Asesinato de Itzjak Rabin

Fue un 4 de noviembre. El año: 1995. Es la fecha que recuerdan los israelíes, la que les viene inmediatamente a la memoria. Más allá de calendario hebreo o gregoriano. Es el día que recuerda el mundo. Es el día que recordamos todos. Cuando nos enteramos, el dolor fue muy grande. Era un sábado: de tarde aquí, de noche en Israel.

El dolor se transformó en estupor y mayor indignación aún cuando, casi inmediatamente, supimos que lo había asesinado un integrante del pueblo judío. Un asesino de cuyo nombre no quiero ni acordarme. Un terrorista. tzjak Rabin, había nacido en Eretz Israel (la Tierra de Israel, en aquellos tiempos ya bajo Mandato británico) en el año 1922. Fue probablemente una de las personalidades israelíes más importantes del pasado siglo. Podríamos decir: una de las personalidades judías más importantes del siglo pasado. De estatura universal. Sin temor a equivocarnos. Los servicios que Rabin le hizo al Estado de Israel, al Medio Oriente y a la humanidad son inconmensurables. El Estado de Israel tuvo que luchar para conseguir y consolidar su Independencia. La independencia no se consigue en «bandeja de plata». Y en aquellos años, previos a la creación del Estado de Israel ya estaba Rabin, formando parte del Palmaj, organización decisiva en la lucha contra la potencia mandataria, anterior incluso a 1948. De allí hasta 1967-año de la Guerra de los Seis Días-una carrera ascendente de Rabin en el ejército, que llega a su cúspide al ser designado  Comandante en Jefe. El cargo más alto. Y de allí a la política. Integrando las filas del Partido Avodá, a través del cual, llegado el momento, fue elegido para los cargos más importantes del sistema político y democrático israelí. Poco después de la Guerra de los Seis Días, fue designado Embajador en Washington, cargo que desempeñó durante casi cinco años. El cataclismo político, consecuencia de la Guerra de Yom Kipur (1973), lo llevó a ser electo Primer Ministro un año después. Es bajo su desempeño que en aquellos años tienen lugar los Acuerdos de separación de fuerzas entre Israel y Egipto y entre Isral y Siria (con los buenos oficios del infatigable Secretario de Estado norteamericano Henry Kisinger) y también tiene lugar la increíble y «cinematográfica»-si cabe la expresión-«Operación Entebbe». Rabin terminó su primer mandato en 1977. En años posteriores-antes del segundo-ocupó cargos relevantes como, por ejemplo, Ministro de Defensa. Recordamos que una vez estuvo en el Uruguay-años 80-en un acto multitudinario que, si mal no recuerdo, tuvo lugar en el Cine Plaza. Pero el Rabin más famoso, más trascendente, el que pasaría definitivamente a la historia es el Rabin que fue electo Primer Ministro por segunda vez: en el año 1992. La coyuntura internacional posterior a la Guerra del Golfo-Conferencia de Madrid de 1991 incluida-favorecía un acercamiento entre Israel y la OLP por distintas razones, entre las cuales la de que la OLP había quedado políticamente muy debilitada, debido al erróneo apoyo que dio en su momento a Saddam Hussein, apoyo que, ni siquiera la mayoría del mundo árabe le otorgó. Rabin apostó decididamente en favor de la paz. Con el gran apoyo de Shimon Peres, entabló negociaciones secretas con la OLP en Noruega, las que desembocaron en los así llamados «Acuerdos de Oslo». (El mediador noruego fue-detalle no menor-un interlocutor muy válido.)El 13 de setiembre de 1993-sí, ya pasaron 20 años- dichos Acuerdos conducen al Tratado de Paz (más bien: Declaración de Principios, de todos modos muy importante) firmado en la Casa Blanca, Washington. El formal apretón de manos entre Rabin, Arafat y el Presidente Clinton en el medio. En aquellos momentos, parecía que el obstáculo principal del así llamado «Conflicto del Medio Oriente» comenzaba a removerse. El 26 de octubre de 1994 se firma el Tratado de Paz con Jordania. Más fácil de lograr. Casi que había una paz de facto con el rey Hussein, muchos contactos de años anteriores con él. Pero acuerdo al fin. Otro jalón más en la trayectoria de Rabin. A fines de 1994, Rabin recibe-compartido con Shimon Peres y Arafat-el Premio Nobel, por sus grandes esfuerzos en pro de la paz. El proceso de negociación con la OLP no había sido fácil ni lo sería en los dos últimos años de vida de Rabin. Adelantos y retrocesos. Marchas y contramarchas. No obstante, luego de Oslo I se firmaron, tiempo después, los acuerdos de Oslo II. Aunque nada era sencillo  y se progresaba lentamente, se progresaba de todos modos. Había una luz de esperanza. Aunque más no sea una tenue luz, en un conflicto amargo, doloroso y complejo como pocos. Rabin comprendió-también lo había comprendido Menajem Begin en su momento, más allá de que era otro el territorio en discordia-de que, un acuerdo, para que sea considerado como tal, implica concesiones. Ceder. Concesiones muchas veces dolorosas. Por ambos bandos. La paz se hace con el enemigo (lamentablemente, los enemigos de Israel, en su mayoría, aún no llegaron a esta realista conclusión). En la noche del 4 de noviembre de 1995, cuando Rabin estaba en pleno apogeo, esa luz fue apagada. Irónicamente, un acto multitudinario en favor de la paz-Plaza de los Reyes de Israel, el Aviv-termina, a la salida del mismo, con su vida. Tenemos aún en la memoria el rostro compungido, profundamente apesadumbrado, del Presidente Clinton, cuando anuncia la noticia en la Casa Blanca. Y sus palabras que ya son parte de la historia: «Shalom Javer». El fundamentalista que asesinó a Rabin-actuó solo, pero no estaba solo en su «ideología»- logró su objetivo: detener el proceso de paz. Nadie puede asegurar que, en caso de haber seguido viviendo Rabin, el proceso de paz se habría completado. Pero sí, reitero, en aquellos días anteriores al fatídico 4 de noviembre, el complicado proceso, de alguna forma avanzaba. Había luz, esperanza, ilusión. Todo se derrumbó. La paz exigía e implicaba muchos sacrificios. No solamente sacrificios en cuanto a concesiones. También, trágicamente, en cuanto a personas. Entre las cuales, la del propio Rabin. Quien finalmente ofrendó su vida por la paz. Como en su momento lo fue el Presidente egipcio Anwar el Sadat. Asesinado por fundamentalistas de su propio pueblo por haber firmado los Acuerdos de Paz con Israel. Mas allá de todo lo relacionado a la muerte de Rabin-que es lo qué, comprensiblemente, muchas veces se enfatiza – no debemos olvidarnos de SU VIDA. Nos dejó un legado imperecedero. Eterno. Como lo dijo en su momento Shimon Peres: » Rabin fue un don de la historia”. Fuente: 

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www.cciu.org.uy 4/11/2013

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