Con la memoria del terror de Estado

El terror stalinista tiene pocos parangones en la historia, del cual el Jinete escapó por milagro. El historiador víctima de este reportaje se interna en el problema de qué hacer con la memoria de los crímenes, y tanto en Rusia como en Argentina. No es para leer de noche.

–Usted es un historiador dedicado a investigar el terror en la URSS. Dirige en Moscú Memorial un centro histórico y es defensor de los derechos humanos. ¿Por qué no aprovecha estas líneas para presentarse y contar qué vino a hacer al país?

–Vine a la Argentina invitado por el Centro de Estudios de los Mundos Eslavos y Chino (Cemech), de la Universidad Nacional de San Martín, para participar de la conferencia internacional “El terror de Estado en la URSS y la experiencia de América del Sur”, este viernes a las 18.30 en la Biblioteca Nacional. Soy historiador, en el año 1975 comencé a editar de manera clandestina la primera revista independiente de historia, Pámiat (Memoria), que comenzó a hablar entre otras cosas sobre la represión de revolucionarios no bolcheviques y de los partidos socialistas a partir de 1917. Años después fui prohibido en la Universidad, trabajé un tiempo como maestro de escuela, pero la KGB ordenó que me echaran en 1979. En 1981, el gobierno me “invitó” a emigrar a Occidente y me negué. Fui arrestado y condenado a cuatro años de campo en Siberia.

–¿Cómo era esa revista clandestina? ¿Qué papel jugó?

–La revista estaba consagrada a la historia del terror político en la URSS desde su comienzo hasta los años ’60. Era un tema prohibido, oficialmente no se podía investigar ni evocar libremente. Publicábamos documentos e investigaciones paralelas sobre la persecución política. El objetivo era conservar una auténtica memoria nacional y no las falsedades impulsadas desde el Estado.

–¿Cuál es el significado en Rusia del término “terrorismo de Estado”?

–El terrorismo de Estado es el terror practicado por el Estado soviético contra sus opositores políticos…

–Auténticos…, potenciales o inventados…

–Claro. Lo llevaron a cabo los órganos estatales por orden del poder supremo del Estado y bajo su control. El número de víctimas directas de ese terror entre el final de la guerra civil, o sea a partir de 1922-23, y el fin del gobierno comunista varía de 11 a 12 millones de personas, de las cuales más de un millón fue fusilado, mientras que varios millones –todavía desconocemos la cifra exacta– murieron en los campos de concentración o gulags. El terror fue uno de los métodos más importantes para administrar el país.

–¿Cómo vincula el conocimiento histórico con los derechos humanos?

–Trabajamos para restablecer la verdad histórica, y esto es imposible sin una memoria consciente. Tenemos conciencia de ser al mismo tiempo historiadores y responsables sociales. El tipo de cuestiones que planteamos es más amplio que el mero trabajo de los historiadores académicos. Nos preocupa acumular datos históricos, sistematizarlos y conceptualizarlos –para esto trabajamos en los archivos estatales, reunimos archivos personales, preparamos publicaciones y realizamos conferencias–, pero también nos parece clave la educación de la población, por eso organizamos exposiciones, debates abiertos a todo público, constantes intervenciones en los medios, colaboración con los museos provinciales, las escuelas. Queremos ajustar cuentas con el pasado, instalando memoriales en los sitios del terror, y también mejorando la situación económica y social de las víctimas.

–Un concepto abarcador de memoria…

–Sí, debemos no sólo conocer los hechos criminales, sino también comprender qué tipo de crímenes fueron, por qué sucedieron, quién y qué instituciones o estructuras son responsables. Aquí el trabajo sobre el pasado no es suficiente. Estamos permanentemente trabajando con el presente, enfrentando los problemas actuales relacionados con las violaciones de los derechos humanos.

–Por comodidad hablemos de “sociedad”, aunque si respetáramos la historicidad del concepto, no existía en la URSS y en los principios del post sovietismo. ¿Qué relación hay entre la sociedad y el terror y entre la sociedad y la violencia desde la época de Jruschov y su denuncia de los crímenes de Stalin?

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–Desde la época de Jruschov existe un consenso de rechazo categórico de la violencia como modo de resolver los problemas sociales y políticos. Este consenso se funda en la terrible experiencia del siglo XX, siglo de guerras y terror. Todo indica que este consenso se expresó en que la disolución de la URSS tuvo un carácter relativamente pacífico. O sea, el rechazo de la violencia es ya un rasgo saliente en la opinión de la población. Hoy, las capas educadas de la población en su conjunto coinciden en una crítica intransigente del terror. Esto se ve en todas las encuestas.

–Usted sabe que una parte de la sociedad en la Argentina, y seguramente en Rusia también, todavía se pregunta si es necesaria una “memoria del terrorismo de Estado”.

–Así es. Mucha gente piensa que se puede avanzar sin aclarar los problemas de ayer. Personalmente estoy convencido de que es una posición equivocada. Son demasiadas las huellas todavía visibles del terror y de sus consecuencias.

