Ciro Bustos, historia de un náufrago

La mirada triste y la nariz abultada, le dan un parecido a John Guielguld, el actor inglés. Vive jubilado en Suecia pero nació en Mendoza, Argentina, en 1932. Sufre una jaqueca crónica, apenas moderada por un analgésico del que siempre tiene provisión. Salvo para los expertos en “cheología”, su nombre dice poco. Sólo es Ciro Bustos, el Judas que delató al Che.

La fascinación por la Revolución Cubana le había llegado a los 28 años. Allá marchó. Puso un taller de cerámica, mientras soñaba con un destino heroico. Pareció encontrarlo en 1962 cuando supo que el Che Guevara, pretendía generar un foco guerrillero en la Argentina. El Che les advirtió que la misión sería “larga, delicada e improbable, que era seguro que no sobrevivamos, ni tú ni yo. ¿Estás dispuesto?”. Confortado con el obvio “sí”, agregó: “A partir de ahora, pueden considerarse como muertos, el tiempo que les quede es un regalo”.

En 1963 estaban en la Argentina. Bustos recorrió los medios de comunicación con una declaración de guerra al gobierno de Arturo Illia, fechada el 9 de julio de 1963, dos días después de su triunfo electoral. La repercusión fue mínima. No había quien los tomara en serio, salvo los jóvenes burgueses, metidos a intelectuales neomarxistas que editaban la revista “Pasado y presente” y otros muchachos universitarios. La red fue más importante que la guerrilla misma: treinta hombres, que deambulaban por la provincia de Salta, cerca de Bolivia, dirigidos por Jorge Masetti, el “Comandante Segundo”, que esperaba al primero, el propio Guevara.

Terminaron matándose entre ellos, procurando demostrar disciplina y dureza ante la duda. Los que iban “estaban de acuerdo con el planteo, algunos no sabían toda la dimensión. Venían, llegaban y se enteraban de que esto no era un grupo de boy scouts, sino que venía el Che.” Así lo recuerda Bustos. A los pocos meses ya no existían; unos fueron muertos o capturados; Masetti, que mandó fusilar a varios débiles -un muchacho bancario de lentes gruesos, entre ellos- se lo tragó la selva. Bustos que seguía organizando redes, pudo escapar, aparentemente pasó por Uruguay. Nuevamente recibió el mensaje: “El Che quiere verte”. Se fue a Bolivia. En La Paz debía encontrarse con Régis Debray, un francés de 27 años, estrella del neomarxismo, amigo de Fidel y disparatado maestro en la teoría y práctica de la guerrilla. Juntos fueron al encuentro del Che, a comienzos de abril de 1967. No pasarán muchos días para que Debray sienta el miedo. «El francés ha defendido con mucha vehemencia el deseo de partir precisando que él sería más útil afuera.», escribió el Che en su diario (28 de marzo). Esa humana y razonable debilidad sería perdonable si no fuera por lo que Debray hizo con el resto de su vida.

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El 20 de abril Régis Debray, Ciro Bustos y George Andrew Roth, un periodista que también andaba en la vuelta, dejaron el campamento; a las pocas horas fueron detenidos.

Sus captores ya sabían todo lo que necesitaban saber. “Ni Debray ni yo fuimos torturados -reconoce Bustos. Cuando nos detuvieron, el ejército boliviano sólo necesitaba confirmaciones, no informaciones. Ya sabían que el Che estaba allí.”

Debray era un personaje célebre, amparado por la misma embajada francesa -sus padres pertenecían a la elite gaullista- y por toda la izquierda intelectual. De modo que no se tomaron el trabajo de tratarlos mal. Debray compadreó un poco, Roth tomó fotos y Bustos trató de mantener la identidad falsa con la que se movía. Cuando llegaron los datos desde la Argentina la situación se le puso difícil. Le dieron una oportunidad. Si era artista que lo demostrara dibujando al Che; ¿quién no conocía por entonces el rostro del Che? Luego hizo otros veinte bocetos, la mayoría de personajes conocidos o ya prisioneros y otros inexistentes. Esos inútiles dibujos fueron su probable salvación y su segura desgracia.

