Cuando los fierreros salían a la calle

La pasión por los autos es algo que está en el ADN de los argentinos. Lo prueba cada carrera de cualquier categoría que se corre en el país y el atractivo de verla por tevé aun cuando sean en otra parte del mundo. Por eso el reciente anuncio de la vuelta de la Fórmula 1 o el desarrollo, en unos días, de una competencia por calles de Buenos Aires, entusiasman al mundo fierrero.

 En los últimos años, la actividad suele concentrarse en autódromos especialmente preparados. Pero los circuitos callejeros siempre tienen un imán superior. El mayor ejemplo: el Gran Premio de Mónaco. Y en ese sentido Buenos Aires también supo tener lo suyo. En la Ciudad siempre fue tradición la largada simbólica de los grandes premios de Turismo Carretera y Turismo Nacional frente a la sede del Automóvil Club. Pero la primera vez que en calles porteñas hubo carreras de autos de fórmula propiamente dichas fue en 1947.Circuito callejero por los bosques de Palermo, que se usó entre 1948 y
1950 – Fotografía Diario Clarín
 Fueron tres que se desarrollaron el 2 y el 9 de febrero y el 2 de marzo, en un circuito de 2.410 metros construido en las actuales avenidas de los Inmigrantes, Antártida Argentina y Ramón Castillo, en Retiro. Según recuerda Miguel Angel Sebastián, periodista de Clarín especializado en automovilismo, las dos primeras las ganó Luigi Villoresi y la otra Achille Varzi. También contó Sebastián que en 1948, 1949 y 1950, se corrió en Palermo, en un circuito que estaba en los bosques, cerca de la calle La Pampa y avenida del Libertador. En una de esas carreras, realizada el 6 de febrero de 1949 bajo una fuerte lluvia, Oscar Gálvez logró el primer triunfo de un argentino sobre los extranjeros. Claro que aquello tenía sus riesgos. Una semana antes, en un entrenamiento previo a la carrera, se había matado el francés Jean Pierre Wimille, uno de los grandes pilotos de esos tiempos. Las máquinas que participaban en esas competencias eran conocidas como “Autos Especiales”, lo que equivale a la actual F1. Es que todavía no se había creado el Campeonato Mundial, algo que ocurrió recién en 1950. Hubo otras dos callejeras el 18 y 24 de enero de 1951, en un circuito armado en la zona de la Costanera Norte. Las ganó José Froilán González y por eso lo llamaron para que se sumara al equipo Ferrari. Por entonces, también hubo carreras en circuitos callejeros armados en Mar del Plata y en la zona del Parque Independencia de Rosario. En Buenos Aires, la F1 volvió a correr en 1953 en el autódromo “17 de Octubre” (actual Gálvez), que se había construido por un pedido de los pilotos al presidente Juan Perón. Era la condición exigida para que la carrera se pudiera hacer en la Ciudad. Y aquella fue una de las primeras competencias de ese campeonato que se corrió fuera de Europa. La ganó Alberto Ascari, con una Ferrari. Las carreras de autos en las calles porteñas fueron prohibidas por una ordenanza municipal de 1960. Pero en 2010, la Legislatura la derogó tras un debate que terminó con 24 votos a favor, 15 en contra y 9 abstenciones. Claro que en esta cuestión de autos veloces no todo fue profesional. También hubo aficionados que dejaron su huella. Para eso alcanza con recordar la vida de Roberto Casimiro Mieres, más conocido como “Bitito” o “El marqués”, quien un día, después de correr con su auto por las calles de la Recoleta, entró a un bar sobre la avenida Quintana, llevando en la mano una biela que había salido de su motor a tomar aire. Aquella imagen sirvió para cambiarle el nombre al lugar. Pero esa es otra historia. por Eduardo Parise Fuente: 

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 Diario Clarín 26/3/2012

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