Descubren un centro clandestino en El Palomar

En la Primera Brigada Aérea de Palomar torturaban detenidos y recibían presos políticos del Ejército y la Marina para los “vuelos de la muerte”. La maqueta del terror según el fiscal.

El fiscal federal Federico Delgado comprobó la existencia de un centro clandestino de detención que todavía no es reconocido como tal, y descubrió la base de salida de un grupo de aviones de la Fuerza Aérea que participaron de los vuelos de la muerte.
Se trata de la Primera Brigada Aérea de Palomar, donde la fuerza armada menos investigada hasta el momento mantuvo personas en cautiverio, las torturó y recibió detenidos de otros centros clandestinos dependientes del Ejército, que fueron subidos a aviones y lanzados vivos al mar, como adelantó PERFIL en 2010.

La investigación de la Fiscalía Federal número 6 revela la existencia de “vuelos de la muerte”, que duraban entre 20 y 30 minutos. Los aviones partían de El Palomar llenos de detenidos y regresaban vacíos. Los aviones utilizados fueron los Fokker 27 y los Hércules C-130, los únicos que permiten que sus puertas se abran en el aire sin despresurizarse.

La investigación se originó cuando Lorena Carla Pacino, hija del detenido asesinado Carlos Pacino, solicitó en 2009 que se realice una investigación preliminar sobre los denominados vuelos de la muerte en la base aérea, ya que un sobreviviente aseguró que su padre había sido visto por última vez en el Olimpo, antes de subir a un camión que lo condujo a la Primera Brigada Aérea de Palomar.

El cuerpo de Carlos Pacino fue hallado en la costa atlántica. El 24 de marzo de 1977, el periodista Rodolfo Walsh había escrito en su Carta Abierta a la Junta Militar que arrojaban prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea. Pero la denuncia nunca fue comprobada hasta hoy. En la base, también funcionaban calabozos y las llamadas casitas de la muerte, bautizadas así por los conscriptos y empleados que escuchaban los gritos y música a todo volumen. Era donde torturaban a personas.

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Según consta en la causa, no se logró identificar a ninguna víctima con vida y la Fuerza Aérea “hizo lo imposible para informar mal, de modo incompleto, utilizando un lenguaje encriptado, fuera de término en general y que motivó una queja puntual de la fiscalía a la cartera de Defensa”.

La fiscalía logró determinar la existencia de los vuelos no sólo por la declaración de los conscriptos que prestaron servicios en la base, sino también gracias a informes producidos por ingenieros de la Facultad de Ingeniería de La Plata, que cruzaron datos de los legajos de vuelo de los pilotos, donde constan las horas que volaron y en qué aviones, con los cuadernillos de historiales de vuelo de cada uno de los aviones.

Los conscriptos declararon que desde la base despegaban aviones en vuelos “regulares” y de los “otros”. “Algunos aviones partían hacia la Antártida. Otros llevaban por el país a planteles de fútbol que competían en el Mundial de 1978. Así como había personas privadas ilegalmente de la libertad, otras disfrutaban de las piletas, de las canchas de tenis e incluso de un frontón en el que otras personas esperaban ser ‘trasladadas’ en un avión”, consta en la causa.

En las pistas de estacionamiento de los hangares de los aviones Hércules C130 y Fokker 27 y 28, “era habitual que, tanto durante el día como en la noche, personas ilegalmente detenidas fueran subidas a estos aviones con un destino desconocido. Las personas solían llegar en camiones cubiertos por lonas, furgones o colectivos particulares, así como también en camiones celulares color azul de la Policía Federal o grises de la Fuerza Aérea”, dice el expediente.

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Unos 600 testigos declararon en la causa

En la instrucción de la causa, realizada por la Fiscalía Federal número 6, declararon unos seiscientos testigos, entre conscriptos de las clases 1955, 1958 y 1959, y empleados civiles de la Primera Brigada Aérea el Palomar, que prestaron servicios a la fuerza entre 1976 y 1979.
La fiscalía solicitó al juez federal Daniel Rafecas, en el marco de la causa por delitos de lesa humanidad cometidos por el Primer Cuerpo del Ejército, que se declare “judicialmente probado la existencia de los denominados ‘vuelos de la muerte’ en la Primera Brigada Aérea de Palomar”, y pidió que disponga “las diligencias que considere necesarias para someter esta investigación parcial y sus conclusiones al escrutinio de la sociedad civil”. A pesar de haber probado que en la base aérea de El Palomar funcionó un centro clandestino de detención y que desde allí partían aviones cargados con detenidos-desaparecidos que habrían sido arrojados al mar, ningún testigo identificó a los pilotos y oficiales que participaron de los vuelos y las torturas. El fiscal, entonces, no pudo procesar a los sospechosos. Pero esclareció cómo funcionaba la base durante la dictadura.
Los arquitectos Jaime Grinberg y Daniel Ruiz –director y curador del Museo de Maquetas de la UBA– y el diseñador gráfico Pablo Rossi confeccionaron ad honórem una maqueta que “convirtió la investigación en una imagen”.

por Emilia Delfino
 

Fuente: 

Diario Perfil 24/7/2011

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