clarín

La habitación está en la parte superior de lo que fue el Grand Splendid, un ícono de la cultura y el espectáculo porteño. Hoy, ese edificio de la avenida Santa Fe 1860, inaugurado en mayo de 1919, aún se luce como la mayor librería de Sudamérica y una de las mejores del mundo. Pero el objetivo de hoy es aquel recinto donde grababa Gardel, lamentablemente sin acceso para el público.

En 1917 el dúo que Gardel integraba con José Razzano empezó a grabar sus temas en un pequeño galpón que se usaba como depósito de las películas del sello Pathé, cerca de lo que hoy es el cruce de Perón y Callao. El dueño de aquel local era Mordechai David Glücksmann (1875-1946), un inmigrante austríaco que había llegado a Buenos Aires con apenas 15 años y para entonces se había convertido en representante de aquel sello.

Glücksmann, a quien todos conocían como Max, era un empresario que sabía mirar el futuro con mucha claridad. Así que al ver que esa incipiente industria discográfica y el mundo del espectáculo tenían mucho campo en el país, se lanzó a construir aquel edificio de la avenida Santa Fe, una zona a la que denominaban “el Saint Germain porteño”, en alusión a aquel barrio de la bohemia parisina. Y después de aquellas primeras cincuenta grabaciones realizadas en 1917, dos años más tarde estaba inaugurando ese majestuoso edificio diseñado por los arquitectos Peró y Torres Armengol y construido por los arquitectos Pizoney y Falcope. En el lugar todavía se luce una espectacular cúpula que pintó el maestro italiano Nazareno Orlandi.

Detrás de esa cúpula está la sala, ahora vacía, en la que Gardel empezó a grabar en 1920. Lo hacía para el sello Nacional Odeón (hoy EMI) que Glücksmann tenía instalado allí. Y tanto era el entusiasmo del empresario con el cantor que hasta llegó a rebajarle el derecho de elaboración que por cada faz del disco pagaban los intérpretes. En lugar de 15 centavos, Gardel pagaría 10. Aquello permitía bajar el precio de venta al público y, por supuesto, vender más discos.

Cuenta la leyenda que en ese lugar, el propio Glucksmann le enseñó a Gardel la forma de darle más potencia a su voz en las grabaciones. Le explicó que poniéndose detrás de una silla y tomándose con sus manos del respaldo, expandiría su caja torácica. Tal vez sea sólo una leyenda. Lo cierto es que esas grabaciones son verdaderas joyas de la música popular.

También cuentan otros que, cuando apretaba el sol, aquella habitación era bastante calurosa. Y que algunos vieron al Morocho grabar algunos temas vistiendo sólo calzoncillo y camiseta, algo casi inimaginable para un artista como Gardel que hacía de la elegancia un culto.

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Esos mismos son lo que recuerdan que una tarde de 1924, allí Gardel debía ensayar para una transmisión de Radio Splendid, que también se hacía desde ese edificio. Y que hasta allí llegó una mujer (la historia le adjudica nacionalidad francesa y el nombre Ivonne) que estaba obsesionada con el cantor y vivía persiguiéndolo. Entonces, para escapar del asedio, el hombre decidió esconderse en un pequeño montacargas ubicado debajo del escenario. La mujer después fue desalojada del lugar pero Gardel no pudo ensayar. Igual, la transmisión radial se hizo a la noche sin problemas, para lucimiento del artista. Pero esa es otra historia.

por Eduardo Parise

Fuente: 

Diario Clarín 4/4/2011

Informacion Adicional: 

GARDEL Y SU HISTORIA DISCOGRÁFICA
(Por Bruno Cespi y Héctor Lucci)

En el año 1899 llegan a Buenos Aires los primeros gramófonos para discos planos de 6 y 7 pulgadas de diámetro, importados por la casa Enrique Lepage, ubicada en la calle Bolívar 375. Procedían de Estados Unidos y ostentaban la marca “Gramophone” registrada por su inventor, el alemán Emilio Berliner en el año 1888.
Estas máquinas parlantes asombran a la población de Buenos Aires que ansiosamente quiere escucharlas y es por eso que se instalan, en la calle Florida y en la Avenida de Mayo, locales donde se efectúan demostraciones audibles mediante un pago equivalente a una entrada para espectáculos populares. Esta misma experiencia y modalidad ya había ocurrido en Buenos Aires cinco años antes, en 1893, con la aparición del fonógrafo de Edison que grababa y reproducía cilindros de cera.

