Diario de un soldado nazi, contado por su hermano

El autor habla del «héroe» de la familia, de la humillación alemana tras la derrota y de por qué no se negaron a fusilar civiles.

«Cabeza de puente sobre el Donetz. A 75 m un Iván fuma un cigarrillo, forraje para mi metralleta». El texto es una entrada en un diario íntimo. El que escribe -rompiendo las reglas, no se podía llevar diarios- es un soldado alemán, un SS, en combate contra los rusos. Es marzo de 1943, el soldado tiene 19 años. Unos meses después está herido, sin piernas. Y enseguida, muerto. Pero el diario no está en el aire, el diario es parte de Tras la sombra de mi hermano, un libro que escribió el alemán Uwe Timm (1940). Que, como dice el título, era el hermano del soldado. El que vio, y acá cuenta, cómo gente común tomó como algo normal la masacre. Y cómo se pasó de la soberbia a la humillación tras la derrota: «El niño observaba a hombres y mujeres adultos que se agachaban a recoger las colillas que arrojaban al suelo los soldados americanos. Hombres a quienes hasta hacía nada había que saludar marcialmente (..) hablaban de repente en susurros y aseguraban que ellos no sabían nada, que ellos no habían querido que las cosas fueran así, que se trataba de una traición.» Ahora, Timm está en el país presentando -hoy- Del principio y el fin, un libro de ensayos sobre la creación literaria, editado por la Universidad de San Martín. Mañana hablará sobre «Literatura, nazismo y nuevos refugiados».  Literatura y nazismo han atravesado su vida. «Lo autobiográfico me ayudó a esclarecer la complejidad del tema, más allá de la bien sabida crítica histórica y moral», dice, en un mail, a Clarín. -¿Sintió la tentación de justificar a su hermano? (Era tan joven…) -No. Quise entender su vida. Timm muestra a ese chico que se alista por voluntad propia y del que poco queda además de unos pelos rubios en el peine que el ejército manda de vuelta a la casa. Muestra la familia: «Yo estaba en contra de que tu hermano se alistara en la SS, dijo mi madre. ¿Y mi padre?» Se muestra a él, el chiquitín, en la guerra: un nene «con un abriguito gris que entrechocaba los talones y saludaba con una reverencia». Y el final: «Un día, de repente, los mayores me hablaron con gran seriedad y me prohibieron hacer lo que acababa de aprender, chocar los talones. Y nada de decir ‘Heil Hitler’. ¡Bajo ningún concepto!» Con sutileza, cuenta detalles de la caída del III Reich. Sonidos. El fin de los nazis fue, también, el fin «del paso mariscal de los soldados que resonaban por todas las calles. Los vencedores llegaron con suelas de goma, casi inaudibles.»  Tras la derrota, dice, «Todo era terrible porque todos se consideraban a sí mismos víctimas, víctimas de un confuso destino colectivo provocado por fuerzas demoníacas». La discusión en las casas, cuenta, era cómo se podía haber ganado la guerra. Del hermano, el héroe de la casa, observa que la matanza le parece normal, «forraje para mi metralleta». Pero ve los bombardeos ingleses sobre ciudades alemanas como «un asesinato inhumano».  -¿Es una postura poco común el hacerse cargo de haber tenido nazis en la familia?  -Claro que hoy casi todos hubieran preferido tener a los padres en la resistencia contra Hitler, pero es sabido que en la inmensa mayoría de los casos no fue así, y eso es ampliamente reconocido. -Hay un dato en Tras la sombra… que es impactante. Que no había castigo para los soldados que no quisieran fusilar civiles. Pero que la enorme mayoría no se negó. ¿Esto lo llevó a usted a preguntarse por su hermano? ¿Pudo hablar de esto con su madre y su padre? -Claro que me pregunté, si mi hermano hubiera sido capaz de cometer atrocidades. Investigué mucho pero no encontré una respuesta definitiva, porque parece que el batallón de mi hermano no participó en actos de exterminio. Con mis padres no pude hablar de eso porque para ellos mi hermano siempre fue el hijo amado, un joven decente, una víctima. Pero lo que me interesó sobre todo fue la pregunta de cómo hubiera actuado yo en esa situación histórica. Y es una pregunta que también se la paso al lector. -¿Qué significó la literatura del nazismo en Alemania? -Una catástrofe, no sólo por la ideología fatal de los libros sino también porque esta literatura cortó con la tradición humanista y con la tradición de la modernidad y aisló a Alemania de la cultura internacional. Estéticamente insignificante. -¿Qué lugar ocupó? -Propagando el racismo conquistó un lugar en el centro de la sociedad. -¿Está terminada? -La literatura de ideología nazi si, habrá uno u otro que escribe barbaridades, pero son problemas marginales. -En otros países, como la Argentina, se siguen escribiendo novelas, incluso novelas gráficas para chicos, sobre el nazismo…. -En Alemania también. Es la generación de los nietos que ahora se ocupa del tema, pocas veces tratando de justificar a los abuelos que «no sabían nada», pero en general indagando críticamente en las biografías de padres y abuelos demostrando que hubieran «podido saber» y debido actuar. -¿La sociedad alemana es capaz de asimilar el enorme número de inmigrantes que piensa acoger? ¿Cómo se transformará la cara del país? -Es una pregunta que todos se hacen. Y las respuestas varían. Aparte de los xenófobos hay muchos voluntarios que ayudan en forma ejemplar y mi esperanza es que sigan siendo la mayoría. Hay que pensar que Suecia y Alemania son los países que más inmigrantes acogen. Si los otros países europeos se deciden a participar en mayor medida todo sería más fácil. EN ARGENTINA – Presentación de «Del principio y el fin»Hoy, miércoles 18, a las 19, en la Biblioteca del Instituto Goethe (Corrientes 343, CABA). El autor elegirá fragmentos de su libro, los cuales se leerán traducidos con un acompañamiento musical. – Literatura, nazismo y nuevos refugiados». Diálogo entre Uwe Timm y Berthold ZillyMañana jueves 19 a las 18 en el Auditorio Tanque del Campus Miguelete de la UNSAM (Av. 25 de Mayo y Francia, San Martín). por Patricia Kolesnicov Fuente: 

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Diario Clarín 18/11/2015

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