Del periodismo a la lucha armada

Jorge Masetti entrevistó a Fidel Castro y al Che Guevara en Sierra Maestra, luego fue uno de los fundadores de Prensa Latina y más tarde colaboró con las guerrillas de liberación, hasta desaparecer en Salta en 1964. Su nieto Martín es coautor del documental.

El documental La palabra empeñada (que se estrena hoy en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont) tiene su gran mérito en la sobriedad con que los directores han enmarcado la historia, además de que constituye un testimonio revelador sobre la vida del periodista Jorge Ricardo Masetti, nacido en Avellaneda en 1929. Masetti fue el único argentino que entrevistó a Fidel Castro y al Che Guevara en plena Sierra Maestra y cubrió la guerra de liberación de Cuba. En 1959 fue el fundador y director de la agencia de noticias Prensa Latina, que hizo frente a los monopolios de la información y en la que participaron Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez y Rogelio García Lupo, entre otros. Embebido del oleaje revolucionario de la época, Masetti dejó el oficio de periodista para volcarse a la lucha armada: colaboró primero en la guerra de liberación de Argelia y luego quedó al frente de la avanzada del Che Guevara en la Argentina, bajo el alias “Comandante Segundo”. A través de entrevistas a Gabriel García Márquez, Alejandro Doria, Ciro Bustos (integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo) y Conchita Dumois, su última compañera, además de material de archivo inédito, los realizadores Martín Masetti y Juan Pablo Ruiz le dan vida a una biografía poco conocida en la Argentina.

–¿Qué desean transmitir con la película?

Martín Masetti: –Juan Pablo y yo contamos una historia de vida que merece ser contada: la historia de mi abuelo, Jorge Masetti. Su figura fue tergiversada para sustentar la teoría de los dos demonios. Han estigmatizado a Masetti como un guerrillero loco y dejado de lado toda su labor profesional previa, como el ímpetu que tuvo en la creación de Prensa Latina. Muchos guerrilleros provenían del ámbito académico y eran profesionales destacados, gente que tenía muchísimo que perder y que entregó su vida. Sin embargo, durante el accionar guerrillero en la Argentina se cometieron errores.

–¿Por qué el documental está dividido en tres partes?

Juan Pablo Ruiz: –La película está estructurada de esa manera para contar la vida de Masetti en etapas que son los momentos más valiosos de su existencia: la de la Revolución Cubana, cuando tomó contacto con Fidel y el Che y esto produjo un cambio en su vida; la creación de Prensa Latina y cuando decidió pasar a la lucha armada. Por eso hay una secuencia de Masetti periodista en la Argentina, una segunda en Cuba y una tercera sobre el plan estratégico del Che para América latina, y en particular para la Argentina.

–¿Cómo fue el nacimiento de Prensa Latina en Cuba?

M. M.: –Prensa Latina fue creada en 1959, después del triunfo de la Revolución, como una agencia de información alternativa. A los jóvenes que hoy analizan la función del periodismo les resultará una propuesta inusual para la época. La premisa de mi abuelo era: “Somos objetivos pero no imparciales”. Prensa Latina contaba con poco apoyo financiero y luchaba contra el hostigamiento de la Sociedad Interamericana de Prensa y las agencias europeas y estadounidenses que acaparaban la información. Los periodistas que trabajaban en Prensa Latina tenían un gran compromiso político. Fue una agencia que contó con el apoyo de la intelectualidad europea y norteamericana, atraída por la naciente Revolución Cubana. Era un periodismo artesanal, construido a fuerza de pasión en la entrega por conseguir la noticia. Era notable la calidad de los profesionales que trabajaron en Prensa Latina: se juntaron Walsh, García Márquez, García Lupo, y fundaron una agencia que fue paradigma del nuevo periodismo. Masetti era el único periodista argentino que había entrevistado a Fidel y al Che en plena Sierra Maestra, antes del triunfo de la Revolución y en pleno cerco al Movimiento 26 de Julio. Al Che le llamaron la atención el coraje y la entrega de este periodista y desde entonces lo tuvo en cuenta para próximos proyectos. Masetti cultivó su amistad con el Che. Ambos compartían el deseo de hacer la revolución en la Argentina. El sectarismo en Cuba hizo que Masetti dejara la agencia en el ’62 y viajara a Argelia en una primera misión militar.

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–¿Qué motivó a Masetti a regresar a la Argentina?

M. M.: –Ni él ni el Che trataron de exportar la revolución a la Argentina. Era un momento de cambios profundos en el mundo y la idea de llevar a cabo una revolución era plausible. Al palpar el triunfo del Movimiento Independentista en Argelia, se aceleró en mi abuelo la idea de formar una guerrilla en la Argentina. Masetti era el organizador, contaba con una experiencia militar básica pero demostraba entrega, empeño y un convencimiento muy grande. Así se creó una avanzada de guerrilla que terminó trágicamente, con muertos y con problemas dentro del grupo. La guerrilla se conforma con una poética revolucionaria muy grande, pero se rige por la disciplina militar. Masetti, que era un periodista reconocido, terminó desapareciendo en la selva de Orán sin que hasta hoy se hayan logrado recuperar sus restos…

–La película está sustentada en una buena investigación periodística.