Coincidentemente, en ese tan fonográfico año noventa y tres, arriban al puerto de Buenos Aires desde Burdeos la señora Berthe Gardès, nacida en Toulouse, con su hijo Charles Romuald Gardès, nacido en el hospital de la Grave de esa misma ciudad el día 11 de diciembre de 1890. Carlos pisó y miró el suelo argentino el día 11 de marzo de 1893, a la edad de dos años y tres meses. La decisión tomada por la señora Berta de trasladarse a un lugar tan distante como Buenos Aires con su hijo natural, en medio de su situación familiar tan incómoda y de rigidez incomprensible, resultó, sin siquiera ella soñarlo, el regalo anticipado para el futuro de su hijo Carlitos, que comienza a vivir sus días nada menos que en el centro del corazón porteño de Buenos Aires, su primera escuela y donde aprendió y cantó con sus compañeros canciones nativas.
En esos primeros años del ‘900, el ambiente musical de Buenos Aires se difundió grandemente de manera doméstica gracias al gramófono, prevaleciendo los géneros criollos que incluían al tango, y canzonetas y arias de óperas italianas. En ese entorno musical vivió Carlitos su niñez.

En 1902 se graban en Buenos Aires los primeros discos para gramófonos siendo su diámetro entre 165 y 175 mm, y realizándose las grabaciones por medio de una máquina ambulante enviada por la compañía Zonophone, cuyo propietario fuera un muy cercano colaborador de Emilio Berliner en el desarrollo del gramófono.
En estos primeros discos zonophone ponen su voz y su música payadores y cantores como Arturo de Nava, Alfredo Munilla, la orquesta del Teatro San Martín y la Banda de la Policía de Buenos Aires, dirigida por Félix Rizzutti, padre del pianista José María.
En el año 1905 aparecen en el comercio los primeros discos de 10 pulgadas (25 cm.), grabados en Buenos Aires por la misma casa Zonophone, aumentando el número de intérpretes: Angel Villoldo, Andrée Vivianne, Higinio Cazón, Gabino Ezeiza, José Madariaga, la orquesta del teatro Apolo, entre otros.
Ya en este año también existían otras compañías como Odeón, Víctor Pathe y Columbia, que grababan en Buenos Aires con el mismo sistema ambulante, en el cual ocupó un lugar preferencial el pujante tango.
Llegamos a 1910, cuando el italiano José Tagini, instalado con un negocio de bazar, venta de discos y máquinas fonográficas, obtiene la licencia de la casa Columbia de Norteamérica para grabar discos, instalando ahí mismo el laboratorio de Grabación, Avenida de Mayo y Perú (Avda de Mayo 601, Perú 25).
Entre los primeros personajes que integran esos discos Columbia Récord están Alfredo Gobbi, Angel Villoldo, Gabino Ezeiza, Eugenio Gerardo López, Arturo Mathon, José Betinoti, Flora Rodríguez de Gobbi, Juan Sarcione y muchos más.
Participando como conjuntos musicales se encuentran la Banda Municipal, la orquesta típica criolla de Vicente Greco que recibe el bautismo de “Orquesta Típica Criolla”, apareciendo esta mención por primera vez impresa en una etiqueta de disco. Le siguieron conjuntos como los del tano Genaro Espósito, Juan Maglio (Pacho) que, con su magnífico cuarteto, se convertiría en el mayor productor de discos argentinos de 1912.
El cuerpo de participantes que ocuparon el catálogo de estos discos Columbia Récord fue muy extenso y es ahí entonces cuando José Tagini le ofrece la oportunidad a un joven de 21 años, ya llamado Carlos Gardel, para que grabara siete discos dobles con repertorio a su elección.
El anuncio ofreciendo los primeros cuatro discos grabados por Carlos Gardel lo publica la casa Tagini en la revista Fray Mocho el 28 de marzo de 1913 y con el siguiente repertorio: T594: La mañanita, estilo / Me dejaste, estilo; T595: Mi madre, estilo / Es en vano, canción; T637: Pobre Flor, estilo / La mariposa, estilo; T638: El almohadón, vals / Brisas de la tarde, canción. Dicho anuncio decía: “Carlos Gardel, tenor. Artista del Teatro Nacional. Discos dobles de 25 cm. $2.-m/n”
Estos discos dobles Columbia Récord se matrizaban y grababan en Norteamérica y tenían etiquetas color azul marino con letras doradas. Los tres discos faltantes aparecieron casi inmediatamente y eran T728: Sos mi tirador plateado, estilo / Yo sé hacer, cifra; T729: Mi china cabrera, estilo / A mi madre, estilo; T730: El sueño, estilo / A Mitre, vals.

