Cómo Europa se enteró de la existencia de un nuevo mundo

Baiona, 1493. Quinientos diecisiete años después, la historia vuelve a repetirse. El navegante Martín Alonso Pinzón guía una vez más a la carabela La Pinta hasta la bahía de Baiona, que se convierte así en el primer lugar de Europa que tiene noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo.

Se desata la algarabía, el mercado se llena de curiosos, decenas de miles de personas, y los puestos de comida y artesanía se convierten en el principal polo de atracción de la fiesta. Espectáculos callejeros, exhibiciones de artesanos y hombres de armas contribuyeron también al éxito de un nuevo viaje al pasado.

D. VÁZQUEZ – BAIONA En el mercado, un herrero golpea con su martillo una barra de metal incandescente, un ciego entona sus romances al ritmo de una zanfona, varios arqueros disparan sus flechas al aire y un cetrero muestra sus aves amaestradas en una carpa cerca de la playa. De pronto, al puerto de Baiona llega una noticia inesperada. Una carabela, La Pinta, se acerca a puerto; sus tripulantes, encabezados por Martín Alonso Pinzón, lo confirman: llegan desde el Nuevo Mundo.
El mercado se agita, los cañones de la fortaleza disparan varias salvas que despiertan a los baioneses de su letargo y les devuelve al pasado, a 1493, al momento en que Baiona se situó en el mapa y en la historia.
Así, contagiados por el entusiasmo, los vecinos de la localidad y decenas de miles de personas llegadas de otros lugares volvieron a celebrar ayer la gesta colombina del descubrimiento de América. Lo hicieron llenando las calles del barrio antiguo, donde los puestos de comida, con sus bollos preñados, carnes a la brasa, empanadas y dulces de todo tipo, se disputaron la atención de los visitantes, deseosos de sentirse, un año más, parte de la historia.
Ataviados o no con las galas propias de la época, quienes acudieron al mercado, pudieron conocer de cerca las costumbres del siglo XV. El «palomar medieval» permitió al público descubrir la vida en una granja, un campamento militar descubrió los secretos de los hombres de armas y un espacio de recreo en los jardines de la biblioteca municipal ofreció juegos y atracciones de feria medievales para los más pequeños. Los artesanos dieron forma a sus creaciones con vidrio, cerámica, piedra…, a la vista de los transeúntes que se acercaron a la plaza del ayuntamiento y a Pedro de Castro.
Buen negocio hicieron también los mercaderes, que cada año encuentran una oportunidad en el mercado baionés de dar a conocer sus productos, en su mayor parte hechos a mano con gran destreza e ingenio.
En total fueron 136 los puestos diseminados por todo el barrio histórico baionés, que volverán a estar abiertos durante toda la jornada de hoy a partir de las diez de la mañana.
Las exposiciones de artes de pesca medievales e instrumentos de tortura llamaron asimismo la atención de numerosas personas que se acercaron al ayuntamiento y a la Capitanía Marítima para conocer de cerca la labor de los marineros de la época y los castigos a los que eran sometidos quienes actuaban al margen de las estrictas leyes medievales.
El torneo de justa, a primera hora de la tarde, fue, sin duda, uno de los espectáculos más atractivos para los asistentes a los festejos que abarrotaron las gradas y el paseo en torno a la playa de Ribeira, donde siete hombres a caballo se batieron en duelo por el triunfo ante un público entregado.
Culminó los actos del día, a las ocho de la tarde, la primera de las representaciones de la Arribada de La Pinta, una función escrita por Avelino Sierra y que cuenta con la dirección artística de Mónica Sueiro.
Entre los actos previstos para la jornada de hoy, destacan la competiciones de tiro con arco y combates de esgrima, que tendrán lugar en el playa de Ribeira a las once de la mañana, que darán paso a un desfile que arrancará desde la entrada a la fortaleza de Monterreal a mediodía.
Por la tarde, a las 16.30 horas, habrá un nuevo torneo con caballeros medievales en A Ribeira, donde, a las 18.00 horas, se volverá a representar la «Arribada del Descubrimiento».
Si Pinzón levantase la cabeza…, sin duda, se uniría a los festejos. Comería un bollo con chorizo, bebería una, dos o tres tazas de vino, pasearía por el mercado y se dejaría caer por algún torneo. Disfrutaría de la fiesta, por su puesto, pero sobre todo del descanso de saberse en el siglo XXI, haciendo historia sin sufrir los interminables días de navegación desde la otra orilla del mundo.

Leer también >>  Relatan guardaespaldas de Kennedy el día en que fallaron

 

Fuente: 

Diario Faro de Vigo 7/3/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Martín Alonso Pinzón:

Palos de la Frontera, hacia 1440 – La Rábida 1493) Navegante español que, al mando de la carabela Pinta, acompañó a Colón en el descubrimiento de América.

