Dos crímenes para aprender

Pilagás. Un modelo de lo que dejó la llamada colonización para los pueblos originarios. Cuando quisieron defender lo suyo de los invasores, la solución occidental y cristiana: balazos, muerte, persecución.

 El bosque, la selva como último recurso, como último refugio. Pero el presente y el futuro les anuncia: hasta allí los van a perseguir, hasta de allí los van a expulsar con la palabra progreso. Irán a engrosar, como otros originarios, las villas miseria de las grandes ciudades del progreso.

Todavía quedan entre ellos algunos ancianos que recuerdan la matanza sufrida en 1947 a manos de la Gendarmería Nacional. Rincón Bomba. En Formosa. A tiro limpio, los salvajes, los bárbaros, expresión de Julio Argentino Roca que quedó para siempre.

Es que había que dejar libres las tierras para los inversores. Ahí está el futuro: las inversiones, no el cuidado de la naturaleza. Después de los tiros asesinos de la Gendarmería Nacional en 1947, llegó el progreso a manos llenas. Llenas para quienes obtuvieron las ganancias.

La crueldad como principio. Total, son salvajes. Esos “salvajes” recordaron con lágrimas, hace pocos días, la masacre, el asesinato impune de niños, mujeres, hombres por portación de rostro. “Que la verdad llegue a la luz”, dijo con voz humilde Bartolo Fernández, el presidente de la Federación del Pueblo Pilagá, en el acto recordatorio del brutal crimen masivo, en Las Lomitas. La selva quedó sembrada de cadáveres, más de cuatrocientos. Nunca nadie pidió disculpas por un crimen de extrema crueldad. El juez de la Corte Suprema de la Nación, Eugenio Zaffaroni, con su valentía de siempre y su búsqueda de la verdad, lo dijo claramente: “Si alguien pretende eliminar un pueblo, una cultura, comete genocidio. Lo que hicieron los nazis con los judíos, se ajusta a la definición de un genocidio. Lo que hicieron los turcos con los armenios, también. Y lo que hizo el Estado argentino con los pueblos originarios, otro tanto, fue un genocidio” (Reportaje contenido en el libro Argentina Originaria: Genocidios, Saqueos y Resistencias, de Darío Aranda, que acaba de publicarse).

Amnesty International ha comenzado el estudio de la situación de los pilagás sobrevivientes a la masacre de 1947. Acaba de publicar su investigación acerca de lo ocurrido en 1997 –medio siglo después de la masacre de Rincón Bomba– en el asentamiento pilagá de El Descanso, en Formosa, de donde se los trató de expulsar con otros métodos, ya no el de las balas. Ese año la vida cambió para esos hijos de la tierra porque se construyó un canal –como obra pública– destinado a derivar las aguas del bañado cercano como parte de una serie de canales que se extienden a localidades y campos próximos. Fueron construidos en las tierras de la comunidad pilagá y en las zonas adyacentes. Para lo cual ni se informó a la comunidad ni se pidió su opinión sobre tal proyecto. Se hizo y ya está. Esto les trajo grandes problemas, perdieron en su mayoría la fuente de trabajo y de la propia alimentación, y su cementerio, escuela y viviendas se encuentran bajo las aguas.

En el acto pilagá del aniversario de la masacre, la cineasta Valeria Mapelman mostró su film Octubre Pilagá, relatos sobre el silencio, una denuncia clara, directa, con testimonios de los sucesos de la época y las consecuencias que tuvo para ese pueblo la masacre llevada a cabo con una brutalidad sin precedentes. Es decir, como siempre, en la historia terminan por salir a la luz los hechos degradantes que se trató de ocultar.

Es hora pues de que la Gendarmería Nacional haga un estudio histórico sobre tal cobarde ataque, que traiga los nombres y los responsables de quiénes fueron los autores y los que dieron tales órdenes y finalmente pida disculpas públicas a las víctimas. También, que se conozca el nombre de los políticos responsables. Si esto no se hace avanzaremos muy poco en busca de una verdadera democracia.

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Lo dice el juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, en el reportaje citado: “Tratar a los puebles originarios como si no existieran, hacer de cuenta que son invisibles, constituye una de las formas de la discriminación. En la medida que se niega su existencia, los indígenas reclaman derechos que no les dan y no se los dan porque aquí el sentido de la invisibilidad es no existen. Ese gesto niega a los pueblos indígenas la propia existencia, ya no sólo los derechos, sino mucho más, una negativa más radical. Cuando se dice: ‘En la Argentina no tenemos el problema indígena’, se habla como si los indígenas resultaran un problema. Cuando se dice: ‘En la Argentina no hay indígenas’, se niega la existencia misma de todo un pueblo”.

Una frase que lo dice todo. Negar, mirar siempre hacia adelante, como recomiendan ciertos políticos cuyo pasado los acusa de haber sido aduladores de cuanta dictadura se instaló en este país, traicionado tantas veces después de aquel sublime grito de Mayo de 1810.

