De Recoleta a Tigre a bordo de autos de principios del siglo XX

Más de 70 automóviles y motos clásicos de fabricación anterior a 1919 disputaron ayer el tradicional Gran Premio Recoleta-Tigre, que en su edición número 20 festejó el 110° aniversario de su creación. Las máquinas, que se encuentran en perfecto estado de funcionamiento y conservación, partieron desde el clásico café de Recoleta La Biela y, a lo largo de la Avenida del Libertador, surcaron camino rumbo al Norte.

Como todos los años, el encuentro fue organizado por el Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina (CAC), representante de la Federación Internacional de Vehículos Ancianos (FIVA), con el objetivo de recrear la primera carrera de ruta abierta de América del Sur realizada por el mismo trazado en 1906. Para esta edición, la Unesco concedió su patrocinio oficial por considerar este año el del Patrimonio Mundial Automovilístico de la FIVA. La prueba deportiva se largó desde la esquina de Quintana y Ortiz y cumplió un recorrido que llevó a los autos clásicos por la avenida Figueroa Alcorta, la calle Tagle y la Avenida del Libertador. Tras dejar atrás la ciudad de Buenos Aires, los vehículos y las motos atravesaron Vicente López, San Isidro y San Fernando, hasta llegar a su destino definitivo, en el Museo de Arte de Tigre. Allí permanecieron hasta las 17 para que los vecinos pudieran apreciar tanto a los vehículos como a los conductores y los acompañantes, que participaron de la carrera ataviados con trajes y vestidos de época. El automóvil más antiguo que participó ayer de la prueba fue un Rochester Spindle Seat 1901, de origen estadounidense e impulsado a vapor. También se sumaron marcas como International Harvester, Orient, Cadillac, Bouget 1906, Renault, Ford, Mercedes, Metz, Panhard Levassor, Benz, Imperia, Case Racer 1910, Scat y dos unidades Anasagasti, el primer automóvil fabricado en serie en la Argentina. A bordo de una de ellas viajó quien resultó ganador del Gran Premio Recoleta-Tigre, Guillermo Viacava. Como premio, recibió un botellón de seis litros del clásico vino Saint Felicien, que en su etiqueta rinde homenaje a Clorindo Testa. Entre las motos, las más antiguas fueron una Goricke de 1904 y una Shaw de 1910. Historia de la carrera En 1906, Buenos Aires se preparaba para realizar la primera carrera de automovilismo en ruta en América del Sur. Así nació el Gran Premio que aún perdura con el mismo entusiasmo entre sus participantes. La prueba Recoleta-Tigre es una de las más esperadas dentro del calendario anual de actividades de autos clásicos. La 20» edición fue otro de los eventos realizados por el CAC, que todos los años también organiza la feria Autoclásica. El Club de Automóviles Clásicos es una institución dedicada al rescate de vehículos históricos. Fundado en 1965 y con sede en San Isidro, cuenta con un patrimonio histórico reconocido internacionalmente que lo ha designado único representante en el país de la FIVA, organismo con sede en París que regula la actividad a nivel mundial. Este año, como siempre, el CAC convocó a otras entidades y participantes particulares a sumarse al Gran Premio Recoleta-Tigre, con la consigna de exhibir en movimiento los vehículos más antiguos que se encuentran en el país y recrear, por unas horas, el 9 de diciembre de 1906, cuando comenzó la historia de esta competencia. La primera prueba la ganó Miguel Marín, con un Darracq, y así se adjudicó la Copa Diario El País. El trazado era de tierra y las paradas se realizaban en los mismos lugares elegidos para esta edición. Ayer, también fue galardonado con una mención de honor y un botellón de seis litros de vino el arquitecto Eugenio Ottolenghi, por ser miembro del Club de Automóviles Clásicos y colega de Clorindo Testa. Fuente: 

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Diario La Nación 22/8/2016

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