Ava Gardner, una pasión inacabable

En un almuerzo reciente de ex alumnos de la Universidad de Cambridge se habló de protestas estudiantiles, la crisis en Irlanda, Borges vs. Unamuno y de la envidia que causaba el poeta presente, que había visto, cuando tenía 12 años, a Ava Gardner descender desnuda por las escaleras de un hotel céntrico, aunque un conserje inmediatamente arrancó una cortina y envolvió a la diva en ella.

Poco después, en una velada de fin de año vinculada a académicos norteamericanos en la misma ciudad, un veterano especialista en derecho contaba la cantidad de camareros locales que conocía que habían sido arrastrados al lecho por la actriz, llamada «el animal más bello del mundo».

En ambos casos, las anécdotas dieron pie a que muchos otros presentes agregaran las suyas personales respecto de Gardner -quien vivió en España muchos años y mantuvo tórridos romances con toreros-, todas más o menos del mismo tenor.

Sin embargo, la pasión de los intelectuales anglosajones por Gardner no es nueva. Un flamante libro recopila los trabajos literarios que inspiró la diva, conocida, al menos en España, más por llevar una vida disipada que por otra cosa. (Días atrás, el diario ABC hablaba de sus espeluznantes memorias, en las que se quejaba de los «escasos atributos de los españoles»; y, según El País, sus fiestas eran tan descontroladas que hasta Perón, vecino de Gardner en el exilio, se quejó por ruidos molestos.)

El compilador del nuevo libro, titulado Ava Gardner, Touches of Venus, es Gilbert L. Gigliotti, profesor de literatura de la Central Connecticut State University, y los autores que seleccionó van desde celebridades del mundo intelectual, como Margaret Atwood y Robert Graves, hasta los conocidos sólo en círculos de poesía especializados. Visto en su conjunto, lo que los trabajos prueban es que Gardner puede ser vista tanto como un sueño etéreo, inalcanzable, como un reflejo de una mujer fuerte manejando su vida. Algo que posiblemente haya sido dicho infinidad de veces, pero que es un regalo cuando lo escriben varias plumas extraordinarias. Y, encima, muy apropiado para fin de año: Gardner nació justo antes de Nochebuena.

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por Juana Libedinsky

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Fuente: 

Diario La Nación 26/12/2010

Informacion Adicional: 

Quién fue Ava Gardner:

Nacida en el seno de una modesta familia de granjeros de Carolina del Norte, recibió una educación normal de su épcoca en un colegio católico donde se preparaba para ser secretaria. Sin embargo, su fuerza le pedía una vida más ajetreada y Gardner se ganó la entrada en Hollywood con una carrera dura desde sus comienzos, haciendo pequeños papeles perfectamente olvidables con un contrato de 50 dólares a la semana. El mismísimo Louis B. Meyer llegó a decir de ella «No sabe hablar. No sabe actuar. Es terrible.». Sin embargo, detrás de su aire de granjera había todo un diamante en bruto listo para ser pulido. No sólo se dedicó a explotar su belleza sino que consiguió demostrar su talento. Su primer trabajo de importancia lo realiza en 1946 interpretando a Kitty Collins en una versión de la Universal de la novela de Ernest Hemingway «The Killers». Trabajando frente a otra joven promesa, un tal Burt Lancaster, Gardner consigue dar a su papel un aire de avasalladora elegancia que la lanzó directamente a la fama.

A partir de aquí comienza su vida como estrella de Hollywood. Fuera de la pantalla daba constantes muestras de su arrebatadora fuerza y de su carácter temeperamental, muchas veces más allá de lo razonable. Así consiguió ganarse una reputación de intratable en los rodajes, autodestructiva en su vida personal y de verse envuelta en turbulentos romances y matrimonios; entre sus «víctimas» estuvieron Mickey Rooney, Artie Shaw y Frank Sinatra. También estuvo en España, donde conoció el lado apasionado y folclórico de los toros y el flamenco y «se llevó por delante» a algún torero famoso.

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Pese a todo, su carrera cinematográfica es imparable y en los primeros cincuenta realiza trabajos memorables en los que explota básicamente dos registros:
– como mujer de armas tomar en My forbidden past (1951), Las nieves del Kilimanjaro (1952), que es otra historia de Hemingway en la que su fuerza arrolladora encaja a la perfección, y en Mogambo (1953), película que marca un antes y un después en las historias con triángulo amoroso y que coprotagoniza con Clark Gable y Grace Kelly.
 – como personajes de origen dudoso y forasteras en Show Boat (1951), La condesa descalza (1954) y Bhowani Junction (1956). Es quizá en esta faceta en la que personalmente realiza tal vez sus mejores trabajos.

Aunque siguió realizando películas, el interés del público por ella decayó a la misma velocidad a la que la había encumbrado. Así empezó a perder el interés por actuar y se dejó llevar por el alcohol y las depresiones hasta que su autodestructivo estilo de vida le pasó factura, cuando una neumonía aguda le causó la muerte en 1990.

Fuente: www.lukor.com

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