Aprobaron la compra de la casa del virrey Liniers

Escenario donde hace más de 200 años los ingleses firmaron la capitulación, será adquirida para instalar el Museo de la Reconquista.

La Legislatura porteña aprobó la autorización para que el gobierno de la ciudad venda cuatro inmuebles propios con el fin de comprar la casa del virrey Liniers, según confirmó a LA NACION la legisladora peronista Inés Urdapilleta.

El ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, anunció, además, que a partir de la primera quincena de marzo de 2010 tanto la casona propiedad de Manuel de Sarratea (suegro de Santiago de Liniers), ubicada en Bolívar 462, como la actual sede de la Editorial Estrada, en calle Venezuela 469, integrarán un espacio museológico de la Reconquista de Buenos Aires.

Al complejo edilicio, que se comunica internamente, se trasladarán la Dirección de Patrimonio y el Instituto Histórico de Buenos Aires, y se unificarán los archivos históricos de la ciudad.

La valuación de dos casas del patrimonio porteño, ubicadas sobre la calle Pringles 340/342, el terreno de Rivadavia 1545 y la planta alta del edificio de Córdoba 1556, actual sede del Instituto Histórico, alcanza una tasación, en conjunto, de US$ 2,3 millones, lo que equipara el valor de venta de la casa de Liniers.

«La legisladora Silvina Pedreira trabajó mucho con las tasaciones, que era lo que nos faltaba, pues se trata de edificios catalogados», dijo Urdapilleta. Las dos casas de Pringles fueron valuadas en US$ 50.000 cada una. El predio de calle Rivadavia en US$ 1,5 millones y la sede del Instituto Histórico en US$ 450.000. La autorización de la Legislatura fue con el único destino de comprar la casa del virrey Liniers y el equipamiento para el futuro funcionamiento de la Dirección de Patrimonio, el Instituto Histórico y el Museo de la Reconquista.

Ante el Bicentenario
«Esto es un hito para la ciudad -dijo Lombardi-, máxime cuando la compra se aprueba en el momento exacto del Bicentenario.»

Agregó: «La compra significará abrir un espacio museológico de la Reconquista de Buenos Aires, que aspiramos armar para la segunda quincena de marzo del año próximo, justo en el corazón de Monserrat». Además, la compra fortalecerá el proyecto de expandir la estrategia hacia el sur de la ciudad. El circuito incluye el Centro Cultural Defensa, el ex Padelai, la Casa de Ezcurra y otros edificios históricos.

La casa del virrey Liniers fue declarada monumento histórico nacional en 1942. La compra de la propiedad, construida a fines del siglo XVIII por la familia Sarratea, emparentada con Santiago de Liniers, zozobró este año por falta de presupuesto, habida cuenta de las restricciones impuestas por el jefe de gobierno Mauricio Macri a todas las áreas del gobierno.

«Por sus dimensiones de 3003 m², la casa de Liniers es el mejor escenario para desarrollar actividades por el Bicentenario», dijo la directora de Patrimonio porteña, Liliana Barela. En su momento, Tomás Estrada, accionista minoritario de Editorial Estrada, expresó a LA NACION que la casa no estaba abierta a la venta a terceros, por lo que la intención siempre fue venderla al gobierno porteño.

El 26 de agosto de 2010 se cumplirán dos siglos del fusilamiento del héroe de la defensa y la reconquista de Buenos Aires contra los ingleses. En esa casa histórica se firmó la capitulación del comandante de las tropas inglesas William Carr Beresford, en presencia de Liniers.

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El plan

Anuncio: el gobierno porteño quiere inaugurar en la casa, en marzo del año próximo, un espacio museológico.
Destino único: la Legislatura aprobó la venta de cuatro propiedades para alcanzar el valor de U$S 2,3 millones para adquirir la casa de Liniers.
Tratativas: las negociaciones con la familia Sarratea, dueña de la casa, fracasaron por falta de fondos.
Historia: allí se firmó la capitulación del comandante de las tropas británicas en las Invasiones Inglesas.
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Fuente: 

Diario La Nación 11/12/09

Informacion Adicional: 

Quién fue Santiago de Liniers

Nació en Niort, Francia, en 1753. Tomó parte de la expedición al Brasil en 1776; en 1796 dirigió la construcción de defensas de la ciudad de Montevideo. Durante la lucha contra los ingleses (1796-1802) sostuvo, al mando de lanchas cañoneras, varios combates. Cuando ocurrió la invasión inglesa de 1806, ante la ausencia del virrey Sobremonte, derrotó al General Beresford el 12 de agosto. En febrero de 1807 fue nombrado virrey. En agosto de 1808, se negó a reconocer la autoridad de José Bonaparte y proclamó obediencia a Fernando VII. Fue reemplazado por Baltasar Hidalgo de Cisneros. Cuando estalló la Revolución de Mayo, Liniers se mantuvo leal a los realistas. Fue fusilado, junto a jefes españoles, en Cabeza de Tigre el 26 de agosto de 1810.

