De aquellos churros a estas diosas

Palabras que formaron parte del vocabulario porteño y parecían eternas, cambiaron como las modas.

Igual que cada rincón del mundo, Buenos Aires tiene personajes, monumentos, edificios o hechos poco conocidos que le dan una personalidad, una forma de ser. Muchas de esas cosas son las que se buscan reflejar cada semana. Pero aparte de las cuestiones palpables, están las intangibles que les dan vida a la ciudad. Por ejemplo: las palabras para definir o calificar hechos o actitudes y las modas que se imponen según pasan los años.

¡Qué churro! o ¡qué budinazo! era, hasta hace cuatro décadas, la mejor forma de definir la belleza de una mujer como las de aquellas chicas que José Antonio Guillermo Divito (1914-1969), el reconocido dibujante, humorista y caricaturista, impuso con sus trabajos que hicieron historia en la revista Rico Tipo: muchas curvas y muchas voluptuosidades. Hoy, a cualquiera de las jóvenes que se destacan por esas virtudes nadie les diría “churros”. Son “diosas” o simplemente “potras“.

Tampoco en la actualidad existen las expresiones “paparulo” o “chitrulo” para definir a alguien con pocas luces. Para los tiempos que corren un tonto es “un pancho”, lo que prueba que los cambios también pueden modificar significados, porque años atrás ser pancho era ser muy tranquilo.

Y ni hablar de términos totalmente fuera de foco como “piscolabis” o “tentempié”, para definir lo que es un bocadillo o una comida rápida, informal, apetitosa y divertida que se suele utilizar entre horas. Hoy, para no pasar por antiguo, habrá que referirse a un “snack” o, si se prefiere algo más castellano, a una colación. Esa será la manera más clara de demostrar que uno es “cool” y que está “in the mix”, algo que en otros tiempos se decía “estar en la pomada”.

El paso de los años también generó cambios en el uso del lenguaje para definir las relaciones de pareja. Y lo que alguna vez fue “ir a tomar un copetín”, después se convirtió en compartir “un drink”, para llegar al actual “tomar algo”. Claro, la primera era para los tiempos en que se tenía “un filito” o “una simpatía”, lo que los años iban a convertir en “amigovio”.

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Además, la acumulación de los almanaques dejó atrás un clásico de la noche de Buenos Aires: en la ciudad ya no existe ningún “piringundín”, aquellos lugares donde había “coperas” que invitaban a mucho más que compartir una copa. Ahora, la definición es más contundente: la imaginación popular los bautizó “puticlubs”, aunque algunos prefieran todavía llamarlos “cabarulos”, un término que ya tiene sus años.

Y si se trata de recordar términos que se llevó la historia del habla popular, no está demás pensar en aquellos “petiteros” de los años 50 y 60 que rondaban la zona de Santa Fe y Callao. Paraban en el Petit Bar, un café que también dejó su marca en la ciudad. Hoy, quienes marcan tendencia, son los que tienen “onda”.

Para el cierre hay dos palabras que, como muchas otras, también cayeron en desuso. Servían para definir un vehículo en mal estado: eran “catramina” y “cafetera”. Ambas tenían el mismo uso, pero la segunda había alcanzado algo más de popularidad, tanta que hasta había un típico cantito de chicos cuando salían de excursión. Decía “chofer, chofer/ apure ese motor/ que en esta cafetera nos morimos de calor”. La “cafetera” en cuestión era un micro sin ventanillas que tenían de techo sólo una lona con parantes. Por su forma, las llamaban “bañaderas” y fueron un clásico. Pero esa es otra historia.

por Eduardo Parise

Fuente: 

Diario Clarín 11/4/2011

Informacion Adicional: 

Quién fue Guillermo Divito:

José Antonio Guillermo Divito encarnó, en las décadas del cuarenta al sesenta, el arquetipo argentino del bon vivant. Nacido en Buenos Aires, este personal ilustrador, historietista, humorista gráfico, caricaturista y editor, es considerado una leyenda de la historieta argentina, tanto por las características de sus creaciones como por su vida, siempre asociada a los placeres mundanos.
Nacido en 1914, en 1931 publicó su primer trabajo en Páginas de Columba, fuertemente influenciado por el caricaturista Alberto Iribarren, al que consideraba su maestro.
A su temprano debut le siguieron colaboraciones en Sintonía, El Hogar, Semana Gráfica, Crítica y Patoruzú. Fue en esta última publicación, dirigida por Dante Quinterno, donde Divito comenzó a delinear su personal estilo, que quedó reflejado en series como “Oscar diente de leche”, “Enemigo del hombre” y “De tal palo, tal astilla”.
Ya en los años cuarenta, y afianzado como dibujante, surgieron dos de sus mejores personajes: “El Dr. Merengue” y “Bómbolo”. El primero, publicado inicialmente en la revista El Hogar, constituía un ejemplar ejercicio psicoanalítico, de acuerdo a los postulados de Freud, ya que el lápiz de Divito desnudaba la personalidad oculta del medido, recatado y hasta reprimido doctor, sacando a la luz a ese individuo ruín y libidinoso que era su “otro yo”.
“Bómbolo”, por su parte, que aparecía en La Prensa, simbolizaba todo lo contrario: el tipo ingenuo, bonachón y crédulo que los porteños de entonces calificaban redondamente como “un gil”.
Pero fueron sus célebres “chicas” las que dieron vuelo propio a la creatividad –y consiguiente prosperidad– de Guillermo Divito.
Comenzó a dibujarlas en Patoruzú, hasta que Dante Quinterno tuvo la mala idea de cuestionar la brevedad de sus faldas. Divito, antes que claudicar en sus convicciones estéticas, decidió intentar la publicación de su propia revista y así, en 1944 nació Rico Tipo, una revista que llegó a vender 350.000 ejemplares semanales, consagrando a las “chicas Divito” como el arquetipo de la belleza femenina.
Pocas creaciones tuvieron en la historia de nuestro humorismo gráfico una influencia tan grande: las chicas de Divito –curvilíneas pero estilizadas, audaces, de cinturas breves, caderas generosas y tobillos casi inexistentes– se convirtieron en modelo de belleza para las mujeres y en fantasía inalcanzable para los hombres de toda una generación.
El éxito de su producto le permitió a Divito hacer incluir en su vida de hombre emprendedor y talentoso otras actividades que quién no las ha soñado: viajar, disfrutar de la buena mesa, escuchar jazz y conducir autos deportivos.
Rico Tipo fue, además, la plataforma de lanzamiento de otros personajes (en algunos casos con sus posteriores revistaspropias) que llegaron a tener una enorme repercusión popular, como “Fúlmine”, “Falluteli” y “Pochita Morfoni”, que –como era común en el humor de la época– encerraban en el nombre su característica física o rasgo psicológico más salientes.
Por lo tanto, la editorial fue una fuente de difusión y trabajo para muchos talentos del dibujo y la historieta, como Ianiro, Mazzone, Oski y Toño Gallo.
Guillermo Divito murió el 5 de julio de 1969, conduciendo su auto –deportivo y de color rojo– con el que se estrelló contra un camión en una ruta del Brasil, país que amaba profundamente.
La revista que había creado lo sobrevivió apenas tres años, ya que Rico Tipo y Divito eran uno. Sin su creador, completó un ciclo de 28 años que simbolizan el esplendor de la historieta argentina de aquellos tiempos.

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Fuente: www.museodeldibujo.com

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