–¿Por ejemplo cuáles?

–El miedo frente al Estado, la idea de que el Estado es el valor superior y el individuo un grano de arena con el que el Estado puede en cualquier momento hacer todo lo que quiere, la desconfianza en el derecho, en las leyes, en las instituciones democráticas, la falta de solidaridad y otros muchos fenómenos, todo esto es la consecuencia del terror que durante setenta años se fue haciendo parte de la naturaleza de cada uno. Sólo se pueden superar esas huellas si conservamos la memoria del terror, si se guarda en la memoria que el Estado soviético fue la fuente de crimen.

–Usted sabe que para millones de personas de todo el mundo la Revolución de Octubre significa la tentativa de comenzar la auténtica liberación del hombre, mientras que Stalin simboliza la victoria sobre el nazismo.

–Claro, no es posible pintar la historia en blanco y negro. Ese gran historiador y disidente que fue Mijail Gefter, cuando le hacían ciertas preguntas, comenzaba la respuesta con “todo es muchísimo más complejo”. Esto se aplica aquí. Puede que Octubre de 1917 haya “liberado al hombre” como dice usted, pero también está hoy fuera de duda que Octubre tiene como consecuencia absolutamente lógica el terror que se fue acentuando año tras año. El Estado totalitario también es una consecuencia de Octubre. En cuanto al “Stalin victorioso”, se lo puede mirar de otra manera, desde el precio que hubo que pagar por una victoria real. Es decir que con sus purgas Stalin destruyó el ejército soviético en vísperas de la guerra con Alemania, luego millones murieron o cayeron prisioneros de los alemanes como consecuencia de las decisiones criminales que él tomó durante la guerra; otros varios millones fueron deportados por orden suya, pueblos enteros como los tártaros de Crimea, etcétera.

–El año pasado, usted publicó un comunicado invitando al gobierno ruso a seguir el ejemplo argentino en materia de memoria del terrorismo de Estado. ¿Cuál fue el fundamento de esa iniciativa?

–Con respecto al régimen comunista soviético no hubo nada parecido al tribunal de Nuremberg. No se juzgó a ningún criminal. Resultado: no se han juzgado los crímenes del pasado. Sin este juicio, no puede enraizarse en la conciencia colectiva una actitud adecuada frente a los crímenes. Sin él no se puede enseñar la historia en las escuelas ni organizar exposiciones y museos. Una condena política por parte de los dirigentes del país no basta, carece de autoridad suficiente y siempre puede modificarse. La importancia capital de la condena jurídica es distanciar la Rusia actual de los crímenes del régimen soviético, esto desde el punto de vista de la política de la memoria. Las condenas dictadas en la Argentina acapararon nuestra atención porque en ellas vimos la demostración de que los crímenes de lesa humanidad no quedan impunes, que el criminal, aunque sea años más tarde, es condenado. Y envidiamos sanamente a la Argentina, que demostró tener el valor y la voluntad necesarios para dictar las condenas.

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por Leonardo Moledo

Fuente: 

Diario Página/12 2/3/2011

Informacion Adicional: 

Quién fue Stalin:

Iósif Stalin nació en Gori, actual Georgia, el 18 de diciembre de 1878, y fue un reconocido político, convirtiéndose en el máximo líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y del Partido Comunista de la Unión Soviética luego de la Revolución Leninista.

Hijo de Visarión Dzhugashvili y de Yekaterina Geladze, se sabe que desde muy pequeño, el político ruso, a causa del problema con la bebida de su padre, fue fuertemente golpeado, lo que lo llevó a convertirse en lo que fue, según su amigo Ioseb Iremashvili: «esas palizas inmerecidas y despiadadas hicieron al niño tan duro y falto de corazón como su padre».

A los 8 años de edad, Iósif comenzó a formarse académicamente en la Escuela parroquial de Gori, en donde demostró mucho interés por la cultura. Gracias a su gran talento para el estudio, fue premiado con una beca en el seminario de Tiflis, en donde cantó en el coro, lo que le dio un pequeño salario que le servía para cubrir las necesidades básicas de su hogar.

En su juventud, se unió al movimiento revolucionario de la organización socialdemócrata de Georgia. Esto fue gracias a su profesor del seminario, llamado Noah Jordania, quien les habló a sus alumnos de las políticas marxistas, lo que lo llevó a organizar distintas marchas, con retratos de Marx y Hegel, además de banderas rojas, símbolos del comunismo. Trabajó en la clandestinidad durante 10 años, lo que provocó que fuera arrestado en reiteradas ocasiones, además de su exilio a Siberia entre los años 1902 y 1917.

Fue en ese mismo momento cuando encabezó distintos robos de bancos para la recaudación de fondos para la revolución bolchevique, por lo que contaba con ideas similares a las de Lenin.

En 1903 formó matrimonio con Yekaterina Svanidze, quien murió 4 años después, al tener a su hijo Yákov Dzhugashvili, quien no volvió ver a su padre luego de un corto período de tiempo. Años más tarde, el líder ruso volvió a casarse con Nadezhda Alilúyeva, con quien tuvo dos hijos más: Vasili y Svetlana.

