Cuando la Marina prohibió a Gardel

– ¡¿Saben que me acaba de contar Segundo?¡, nos dijo con cara de azorado el operador de Radio Mitre José Tello…

La respuesta fue obvia:  – ??????- ¡La mujer del interventor le pidió que no pusieran mas en la radio grabaciones de Gardel!!!!…porque es una grasada.- ¿Cómo sabes semejante cosa?- Me lo contó Segundo. Después del golpe militar de 1976, los medios de comunicación que estaban en manos del Estado, fueron intervenidos por oficiales militares. En el emblemático edificio de Maipú 555 -donde hoy se encuentra Radio Nacional- funcionaba Radiocentro, que estaba integrado por tres emisoras: Mundo, Mitre y Antártida. Al frente de ese complejo, se nombró a un capitán de navío, Carlos Adámoli, cuya experiencia en los medios de comunicación era el de haber sido un experto navegante en veleros de pequeño y  mediano porte, habiendo llegado a destacarse en el legendario “Fortuna” con el que había  obtenidos distinciones y premios varios.    Segundo, persona claveSegundo, si no me falla  la memoria y porque de estos sucesos como es de suponer no se guardaron documentos, era un suboficial mayor que hacía las veces de guardia de seguridad y tenía como misión evitar que por la puerta del edificio alguien se llevara un piano, algún grabador, los micrófonos y cualquiera otra cosa. Aunque la tarea más destacada para un hombre con casi 30 años de servicio era lo que no debía entrar: bebidas, elementos extraños, personas no autorizadas y sobre todo, mujeres con escote llamativo, pantalones ajustados o minifaldas. Esta parte de la función de Segundo lo ponía muy triste. “Parezco un viejo mirón”, se lamentaba, pero cumplía con eficiencia.Trabajaban en las tres emisoras  del edificio locutoras y conductoras como “Pupy” Crazyl, Norita Perlé, Stella Montes, y varias otras  de voces seductoras,  movimientos atractivos y figuras muy interesantes. Si la voz y las canciones de Gardel habían resultado una “grasada”, estas compañeras de trabajo seguramente para la esposa del interventor habrán sido un escándalo. Los varones debíamos vestir de saco y corbata, aunque esta directiva venia de “más arriba”. Pasado poco tiempo, Segundo se fue familiarizando con los modos y las costumbres de los empleados de las tres radios. Con algunos, llegó a cierto grado de trato algo más cercano, sobre todo los del área técnica; también, sin llegar a ninguna traición, aparecieron algunas infidencias y confidencias. A los periodistas de los tres informativos no nos tenía ninguna confianza y prefería mayor distancia.  Esa cercanía con algunos permitió  que, pasado cierto tiempo, se fuera relajando ese trato que nunca llegó a ser muy rígido. Así fuimos conociendo por chismes, rumores y el efecto radiopasillo, de situaciones que sucedían dentro de la oficina del interventor, como la de prohibir  a Carlos Gardel y a otros artistas populares. Por supuesto, hacía rato que Hugo del Carril ya estaba prohibido y otros, como jorge Cafrune, ingresaron en esa lista. El interventor y su jefe de seguridad no eran malas personas en el trato diario con el personal, pero del funcionamiento de  un complejo de radio como aquel, de su poder y potencial nunca tuvieron la menor idea. Sus jefes superiores tampoco tenían idea del poder de una emisora de radio y sobre todo de su informativo. Ellos estaban de acuerdo con prohibir a Gardel o a otros artistas de alcance popular. Estaban en otra cosa.    por Héctor H. Rodríguez Souza

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