Belgrano, un paradigma a seguir

Hace 197 años fallecía en Buenos Aires, en la misma finca donde había nacido, Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, Padre de la Patria del Plata, que al igual que su amigo Don José de San Martín, se constituyeron en las dos más robustas columnas de la argentinidad, en aquellos aciagos tiempos donde se rompió con el monárquico e hispánico orden colonial, en el extremo sur de América. Los argentinos todos tendríamos que ser epígonos de su ejemplaridad, ya que en la ‘cosmogonía’ de la Patria, su compromiso, voluntad, ética y desprendimiento fueron absolutos.

Belgrano nació en el imperio español, seis años antes a la creación del Virreynato del Río de la Plata, en el siglo XVII, en una época donde el enciclopedismo y el iluminismo irradiaban una energía de cambio y mutaciones que pusieron en crisis el orden establecido por el absolutismo monárquico. En 1783 comienza sus estudios en el Real Colegio de San Carlos y tres años más tarde se trasladó a España, ingresando en la Universidad de Salamanca en la carrera de Derecho, obteniendo en 1789 el diploma de Bachiller en Leyes, expedido por la Universidad de Valladolid, mientras en Francia comenzaba el extraordinario proceso de la Revolución Francesa, que provocará el derrumbe del ‘antiguo régimen’, propalando por el mundo la consigna ‘igualdad, fraternidad y libertad’ y proyectando un nuevo sistema político: ‘La República’. Estos trascendentes acontecimientos impactaron fuertemente en Manuel Belgrano, quien fuera elegido para presidir La Academia de Derecho Romano de la Universidad en el mismo momento en que el Rey de Francia Luis XVI fue guillotinado. Se terminaba un largo ciclo histórico en Europa. En 1794 Belgrano asumió la Secretaría del Consulado, creado por una Real Cédula del Rey Carlos IV, partiendo de Europa a Buenos Aires, para encargarse de esa cartera; donde realizó cambios de importancia para favorecer el comercio con España, otorgando respectivas favorables a los comerciantes locales. Desde ‘El Telégrafo Mercantil’ predicó la libertad de comercio y empresa. En todos sus artículos e editoriales periodísticas, bregó por el desarrollo comercial, agrícola e industrial. Tenía un ideal de progreso que contradecía y negaba la propuesta del absolutismo monopólico. Asimismo, sorprendió a la cúpula de la burocracia virreinal cuando aconsejó la inmediata apertura de escuelas públicas y gratuitas para niñas y señoritas, tanto en la ciudad como en la campaña. Entre 1810 y 1820, Belgrano mostró su coraje, compromiso patriótico y revolucionario, cuando le impusieron misiones de difícil concreción y extremadamente peligrosas, la primera en Paraguay, la segunda comandando el Ejército del Norte. Sin dudar un instante, aceptó los desafíos y marchó hacia la lucha. El abogado, periodista, educador y economista, se convirtió en líder de tropas y en general en jefe improvisado, donde suplió su desconocimiento en técnicas bélicas, con un profundo sentido del deber, su desinterés por las cuestiones personales, su pureza y honradez extremas y su disciplina y fervor revolucionario. Era un hombre de Mayo, quería la libertad y la independencia del Plata, abocándose de cuerpo y alma a profundizar la revolución, solidificando los cimientos de la Patria Naciente; a la que le dio color cuando creó la Bandera, en las Barrancas del Rosario en 1812. El gobierno le ordenó arriarla, sin embargo Belgrano la enarboló con orgullo en las batallas de Salta y Tucumán en 1813. Victorioso y derrotado, peregrinó con su desarrapado ejército por el norte argentino, frenando y obstaculizando el avance de las tropas españolas provenientes del Perú. Siendo hijo de un acaudalado comerciante italiano, radicado en Buenos Aires, y un distinguido funcionario de la monarquía borbónica en el Río de la Plata, abandonó riquezas y comodidad para pelear en el agreste monte salteño, contra el ejército regular del Rey. Recordar la vida de Belgrano y su personalidad, valentía, honradez y honorabilidad, nos invita a los argentinos a reflexionar sobre los sueños colectivos de una Nación libre, próspera, ordenada y con sensibilidad y civilidad política, que seguimos tratando de construir. A pesar de las frustraciones, se nos hace imprescindible rememorar a Manuel Belgrano, que por su pasión patriótica, su austeridad, esfuerzo, compromiso, su vida y obra debe ser siempre un paradigma de inspiración para el reencuentro de los argentinos y juntos tratar de emular su heroica entrega hacia la concreción de los objetivos de prosperidad y desarrollo, que tanto él, como todos nosotros hemos deseado y seguimos deseando. Belgrano muere el 20 de Junio de 1820, en plena anarquía política, en le mismo ‘día de los tres gobernadores’ en la provincia de Buenos Aires, se fue con la angustia de no haber podido concluir su obra. El demiurgo de nuestra bandera azul celeste y blanca, a pesar de los detractores, a 197 años de su muerte, sigue siendo un paradigma de dignidad y patriotismo, y en estos tiempos, promediando la segunda década del siglo XXI, rescatamos la figura de ese gran argentino, para esforzarnos, con templanza y aplomo, en la tarea sublime de reencauzar a la República por el sendero de la prosperidad. por Jorge Ferronato, historiador y Director del Ciclo Básico Común – UBA Fuente: 

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Diario El Cronista 20/6/2017

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