Pero no nos quedemos en lo de ayer. Veamos nuestro hoy. Lo que acaba de ocurrir con la muerte del joven Mariano Ferreyra es otro episodio que nos debe llenar de vergüenza a los argentinos. Que después de la terrible experiencia de los crímenes cometidos por la última dictadura militar se sigan repitiendo hechos así de matonismo no tiene explicación. El cobarde asesinato tiene profundas raíces de un sindicalismo corrompido que sigue permaneciendo vivo pese a todas las enseñanzas de la historia.

Ya nos había dado una lección bien didáctica el mejor de todos, Rodolfo Walsh, con su Quién mató a Rosendo. Si viviera ya estaría afilando el lápiz para anotar en un papel doblado –como lo hacía él– nombres y otros datos. A él no se le escapaba nada. Pero vemos que los responsables no han aprendido nada de las experiencias. Para terminar con las “mafias” sindicales no hay nada mejor que establecer por ley que ningún directivo sindical puede ejercer su mandato por más de cuatro años. Y luego volver a su trabajo, para no perder contacto con el clima que tiene que conocer desde la base. Lo sé por experiencia propia. Fui secretario del Sindicato de Prensa desde 1959 a 1963 y ese mismo año renuncié y volví a las redacciones. Porque no es honesto dirigir un gremio sin haber tenido periódicamente el contacto con la base, el contacto diario. Además se ayuda así a que muchos otros vivan esa experiencia y no da lugar al personalismo de los que con el tiempo se van creyendo imprescindibles. El regreso del dirigente a la base significa además una ayuda a esa base por la experiencia que trae ese ex dirigente. El reemplazo de los dirigentes tendrá que convertirse en una costumbre que habla de la dignidad y de la vocación por servir desde la base a los trabajadores.

Porque de otra manera se comienzan a formar las mafias en torno del dirigente eterno para permanecer siempre en el poder. Con las mafias llegan los grupos armados Lo que acaba de ocurrir con el joven Ferreyra es justo eso, el miedo de los mafiosos a que se ponga en duda una política con los ferrocarriles que viene del tiempo nefasto de Carlos Menem.

Ojalá que el nombre de este joven asesinado en forma tan cobarde nos sirva de guía para iniciar una reforma fundamental de la organización sindical argentina. Volver a los orígenes de nuestro movimiento obrero, aquel heroísmo de haber fundado, a pesar de la dureza de los gobernantes de esa época, las primeras sociedades de oficios varios, como se llamaron al principio. Y como decíamos, la única que podía tomar resoluciones era la asamblea, no había dirigentes, sólo un secretario de actas para dejar sentadas las resoluciones. Si bien las épocas han cambiado, no permitir jamás que el cargo sindical se constituya en una profesión, donde el dirigente sindical es el mandamás por excelencia acompañado por un coro armado que lo aplaude. Que el nombre de Ferreyra sirva para eso, para iniciar un período de regreso a las bases, del dominio democrático de la asamblea y, como decíamos, esto es fundamental, la limitación del mandato de todos los que posean cargos sindicales. ¡Volver a las bases! Tiene que ser el lema de todas las fuerzas democráticas que respaldan las luchas por los derechos legítimos de los trabajadores.

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La masacre de los pilagás, la muerte del joven Ferreyra. Dos ejemplos para aprender a forjar un camino hacia una verdadera democracia.

por Osvaldo Bayer
 

Fuente: 

Diario Página/12 23/10/2010

Informacion Adicional: 

MATANZA A LA COMUNIDAD PILAGÁ
Rincón Bomba, Formosa

En 1947, hubo una gran masacre al pueblo pilagá en Rincón Bomba, Formosa. Más de 500 mujeres, niños, hombres y ancianos fueron masacrados por tropas de Gendarmería Nacional. Casi seis décadas después, la justicia federal ordenó exhumaciones cerca de Las Lomitas, donde se cree hay tumbas comunes.

Los pilagá son descendientes de los Guaycurúes, aborígenes que habitaban
en los montes, en el norte del actual territorio argentino que vivían desde el siglo XVI frente a lo que hoy es Asunción del Paraguay. Los pilagá son los únicos guaycurúes que todavía, en gran parte, han conservado una cultura autóctona. Viven en la provincia de Formosa.

En el año 1947, entre el 10 y el 30 de octubre, durante el primer gobierno de Perón, cientos de aborígenes pilagá que marchaban con grandes retratos de Perón y Evita fueron atacados con ametralladoras por la Gendarmería. En esta campaña de la muerte fueron asesinados, en Rincón Bomba, más de 500 argentinos de etnia pilagá y hubo más de 200 desaparecidos. Estas cifras, sumadas a unos 50 muertos por intoxicación, hambre y falta de atención médica y la desaparición de un número indeterminado de niños, elevan las bajas a más de 750 personas. Aunque hoy, las investigaciones judiciales llevan a afirmar que las víctimas superan los 1.500.