Luego de un juicio espectáculo Debray y Bustos fueron condenados a treinta años. Desde la cárcel, el francés continuó dando cátedra sobre la revolución, dio entrevistas y no dejó de compadrear. Bustos guardó silencio.

Para la navidad del 70 fueron liberados y un avión los desembarcó en el Chile eufórico de la Unidad Popular. Salvador Allende dispuso un auto oficial para recibir a Debray y alojarlo lujosamente. De Bustos nadie se acordó; el rumor ya corría. Terminó refugiado en Suecia y durante treinta años guardó un silencio parecido a la muerte. Las principales biografías del Che no ponen en duda su traición: “La declaración de Ciro Bustos tuvo unas 60.000 palabras. ¡60.000 palabras…!”, se indigna, con el énfasis de la verdad, Pierre Kalfon, diplomático y historiador francés, uno de los varios turistas de la revolución que frecuentaban las agregaturas culturales de Latinoamérica, cuando este era un continente seductor para París. “¡Un testimonio de 60.000 palabras!” insiste ante Erik Gandini y Tarik Saleh, los dos jóvenes periodistas que lo entrevistan para el documental: “Sacrificio, ¿Quién traicionó al Che?” (2001). “¿Ud. leyó esos documentos…? -Sí, claro.” Responde con seguridad. “Pero Ud. no los leyó…” le retrucan. El hombre queda sorprendido, sabe que lo acaban de descubrir, no sabe cómo, pero lo sabe: “Me dieron algunos… algunos… pasajes… pero… hasta que…”

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Gandini y Saleh le habían dado una pequeña voz a Bustos. “En estos más de 30 años, lo único que ha funcionado es la mentira. Todo el mundo miente”, sostiene sin exaltarse. En julio de 2007 pasó por la Argentina, para agregar sus 510 páginas a la literatura guevarista: “El Che quiere verte. La historia jamás contada del Che”. A lo largo de tantos años aún prende velas al mismo santo; parece no haber olvidado ni aprendido nada. Bajo el paradigma de “sigo creyendo en los ideales por los que luché”, pretende justificar las locuras foquistas. No es un Judas, tampoco es un héroe, apenas un individuo desgraciado que debe aferrarse a su barquito, mientras ve pasar el yate de Debray y sus amigos.

por Luciano Alvarez

 

Fuente: 

Diario El País 13/11/2010

Informacion Adicional: 

Quién es Ciro Roberto Bustos:

Nació en la provincia de Mendoza, Argentina, en 1932. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo. Formó parte del grupo de artistas y escritores de esa provincia, junto con Carlos Alonso y De la Mota. Atraído por la revolución cubana, en 1961 viajó a La Habana, donde conoció a Guevara, que lo integró al grupo seleccionado por él para llevar a cabo su proyecto revolucionario en la Argentina. Como tal, junto con Jorge Ricardo Massetti, periodista y cofundador de la agencia de noticias Prensa Latina, fue miembro del núcleo fundador del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que operó en Salta en 1963-64. Fracasado ese intento, el Che volvió a convocar a Bustos para su segundo proyecto guerrillero en la zona, que se desarrollaría a partir de Nancahuazú, en Bolivia. Derrotado este nuevo emprendimiento, el hombre resultó atrapado y condenado a treinta años de prisión en Camiri. Puesto en libertad en 1970 por el gobierno del general Juan José Torres, vivió, junto a Debray, Fernando Henrique Cardoso y Alain Touraine, la época de oro de la Unidad Popular en Chile, dirigida por el médico socialista Salvador Allende y luego en la Argentina, al inicio del genocidio, que lo condujo al exilio definitivo en Malmo, al sur de Suecia. Su primer libro, un memorial imprescindible para entender un proceso y una época, El Che quiere verte.

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Fuente: Terra

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