Arqueología gráfica de la militancia revolucionaria

Recordada por sus tapas impactantes, la revista El descamisado expuso la ideología de la organización Montoneros en los 70. Una nueva investigación la examina.

La revista El descamisado –o El desca, como se la conocía– fue mucho más que el órgano de difusión que tuvo la organización Montoneros entre mayo de 1973 y abril de 1974, en su última etapa de legalidad, además de otros medios, como el diario Noticias. El descamisado fue la publicación que puso en juego la mística montonera, la que sostuvo y explicó la “teoría del cerco” a Perón, la que planteaba que en el Movimiento Peronista “hay derecho a disentir”, la que titulaba, con una enorme tipografía “Se va a acabar”, con la volanta “la burocracia sindical”. Un número. Quizás allí se encuentre una respuesta posible: El descamisado tiraba entre 100.000 y 150.000 ejemplares.

El libro Montoneros: ideología y política en El descamisado (Ediciones Corregidor), de Giselle Nadra y Yamilé Nadra, analiza la publicación como una fuente donde explorar los temas ideológicos de los Montoneros. Cuáles eran las ideas y los hechos que hacían que no sólo la revista tuviera una tirada que hoy parece abrumadora, sino que produjo que miles y miles de argentinos se ubicaran en la historia debajo del cartel que decía “Montoneros-Perón o muerte”.

“Para estos fines específicos –dicen las autoras en relación a los conceptos y objetivos de la organización y cómo estos eran transmitidos durante el período en que era publicada–, El descamisado es el elemento esencial de referencia documental: marca, con su aparición, el momento de mayor auge popular de Montoneros y, con su clausura, el momento de ruptura con Perón, anterior al 1 de Mayo de 1974, y a partir del cual la organización iniciaría un caminio de progresivo aislamiento, que se hizo especialmente patente con la decisión de auto-clandestinizarse en 1975”.

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Para recordar: ese 1 de Mayo, el general Perón echó de la Plaza de Mayo a los Montoneros y a las demás organizaciones universitarias, barriales y de trabajadores, como la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la JP (Juventud Peronista-Regionales) y la JTP (Juventud Trabajadora Peronista). El descamisado no llegó a dar cuenta de ese episodio central en la vida de Montoneros, y de lo que fatalmente llegaría después, con las “zonas liberadas” que permitieron los secuestros y asesinatos de militantes a manos de las Tres A y las bandas parapoliciales. Pero en una de sus últimas tapas, la del 12 de marzo de 1974, pide “Reconquistar el gobierno para el pueblo”, en el primer aniversario del triunfo que llevó a Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación. Y anuncia una entrevista con el número dos de la cúpula montonera, Roberto Quieto.

La mística. Esa parece haber sido la palabra clave de El descamisado: en el vínculo de la militancia con el peronismo y con Perón, aunque las autoras advierten que “sus miembros se asumen como luchadores por el movimiento desde su primera proscripción, con el golpe de 1955, pese a que en la década del 50 la mayoría de los integrantes de la organización y de El descamisado tenía unos pocos años”. En la búsqueda de integrar esa gran construcción que sería el “socialismo nacional y la Patria Grande”, junto al pueblo al que sin dudas El descamisado buscaba interpelar, con el que pretendía dialogar. La mística también se jugó en el campo de la lucha armada. La muerte del enemigo era un “ajusticiamiento”, el militante asesinado en una acción o detenido, pasaba a la categoría de “héroe”. Así, Liliana Gelin, una militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), después fusionada con Montoneros, era una “hija de Evita”. Gelin murió durante un enfrentamiento con la policía, en 1970. “Hoy Liliana, la virgencita montonera, se convirtió en Pueblo”, anuncian en un recordatorio de su muerte publicado en El descamisado.

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Giselle y Yamilé Nadra citan en su libro: “Nuestra estrategia sigue siendo la Guerra Integral, es decir la que se hace en todas partes, en todos los momentos y por todos los medios, con la participación de todo el pueblo en la lucha y utilizando los más variados medios de acción, desde la resistencia civil hasta el uso de las armas”. Esa era la línea editorial de El descamisado.

La “teoría del cerco”, Perón rodeado de burócratas y el “qué pasa, General”, junto a la escalada represiva, son atribuidos por El descamisado a “errores del propio general Perón, a partir de un mal análisis de la situación nacional”. Y podría pensarse que, así y todo, en El descamisado se seguía ejerciendo algún tipo de periodismo, como cuando publicaron las fotos de una violenta represión y del asesinato de un militante, Alberto Chejolán, frente al Ministerio de Bienestar Social, en ese momento en manos de José López Rega. Ese fue el último número de la revista. Era abril de 1974 y fue clausurada por el gobierno peronista.

No hay anécdotas en este ensayo. Hay una percepción, una sistematización y análisis de El descamisado número a número, un arco trazado entre la victoria y la tragedia: del “Chau, milicos” y la consigna “Perón vuelve” a “Aquí no pasa nada: fotos únicas del que mató a Chejolán”.

por Macarena Silber

Fuente: 

Revista Ñ 14/1/2012

Arqueología gráfica de la militancia revolucionaria
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