J. P. R.: –Durante un año entero nos dedicamos a recopilar fotos, entrevistas y hasta grabaciones perdidas de los años ’50, como una que Alejandro Doria le dio a Martín. La investigación duró hasta el último día de trabajo. No somos periodistas, pero hemos realizado un trabajo autodidacta. La película tiene un fuerte sustento periodístico. Tomamos testimonios de primera mano de gente que vivió directamente la historia y puede contrarrestar ese aparato que tergiversó a Masetti.

–A Gabriel García Márquez se lo ve emocionado en la entrevista. ¿Cómo dieron con él?

M. M.: –Era una entrevista primordial y necesaria. Sabíamos que iba a estar en el Festival de Cine de La Habana del 2008. Lo conocimos en una fiesta con música electrónica y luces de neón, rodeado de jóvenes que pugnaban por sacarse fotos con él. Ante la insistencia nuestra y el amor que le tenía a Mase-tti, García Márquez finalmente aceptó. A Mercedes, su esposa, le aclaramos que la entrevista no la íbamos a vender, que era sólo para el documental. Nunca nos interesó hacer una película sobre revisionismo histórico ni puntualmente focalizada sobre la lucha armada. Nosotros no provenimos del ámbito académico donde se hacen estos análisis. Al contar una historia de vida, fue difícil entrevistar a la gente sobre temas tan hondos y que afectan su sensibilidad.

–¿Qué opinión tienen del libro Muertos de amor, de Jorge Lanata, que cuenta la historia de la formación y desintegración del EGP?

M. M.: –Es poco serio, falto de rigor histórico. A Masetti se lo puede analizar y no coincidir con sus acciones, pero esa novela basada en hechos históricos carece de una investigación previa y no está a la altura de la trayectoria de Lanata. Me cuesta hablar de él porque me crié escuchando el programa Hora 25 en Rock and Pop, pero me hubiera gustado que tuviera más profesionalismo a la hora de escribir ese libro. La película la empezamos hace cuatro años y el libro salió hace dos. Como lector, tengo el derecho de pedirle a Lanata rigor científico por la talla de periodista que es. A los que quieran profundizar más sobre esta historia, les recomiendo El Che quiere verte, de Ciro Bustos, que editó Rogelio García Lupo. Es un gran libro, no sólo por lo histórico sino además tiene valor literario. El libro Los que luchan y los que lloran, de Jorge Masetti –editado por Graciela, una de sus hijas–, y lo digo con cierto pudor, está a la altura de Los 10 días que conmovieron al mundo, de John Reed. Los que luchan… es una crónica periodística que quedó en la historia del periodismo argentino.

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por Ana Bianco

Fuente: 

Diario Página/12 26/5/2011

Informacion Adicional: 

Masetti, un guerrillero
Especial para MARCHA, por Rodolfo J. Walsh (1965)

Un recuerdo atenuado de Masetti perdura en la calle Corrientes, en el Café La Paz; en el hall del Nuevo Teatro unas letras de metal dicen su nombre, perdido entre otros, porque hace años estrenó una obra; el único libro que escribió resulta ahora inencontrable.

Y eso es todo. Masetti podía seguir derivando en el olvido. Había otra historia que no acababa de juntarse con la suya. Era la historia de esos muchachos que hace un año se hicieron guerrilleros en Salta, y están algunos presos y otros muertos, y otros fugitivos. Los diarios que contaron el incidente que permitió descubrirlos, rodearlos, capturarlos, mientras su jefe, el Comandante Segundo, se internaba en la selva.

Masetti entrevistando a Fidel Castro – Del libro “Los que
luchan y los que lloran”.

Los que conocían a Masetti se inquietaron. No hubo viajero en La Habana, que en los últimos meses no llevara una pregunta, que siempre volvía duplicada y sin respuesta. Ha pasado un año. Se puede decir ahora que Masetti está muerto, y que Masetti, por supuesto, era el comandante Segundo.

La historia de esa guerrilla se escribirá, tal vez, cuando desaparezcan las instancias judiciales que obligan al silencio; cuando los presos salgan y se pueda hablar de esa aventura atroz, escondida, incomprensible para muchos.

Yo sólo quiero recordar a Masetti como era en la isla lejana y cercada, en la agencia de noticias que fundó y de alguna manera ayudó a destruir, en la pasión casi juguetona que lo devoraba, en la tormenta de sus confusos amores, en el humor grueso y eficaz del suburbio porteño, en el coraje recatado.

Decir que Masetti era un gran periodista, exige aclaraciones. Tenía dificultades con la sintaxis, a lo mejor no sabía lo que es un “lead’, quizá le faltaba sutileza literaria. Y sin embargo se puede decir; Masetti fue uno de los más grandes periodistas que tuvimos, porque a cambio de esos defectos le sobraba lo mero principal, Masetti se metía, y llegaba antes, y volvía con la justa.

