Cumplió 125 años el zoológico porteño, gran tesoro patrimonial

“No hay ninguna ciudad de mediana importancia que no tenga un zoológico, que es el punto favorito de reunión de multitudes”, dijo Carlos Pellegrini, en ese momento vicepresidente de la Nación (1886-1890), y le otorgó entidad propia al zoo porteño un 30 de octubre de 1888. Desde 1875 formaba parte del Parque Tres de Febrero. Pero además de su autonomía, se lo dotó de una infraestructura de enorme riqueza que aún hoy conserva, pese al descuido crónico y a la falta de inversiones y mantenimiento.

El zoológico de la Ciudad cumplió 125 años y representa el conjunto arquitectónico más importante de Buenos Aires: en 18 hectáreas tiene 52 edificios que, desde 1997, son Monumento Histórico Nacional. Algunos son extraordinarios, como el recinto de los elefantes: construido en 1904 por Virgilio Cestari, es una réplica del Templo de Minaski, de Bombay, India. Sus bajorrelieves y esculturas reproducen escenas de las escrituras sagradas indias y también hacen referencia a Shiva, dios del amor, y a Vishnu, dios constructor, divinidades del panteón indio. El año pasado fue restaurado y recuperó parte de su brillo original. Otros edificios destacados son las réplicas de un templo indostaní y de una pagoda china. Y en el ingreso se conserva el portal, que es una réplica en escala del Arco de Tito romano. De hecho, es el único sobreviviente de los tres portones que marcaban el acceso al Parque Tres de Febrero. Ahora está en etapa de restauración lo que era la biblioteca: un edificio que copia también el romano Templo de Vesta. Además, restauran la glorieta, otra obra brillante, cuya estructura padeció durante décadas la implacable falta de mantenimiento. Como muchas otras construcciones de fines del 1800 y principios del 1900, el zoológico fue pensado para darle a la creciente Buenos Aires una impronta de los paseos europeos que aún conserva. Desde 1991 el Zoológico –que es propiedad del Gobierno de la Ciudad– fue entregado en concesión a diferentes empresas privadas. Recientemente su manejo fue subastado, una práctica muy criticada por los conservacionistas (ver Una historia…). Según detalló a Clarín el departamento de Biología del Zoo, hay en exhibición 2.500 animales y casi 100 en recuperación. “La mayoría de los que están en recuperación son presas del tráfico de fauna. Son incautados por la Dirección de Fauna Silvestre, curados en nuestro zoo y devueltos a su hábitat natural. En este momento tenemos unos 50 pájaros. Los autóctonos serán devueltos en pocos días, pero los exóticos quedan aquí hasta que Fauna Silvestre decida qué hacer”, explicaron. Todos los años se devuelven al mar tortugas y se crían –en incubadoras, sin contacto con los humanos– cóndores que son liberados en Sierras de Pailemán, en Río Negro. Los cambios sociales y la evolución en la conservación cambiaron el paradigma de funcionamiento de los zoológicos. En lo que puede ser considerada una jugada de marketing notable para principios del 1900, su segundo director –el escritor e investigador Clemente Onelli– invitó a los porteños a montar sobre el lomo de camellos, elefantes y ponies. Así, de un año al otro, el Zoológico pasó de tener 1.500 visitas a 15.000. Onelli estuvo al frente del paseo entre 1904 y 1924. Su antecesor había sido Eduardo Ladislao Holmberg. Hoy el Zoo recibe 3 millones de visitas al año y, como otros ubicados en grandes ciudades, quedó rodeado por edificios, avenidas y tránsito. Su profusa arboleda apenas logra aplacar el ruido. por Silvia Gómez Fuente: 

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Diario Clarín 31/10/2013

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