En pocos días, por el método del fusilamiento masivo y la persecución a campo abierto atraviesa, con el declarado propósito de que no quedasen testigos, se intentó exterminar a todo indígena. Los activos de aquella matanza fueron la Gendarmería Nacional y cómplices civiles de la zona. Los incitadores-artífices, seguramente, terratenientes y capitalistas con intereses en la región.

Pero los hechos salieron a la luz recién en el 2005, a partir de una demanda de la Federación Pilagá contra el Estado Nacional. Hasta el momento, se hallaron huesos humanos que podrían ser de una mujer pilagá; los abogados Julio César García y Carlos Alberto Díaz y los mismos indígenas están seguros de que allí hay cientos de cuerpos que yacen a causa de la masacre de Rincón Bomba.

El 10 de agosto de este año, el Escuadrón Nº 18 Las Lomitas de Gendarmería Nacional, liderado por el Oficial Balderrama y tres Suboficiales de la fuerza en un camión, invadieron en la Comunidad Pilagá 29 de Abril-Penqolé, queriendo dominar y someter el territorio, el cual ya ha sido recuperado por este pueblo indígena. La actitud amenazadora y desafiante del Oficial Balderrama y el Suboficial Gómez junto a testigos fue pretender efectuar un acta constatando la identidad de cada indígena allí presente, quienes fueron desterrados en 1947 a través de una terrible matanza ejecutada en Rincón Bomba.

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Esta visita inesperada y amedrentadora por parte de Gendarmería Nacional llevó un par de horas de intercambio de palabras. En ese lapso, las familias reprobaron su presencia en el lugar y les pedían que se marcharan. Gendarmería produjo en el pueblo no sólo malestar sino temor ante tal enfrentamiento, con una firme respuesta de Balderrama al decir que no sería la última vez que estaría en el lugar…

La presencia intimidatoria de las armas produjeron conmoción en las familias. Inmediatamente que se fueron los gendarmes, los ancianos creyentes comenzaron a orar con profundo sentimiento cristiano, implorando a Dios que no se repitieran aquellos siniestros sucesos de sangre y fuego.

Los documentos que atestiguan lo ocurrido son escasos ya que a esta matanza, como muchas otras, se la ha mantenido solapada y en el silencio de la oscuridad durante décadas, aunque los Pilagá se levantan y reclaman por sus derechos, los cuales son quebrantados continuamente.

La Federación Pilagá requiere que se les otorgue una indemnización por todos los daños y perjuicios ocasionados a su pueblo como lucro cesante, daño emergente, daño moral y esclarecimiento de la verdad histórica por un valor de 100 mil millones de dólares.

“Estamos en una etapa contradictoria con el gobierno nacional, quien no se ha allanado a la demanda”, agregó el abogado Julio Cesar García de la Federación Pilagá, “en esta causa civil se ordenó este año, para sorpresa nuestra, la apertura de la investigación criminal y por primera vez pudieron declarar 12 testigos indígenas, todos ancianos. Fue verdaderamente fuerte porque ahí uno descubre hasta donde mella este tipo de crímenes de lesa humanidad”.

En la actualidad, abogados y antropólogos investigan en el lugar con el fin de que se conozca lo sucedido en la búsqueda de cientos de cadáveres descubiertos en la zona de los hechos, hoy terrenos de Gendarmería Nacional.

Gran parte de los pilagá de esa zona son evangélicos. Existen 20 comunidades con una población de más de mil. Están muy relacionados con los tobas y unos 2 mil hablan su propia lengua, junto con el castellano. Hay 3800 indocumentados.

A esta altura, sólo se ha relevado de su puesto a un empleado ministerial de segunda, indicado como el iniciador del conflicto. Mientras se indaga y se aclara lo acontecido, renacen preguntas como ¿porqué son echados hasta el día de hoy de esas tierras y quiénes son los interesados del centro-oeste de Formosa, residencia de los pilagá?, ¿por qué pasaron tantos años en que la matanza se mantuvo oculta? ¿por qué los historiadores que conocían estos hechos no los dieron a conocer?… A medida que surgan las respuestas a estos interrogantes habrá restauración para este pueblo.

Luís Arce, integrante de la comunidad pilagá expresó: “no somos atendidos en el hospital, el agua que pedimos nos la entregan muchos días después o en el momento de comercializar nuestras artesanías nos ofrecen trueque por un paquete de arroz, pero luego venden ese trabajo artesanal a un precio aún mucho mayor”…

Todavía hoy, se oprime a nuestros aborígenes, dueños de la tierra. Sin duda, siguen siendo una gran deuda social, quienes siguen aguardando en esperanza la justicia por estos crímenes de lesa humanidad.

Por Nancy Infandides
Productora Parque Vida – www.parquevida.com

 

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