Su reportaje a Fidel en la Sierra, casi al mismo tiempo que Herbert Matthews, es la hazaña más importante – y más desconocida- del periodismo argentino. Matthews tenía alrededor una aureola que venía de la Guerra Civil Española; llevaba consigo el prestigio imponente del New York Times. Masetti, no tenía nada, Masetti era un oscuro cronista de radio El Mundo cuando en 1958 se mete por la libre en el laberinto batistiano, llega a través de oscuros canales a ese pedacito de manigua en que doscientos barbudos famélicos están cambiando la historia y descubre esa fantástica gale-ría de héroes risueños y terrenos, Camilo, Barbarroja, el Che, Ramirito, que tanto lo impresionaron y a cuya imagen y semejanza quiso modelar, y modeló su vida.

Dialogando con el Che.

Masetti es otro hombre cuando de ese Olimpo candoroso y brutal baja a la perturbada sofisticación de La Habana, donde se entera que nadie ha recibido sus reportajes trasmitidos por la emisora rebelde. Se interna nuevamente en la Sierra, repite todo el trabajo, y cuando sale por segunda vez ha visto la acción, ha empuñado el fusil y tiene el grado de teniente (1) del ejército revolucionario. El libro que enseguida escribió, “Los que luchan y los que lloran”, es el testimonio apasionante de esa hazaña y de un momento crucial en la vida de los cubanos.

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La segunda empresa de Masetti es aun más importante. A comienzos de 1959, llamado por la revolución triunfante, crea la primera agencia lati-oamericana de noticias que consigue inquietar a los monopolios informativos. Masetti no sabía nada de agencias. Prensa Latina es una pura creación suya, hecha a golpes casi geniales de intuición. Recuerdo el asombro que sentí cuando en julio de ese año llegué a La Habana a incorporarme al equipo periodístico y vi las teletipos funcionando mientras en cada país de América surgía una sucursal.

El crecimiento de PL es el más vertiginoso en la historia del periodismo. A dieciocho meses de su creación tenía filiales en cada capital americana, en Londres, en París, en Ginebra, en Praga; convenios firmados con Tass, CTK, Hsin Sua, las agencias egipcias e indonesa, le daban un ámbito mundial. Como negociador, Masetti mostraba una insuperable flexibilidad: conseguía que los norteamericanos le abrieran canales de teletipo (cuyo alquiler nunca llegó a pagar) con Buenos Aires, Santiago, Río, Caracas, Washington, Nueva York; que los rusos le prestaran equipos de detección y escucha; que los chinos le construyeran una planta transmisora; que “L Express” de París y el “New Statesman” de Londres cedieran todos sus derechos latinoamericanos por ínfimas sumas. Más de cien clientes en América Latina y muchos centenares en los países socialistas; un volumen noticioso comparable al de las agencias norteamericanas; colaboradores regulares de la talla de Sartre, Waldo Frank, Wright Mills; todo esto era realidad a mediados de 1960.

Un año después ese meteórico imperio se había desmoronado. En cada país de América, la ruptura diplomática impuesta por Estados Unidos fue precedida por el cierre de la agencia. Una lucha interna asestó a PL el golpe definitivo. Afiliados comunistas montaron en el seno de la agencia una verdadera conspiración anti-Masetti, disfrazándola de lucha ideológica. Masetti contemporizó mientras pudo; al fin, les hizo frente. Se dice que debió intervenir el ejército rebelde para impedir que la diferencia se resolviera a tiros. No me consta, pero de algún modo encaja con la imagen que conservo de Masetti.

Por esa época dejé de verlo. Habíamos sido amigos. Creo que esa amistad no duró hasta el fin, por motivos que ahora resultan triviales. Cuando lo sacaron de PL, se fue a Argelia. De tanto en tanto tuve noticias suyas: estaba en Moscú, estaba alfabetizando en la Sierra, estaba otra vez en el Ejército Rebelde. Que haya aparecido en Salta como el Comandante Segundo (obvia referencia a un esperado Comandante Primero) no me asombra. Durante largas noches en La Habana habíamos hablado de la revolución en la Argentina. El ignominioso gobierno de Frondizi parecía justificarla, volverla posible.

El destiempo, la deshora presidieron el destino turbulento de Masetti. Cuando viene a vestir el uniforme de guerrillero, el país es otro, los argumentos más obvios para una acción revolucionaria se han esfumado. Tiene un día de mala suerte; ése en que se despeña de un barranco salteño y queda malherido. Tal vez sin ese accidente absurdo, este hombre que ya había hecho cosas imposibles pudo repetir la hazaña que lo alucinó cuando era un simple reportero? No sé. De sus heridas se recupera lo suficiente para poder caminar, para que no lo tomen prisionero. (Esa perspectiva, recuerdo, lo obsesionaba: “Imaginate, que te agarren, que te hagan cantar, qué vergüenza viejo”). Cuando todo está perdido, cuando el furor de la selva ha aniquilado prácticamente a su grupo, Masetti llena su mochila y se interna en la espesura, monte arriba.

No vuelve, todo el mundo sabe que no puede volver.


 

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