Avanza la identificación de restos hallados en la Swift

El 6 de marzo de 1770, la corbeta de guerra inglesa HMS Swift -con 91 hombres a bordo- partió de las islas Malvinas para efectuar un viaje de reconocimiento. Tras varios días de fuertes vientos, uno de los oficiales de la nave propuso entrar en la ría de Puerto Deseado para que la tripulación pudiera descansar. Pero una roca que no figuraba en las cartas de navegación hizo encallar el barco. Perdido el control de la corbeta, otro peñasco sumergido cerca de la costa hizo que la embarcación se hundiera en esas aguas heladas.

 

                                                  

Cráneo hallado en los restos del barco

Una vez reunidos en la orilla, el recuento de los sobrevivientes reveló que tres hombres se habían ahogado. Uno de ellos era el cocinero, cuyo cuerpo apareció flotando poco tiempo después. Pero faltaban dos infantes de marina.

Los registros de la corte marcial que debieron enfrentar por haber perdido el barco dan testimonio de esta tragedia, que quedó en el olvido hasta que, en 1982, un grupo de jóvenes buzos de Puerto Deseado encontró la Swift.

En 2005, durante uno de sus tantos trabajos de excavación, el equipo de investigadores del Programa de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (Inapl) hizo un hallazgo inesperado: «Durante la excavación, encontramos un zapato con huesos de un pie que se continuaban con los de una pierna. Luego de consultar a las autoridades británicas, terminamos desenterrando un esqueleto completo -revela la doctora Dolores Elkin, investigadora del Conicet y directora científica del equipo-. Nunca imaginamos encontrar un cuerpo, siempre pensamos que la corriente se los habría llevado», confiesa.

Un trabajo interdisciplinario, financiado por la National Geographic Society y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que se publicará en el Journal of Molecular Structure , confirmaría que esos restos pertenecen a uno de los marinos desaparecidos. 

                                                                

Entierro de los restos en el cementerio inglés de la Chacarita – 2/3/2007

Restos reveladores

El estudio del material que permanecía adherido al esqueleto permitió avanzar: «Analizamos restos de tela de color rojo que estaban pegados a la escápula y comprobamos que era lana teñida con un colorante denominado «madder», obtenido de las raíces de una planta conocida como Rubia tinctorum -señala la doctora Marta Maier, investigadora del Conicet en el Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Estos resultados coinciden con las características de los uniformes militares utilizados por los infantes de marina británicos de aquella época», explica Elkin.

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También encontraron la hebilla de un corbatín y 32 botones. El análisis químico y metalográfico de uno de ellos, efectuado en el Laboratorio de Materiales de la Facultad de Ingeniería de la UBA, concluye que eran de peltre y que estaban fabricados en una única pieza.

«La composición, la forma y la cantidad de botones, así como la presencia de una hebilla de corbatín y el análisis químico de la tela de la escápula, indican que muy probablemente esa persona estaba usando un uniforme en el momento del naufragio», añade Elkin.

Ahora, una de las líneas de investigación está orientada a determinar a cuál de los dos marinos desaparecidos -Ballard o Rusker, de 23 y 21 años, respectivamente, según los registros del barco- pertenecen los huesos: «Ya tenemos el ADN del esqueleto. Si pudiéramos encontrar algún descendiente para compararlo estaríamos haciendo un aporte humanitario, que es darle nombre y apellido», se entusiasma la arqueóloga, aunque su juventud reduce la posibilidad de que hayan tenido descendencia.

Por el momento, la inscripción en la lápida de la tumba que guarda los restos en el cementerio británico de la Chacarita seguirá diciendo «soldado desconocido».

 

Fuente: 

Diario La Nación 13/4/2010

Informacion Adicional: 

Científicos del Instituto Nacional de Antropología encontraron restos óseos humanos en la corbeta inglesa Swift que se hundió frente a las costas de Puerto Deseado en 1770. El grupo viene trabajando desde hace más de diez años en el fondo del mar, donde fue hallado el barco en 1982 por jóvenes lugareños.

Además de los restos humanos se hallaron otros elementos valiosos: botellas, semillas de mostaza y pimienta y una cama y una silla cerca de donde supuestamente estaba la cabina del capitán.

Los restos óseos podrían pertenecer a uno de los dos tripulantes cuyos cuerpos nunca fueron encontrados. «De todas maneras volvimos a taparlos y a protegerlos. Los rescataremos en la próxima expedición que se hará en febrero», dijeron los científicos que realizaron el importante hallazgo a principios de mes.