En el año 1913, escribió el libro titulado «El marxismo y la cuestión nacional», lo que le sirvió para ser nombrado «Comisario del Pueblo para Asuntos Nacionales», luego de la Revolución del año 1917.

En el mes de abril del año 1917, fue elegido para ser parte del Comité Central. Un tiempo después, gracias a sus capacidades demostradas, fue nombrado secretario del politburó del Comité Central, cargo que mantuvo hasta el día de su muerte.

En 1918, el político ruso escribió sobre el aporte de Trotsky en la Revolución del año anterior: «Todo el trabajo práctico relacionado con la organización de la revuelta fue hecho bajo el mando directo del camarada Trotski, el presidente del soviet de Petrogrado. Se puede decir con certeza que el partido tiene una deuda de primera magnitud con el camarada Trotski por la rápida concienciación de la guarnición hacia el bando de los soviet y por la manera tan eficiente en la cual fue organizado el trabajo del Comité Militar Revolucionario».

En medio de la Guerra Civil Rusa y la guerra polaco-soviética, Stalin ocupó el lugar de comisionado político en el Ejército Rojo.

En abril del año 1922 comenzó a ocupar el puesto de «Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de todas las Rusias», lo que un tiempo después, debido a un sangriento golpe militar, lo llevó a convertirse en la máxima autoridad de la U.R.S.S.

En su mandato, inició distintos planes para la colectivización e industrialización de su país, quitándole las grandes porciones de tierra a los colosos capitalistas, lo que provocó que decayera la cantidad de producción, junto a una hambruna en toda Ucrania que causó la muerte de millones de personas. Sobre lo ocurrido, el líder ruso declaró «fue una medida necesaria para acabar con la retención y sabotaje de productos que ilegalmente practicaban los kulaks».

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En lo que respecta a la economía, estableció los famosos «Planes quinquenales para la economía nacional de la URSS», en donde planificó la economía cada cinco años, lo cual colaboró con la rápida industrialización del país. Estos planes, unidos a distintos programas de estatización de la agricultura y la industria, hicieron que el país del oriente de Europa no padeciese las consecuencias de la crisis económica mundial de los años 30.

Debido a los problemas políticos que estaba viviendo el mundo en esa época y a su carácter extremista, Stalin mandó a fusilar a casi un millón de personas por diferencias políticas que podían provocar la inestabilidad de su país.

El 23 de agosto de 1939, el gobierno de Stalin y de Hitler firmaron un acuerdo de no agresión entre sus países, por lo que además, en forma secreta, se dividieron territorios a los cuales se podía controlar de forma legítima, por lo que la U.R.S.S arremetió sobre Finlandia y los países bálticos.

A pesar de eso, Hitler rompió con el pacto atacando a Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas, por lo que Stalin entró en la guerra, en donde murieron más de un millón de soldados. Uno de sus ejércitos, encabezados por el Mariscal Georgi Zhúkov logró ingresar en Berlín dando por finalizado el control nazi y el suicidio de Hitler, lo que hizo fuerte a la figura de la U.R.S.S. a nivel mundial.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, comenzó la llamada Guerra Fría, en donde se dividió por el llamado «Telón de Acero» a los países comunistas bajo el control de la U.R.S.S., y los países capitalistas, encabezado por el gobierno de los Estados Unidos. Ambos países brindaron ayuda militar y económica a distintos países del mundo para convertir a su gobierno a través de guerras y tomas del poder.

Entre dichas potencias, no hubo una guerra declarada, pero se enfrentaron en varios conflictos bélicos en apoyo de distintos países, como por ejemplo, la guerra de Corea, en donde la Unión Soviética, junto al gobierno de Corea del Norte y la República Popular China, se enfrentaron a Corea del Sur, junto a distintos aliados, como Estados Unidos, Francia, Turquía, Reino Unido y Australia, entre otros.

En el año 1950, con 70 años de edad, la salud de Stalin comenzó a verse cada vez más desmejorada debido a una hipertensión aguda. Fue el 28 de febrero de 1953, cuando el líder comunista sufrió una apoplejía que lo dejó desmayado en la habitación de su cuarto. El 5 de marzo de ese mismo año, luego de haber entrado en un estado de coma, Stalin falleció dejando sus ideas a millones de sus seguidores.

Hasta el día de la fecha, se cree que su muerte se haya dado por un supuesto envenenamiento de sus enemigos políticos, aunque nunca se llegó a demostrar su autenticidad.

A pesar de que muchas personas cataloguen al líder ruso como un dictador tiránico y brutal, otros afirman que fue una de las figuras más importantes con las que contó Rusia en su historia como país. En el año 2008, se encuestó a 50 millones de personas para el proyecto denominado «El Nombre de Rusia», en donde Stalin figuró como la tercer persona más votada por los rusos, lo cual denota un respecto incondicional hacia la gestión del presidente.

Fuente: www.biografias.es

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