Fue el hijo mayor de una rica familia de navegantes. Empezó a navegar desde muy joven a la costa norteafricana, a Italia y a Guinea, dedicándose a actividades muy diversas, como la pesca, el corso y la guerra (posiblemente intervino en el conflicto luso-castellano). En los años que precedieron al Descubrimiento de América se consolidó como el armador de mayor prestigio y riqueza de la cuenca de los ríos Tinto y Odiel (Huelva). Contrató a pescadores de Palos, de Moguer y de la misma Huelva.

Martín Alonso Pinzón

Se ignora el momento en que entró en contacto con Cristóbal Colón, pero seguramente fue en el mismo año 1492, después de firmadas las Capitulaciones. En el verano de dicho año, y ante el desánimo de Colón por no encontrar tripulantes para sus barcos, fray Juan Pérez, guardián del monasterio de La Rábida, le sugirió que enrolara en su empresa a Martín Alonso Pinzón, experimentado piloto de gran ascendiente en los marineros de la región. Colón logró convencerle y contó además con el apoyo de sus hermanos Vicente Yáñez Pinzón y Francisco Martín Pinzón. En los Pleitos colombinos se declaró que el Almirante le ofreció parte de las riquezas que encontraran; fray Bartolomé de las Casas afirmó que «algo debió prometer Colón a Martín Alonso Pinzón, porque nadie se mueve si no es por su interés».

Con la ayuda de Martín Alonso Pinzón, Colón logró completar las dotaciones para sus tres naves, una de las cuales, la Pinta, parece que era de los Pinzón. También se ha sugerido, aunque no probado, que Martín pudo prestar a Colón parte del medio millón de maravedíes que le faltaba para poner en marcha la empresa. Sea como fuere, la expedición partió de Palos el 3 de agosto con Martín Alonso como capitán de la Pinta (como maestre iba Francisco Martín Pinzón), y con Vicente Yánez como capitán de la Niña, lo que ilustra el protagonismo de esta familia en el viaje descubridor.

Leer también >>  Una Ana Frank con final feliz

Las consideraciones de Martín Alonso respecto a la ruta a seguir fueron decisivas para el descubrimiento de América, pues el 25 de septiembre aconsejó a Colón un cambio de ruta para encontrar el Cipango o Japón y el 6 de octubre le pidió dejar la derrota que llevaban desde Canarias (el paralelo 28) y singlar hacia el suroeste, con objeto de topar con las islas que el Almirante tenia pintadas en el mapa que llevaba a bordo (quizá el de Toscanelli, en que se representaba imaginariamente la posición del Cipango o Japón), cosa que Colón aceptó al día siguiente. La presencia de los Pinzón fue igualmente relevante a la hora de sofocar los intentos de motín de los días 6, 9 y 10 de octubre; no sólo respaldaron en todo momento al Almirante, sino que sugirieron incluso colgar a los rebeldes.

Tras el descubrimiento, realizado el 12 de octubre, la relación entre Martín Alonso Pinzón y Colón se deterioró. El 21 de noviembre el primero de ellos abandonó la flotilla sin autorización y siguió desde Cuba hacia el oriente, en busca de la supuesta isla de Babeque. Llegó a la costa norte de Santo Domingo y se dedicó a rescatar oro en el río que tuvo luego su nombre.

Desde allí pasó a las proximidades de Monte Cristi, donde le encontró Colón el 6 de enero de 1493. El Almirante le pidió explicaciones por su deserción. Al parecer, el Almirante tuvo que aceptarlas sin discusión, por necesitar del marino y de su nave, ya que había perdido la nao Santa María en la Navidad anterior. En su diario de abordo Colón anotó, sin embargo: «otras muchas cosas me tiene dicho e hecho», lo que demuestra las desavenencias entre ambos.

Leer también >>  "Lo nuestro ha sido la vida, el cine y la militancia"

Juntos emprendieron el viaje de regreso a España, pero el 14 de febrero surgió una gran tempestad y la nave de Martín Alonso se perdió nuevamente. Llegó con la Pinta bajo su mando a Bayona antes que el Almirante arribara a Lisboa. El capitán español quiso dar cuenta del descubrimiento a los Reyes Católicos, pero éstos le dijeron que debía hacerlo Colón. Tras unos días de descanso, Martín Alonso emprendió el regreso a Palos. Llegó el 15 de agosto, unas horas después que Colón. Iba muy enfermo de sífilis y se recluyó en el monasterio de la Rábida, donde murió a los pocos días, quizá el 31 de marzo de 1493. Es significativo que Colón no se molestara siquiera en visitarle en su lecho de muerte. El gran marino español se llevó a la tumba su versión del descubrimiento.
     
     
     
 
 

Por favor, apóyanos compartiendo en tus redes sociales.

Deja un comentario

Cerrar menú