La Swift era una nave de guerra inglesa con poderosa artillería. Tenía su base en las Islas Malvinas y patrullaba toda la zona para evitar la incursión de barcos españoles y franceses que por entonces se disputaban el dominio de la zona. Había sido botada a orillas del Támesis en 1763. Tenía veintiocho metros de eslora, ocho de ancho y cuatro metros de puntal

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El 7 de marzo de 1770 la corbeta sale de Puerto Egmont, en las Islas Malvinas para explorar la costa patagónica. El 13 de marzo la sorprende una gran tormenta y el capitán George Famer decide refugiarse en la ría Deseado donde encalla dos veces: la segunda, pega muy fuerte contra una roca plana y se hunde.

Cuando se desató la tormenta Famer había seguido los consejos de su ayudante, William White, que conocía el lugar por haberlo visitado con otras expediciones. Pero mientras discutían sobre la mejor manera de entrar al estuario el barco chocó y se hundió.

Llevaba 91 tripulantes. La mayoría logró alcanzar la costa, pero tres quedaron atrapados en el barco: el cuerpo de uno apareció flotando tres días después; los otros dos nunca aparecieron. El resto de la tripulación fue rescatado un mes después.

A principios de diciembre de este año y en su decimocuarta expedición, los científicos encontraron restos óseos humanos: astrágalo (hueso del pie),tibia y peroné con piezas de calzado asociadas. Como la excavación para extraer los huesos es un proceso lento y delicado y el hallazgo se hizo en los últimos días de la expedición se decidió enterrarlos otra vez para protegerlos y reanudar la extracción la próxima temporada.»El cadáver tendría todas sus piezas óseas , estaría casi completo. Pero como está semienterrado sellamos la zona de excavación hasta febrero», reveló a la prensa Cristian Murria integrante del grupo científico.

El equipo tiene la convicción de que en el lugar tienen que estar los restos del otro tripulante desaparecido de la Swift. En este último trabajo también se hallaron un reloj de arena, una botella de vidrio con su contenido líquido original y un cajón de madera con una amplia gama de semillas. «Esto nos va a permitir conocer las costumbres alimentarias de las tripulaciones de la época».

Hasta ahora se han recuperado 400 piezas de la corbeta. Todas están en el Museo Regional Provincia «Mario Brozoski», creado por los jóvenes que la encontraron para que allí se exhiban los restos rescatados. El museo lleva el nombre de uno de los jóvenes de Puerto Deseado que integró el equipo de búsqueda en 1982 (Ver «Una historia…»).

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Puerto Deseado es una localidad santacruceña de unos 15 mil habitantes al noreste de la provincia. Es el único puerto de aguas profundas de la Patagonia y desde hace 25 años basa su economía en la pesca. Uno de sus atractivos principales es la ría que desemboca en esa costa y donde se avistan numerosas aves y mamíferos marinos.

El equipo de científicos del Instituto Nacional de Antropología está integrado por Dolores Elkin, Damián Vainstub, Amaru Argüeso, Cristian Murria, Chris Underwood y Mónica Grosso. También colabora el personal de museo «Mario Brozoski».

Una aventura y un héroe

Marcelo Rosas tenía 16 años en 1980. En una clase del Colegio San José, escuchó que el profesor contaba historias de barcos hundidos en la ría del pueblo, y un nombre: «Swift».

Marcelo empezó enseguida a investigar. Se juntó con otros jóvenes: Marcos Oliva Day, Daniel Guillén, Mario Brozoski y el buzo de Prefectura Omar Juanola. Un día les llegó un dato: en 1975 había estado en Deseado Patrick Gower, descendiente de uno de los marineros ingleses, que dejó su testimonio en un grabador Geloso prestado por la secretaría de Turismo.

Los jóvenes reconstruyeron la historia y dieron con el lugar del hundimiento recién en 1982: la «Swift» estaba a escasos cien metros de la costa, junto a la roca que la hundió. Después crearon un museo. «Fue un fin altruista, no queríamos ningún rédito económico», recuerda Rosas, hoy escribano en Deseado. El museo lleva el nombre de Mario Brozosky, integrante del grupo original. Brozoski murió en 1986, al ser alcanzado por la hélice de un barco que reparaba. Era un chico de barrio que pasó su infancia en la calle, ya que la televisión llegó recién en 1978, con el mundial de fútbol. Perdió a su padre y a su madre en corto tiempo y murió en el mar donde pasó gran parte de su vida buscando aventuras. 

Fuente: Diario Clarín 14/12/2005
 

 

 

 

 

 

 

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