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Pasaron cinco años más para que Gardel grabara nuevamente y esta vez lo hizo para la casa Max Glucksmann en 1917, acompañado por José Razzano. Las grabaciones se llevaron a cabo en un pequeño recinto de un depósito de películas cinematográficas Pathé, de las cuales Max Glucksmann era representante.
La máquina que realizó estas grabaciones acústicas fue la misma que trajera de Alemania Alfredo Améndola para sus discos Atlanta en 1912 y que al cesar su actividad en 1915, fue adquirida en subasta por Max Glucksmann. Estos primeros discos de 1917 tenían una etiqueta bordó con letras doradas y la inscripción “Gardel-Razzano”.
La primera obra que elige el dúo para llevar al disco le pertenece a Angel Villoldo y se titula “Cantar Eterno”, canción realizada en abril de ese año, alternándose en cada disco doble el dúo, con algunos solos de Razzano y otros de Gardel.
En este primer lote de aproximadamente cincuenta grabaciones se gesta la interpretación del tango cantado en un solo de Gardel: “Mi noche triste”, obra elaborada entre Samuel Castriota con su tango “Lita” (1915) y Pascual Contursi con su poema “Mal de ausencia” (1917). Gardel puso lo que faltaba: la resolución en la interpretación.
Todos estos discos de 1917 se grababan en cera y eran enviados a Brasil para su proceso de matrizado y prensado. Por eso puede leerse en las etiquetas, en letras muy chicas y en bajo relieve, la leyenda “ind. Brazileira”.
En 1919 comienza otro ciclo de grabaciones, ahora en Discos Nacional, ya de fabricación íntegra en el país. En la etiqueta, también de color bordó, puede leerse: “Fabricado exclusivamente para Max Glucksmann por la Primera fábrica nacional de discos de la República Argentina”.
La trayectoria discográfica desplegada por Gardel fue ininterrumpida desde 1919 a 1935.
En Argentina le toca a Rosita Quiroga ser la primera cancionista que graba un disco con micrófono (proceso eléctrico). Fue el 1° de marzo de 1926 para la compañía Victor con el tango de Antonio Polito y Celedonio Flores “La musa mistonga”, disco Nro. 79.632.
Carlos Gardel graba su primer disco eléctrico en Argentina el día 8 de noviembre de 1926 con el pasodoble de Nicolás Verona y Lito Más, titulado “Puñadito de sal” , pero, en realidad, su primera grabación eléctrica la registra en Barcelona el 26 de diciembre de 1925 con el tango de Eduardo Bonessi y Enrique Dizeo “Echaste buena”.
Sigue grabando en Buenos Aires hasta 1927 y en 1928 vuelve a grabar en Barcelona, volviendo a hacerlo en Buenos Aires el 20 de junio del mismo año.
Vuelve a París y graba desde el 11 de octubre de 1928 hasta el 6 de abril de 1929; en Buenos Aires, entre 1929 y 1930; en París, en 1931; en Barcelona, en 1932; en Buenos Aires, en 1933 y las últimas grabaciones las realiza en Nueva York, desde el 27-7-34 hasta el 20 de marzo de 1935, con “Guitarra mía”, de Gardel y Le Pera.
Hoy, a noventa años de su primer disco Columbia Récord, Gardel sigue siendo el genuino representante de nuestro repertorio nacional.

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Buenos Aires, 2002.
(Trabajo publicado por el Museo Casa Carlos Gardel en PARA VOS, MOROCHO)

LAS PRIMERAS GRABACIONES:
Antes de 1902 las grabaciones se registraban en cilindros. A partir de dicho año comienza a grabarse con sistema acústico (o mecánico), ya no en cilindros sino en discos. Alrededor de 1904 se grabaron los primeros tangos, con instrumentos de viento y rondallas (bandurria, mandolín, violín y guitarra). En este sistema dos grandes bocinas registraban los sonidos, los que se imprimían sobre cera virgen. Recién en 1911 se incorpora el bandoneón, en un registro de la Orquesta Típica Criolla dirigida por Vicente Greco. En 1926 se graba el primer tango con el sistema de grabación eléctrico, que mejoró notablemente la calidad del sonido. La intérprete de dicho tango fue Rosita Quiroga.

MAX GLUCKSMANN
Inmigrante austríaco que en la Casa Lepage, a fines del siglo XIX y principios del XX produce, distribuye, vende y exhibe películas. Sus estudios de grabación registrarían para Discos Nacional Odeón las primeras grabaciones del dúo Gardel-Razzano. Max Glucksmann fue, sin discusiones, pionero de las industrias discográfica y cinematográfica argentinas.
 
Fuente: www.quiesgardel.com.ar  
 

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