 

UN AGOSTO TRAGICO – LA EJECUCION DEL HEROE DE LAS INVASIONES INGLESAS (Diario La Nación 29/7/01)

¿Por qué Santiago de Liniers desperdició la popularidad ganada en la Reconquista, no cumplió la promesa de retirarse a Cuyo, compró en cambio la estancia que fue de los jesuitas en Alta Gracia y hasta planeaba explotar las minas de Famatina? ¿Por qué ese encumbramiento patrimonial de otoñal sosiego que cambió por darle pelea a la Revolución de Mayo? Antes evitó enfrentar a la junta de Sevilla donde absolver cargos contra su virreinato interino y eludió la intimación de Cisneros. ¿Por qué enfrentar esa otra Junta puesto a la cabeza de tropas que alistaba en Córdoba? El documento que lo sentenciaba es del 28 de julio de 1810 y rezaba: «La Junta manda que sean arcabuceados don Santiago de Liniers, don Juan Gutiérrez de la Concha, el obispo de Córdoba (que salvó la vida y era Rodrigo Antonio de Orellana), don Victorino Rodríguez, Coronel Allende (Santiago Alejo) y el oficial real don Joaquín MorenoÉ sin dar lugar a minutos».

Después de todo, Liniers era un francés al servicio de España, pero siempre mirado con recelo por los súbditos de la Corona por convicción o interés. Como Martín de Alzaga, beneficiario del régimen, comerciante acaudalado y negrero, y con particular odio por los franceses. Lo demostró en 1795 siendo alcalde de primer voto: denunció una conjura de franceses y mandó apresar al sastre Andrés Despland y al relojero Santiago Antonini. Presenció las torturas aplicadas a Antonini. Allanó lo que suponía el cuartel general de los subversivos: la quinta de don Isidro Lorea arrendada a la Real Fábrica de Pastillas de los hermanos Liniers (producto -fracasado- de carne disecada en discos precursores de las hamburguesas). El allanamiento y la indagación fracasaron, pero el odio de Alzaga quedó sellado. Se acrecentó con la Reconquista y no cedió cuando compartieron la segunda defensa de 1807. El encono mayor devino del trono virreinal del francés y la conjura urdida por Alzaga del 1º de enero de 1809 de la que terminó desterrado en Carmen de Patagones con otros sediciosos.

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Bastó que Liniers entregara el mando a Baltasar Hidalgo de Cisneros y que una nave de Elío rescatara en Patagones a Alzaga y sus compinches, para que -en agravio a Liniers- el virrey accediera al regreso de los desterrados.

A fines de marzo de 1810, Cisneros intimó por última vez a Liniers a presentarse ante la Junta de Sevilla y durante abril armó disposiciones para el viaje (hay documentación y una biografía de Paul Groussac que lo señala). En San Nicolás aguardaría el falucho Fama para abordar el bergantín Belén con proa a Montevideo donde la corbeta Descubierta disponía «la comodidad y distinción que es correspondiente a su rango». Liniers adujo problemas financieros que solucionó el gobernador de Córdoba, pero ya sin excusas, optó por quedarse. Tras la Revolución de Mayo nuevamente se sintió el salvador de la corona española. Quedó atrapado y perdió la oportunidad de salvar la vida.

Desenlace y enigmas
Transcurrían los últimos días de julio cuando el ejército auxiliador acampaba cerca de Córdoba al mando de Francisco Ortiz de Ocampo. No había arribado la orden de arcabucear a los enemigos de la Junta; sólo era válido tomarlos prisioneros.

El 31 de julio de 1810, Liniers y sus compañeros de rebeldía huían de la capital mediterránea ilusoriamente hacia el Perú. Ignoraban que serían ajusticiados en el Monte de los Papagayos, cerca de Cabeza de Tigre, Córdoba, casi en el límite con Santa Fe.

En Paso de Ferreyra, Ortiz de Ocampo se enteró de la fuga y creyó tranquilizar a la Junta por oficio. Avisa la partida del mayor general Antonio González Balcarce en la persecución, pero el oficio no salió. El 5 de agosto, el comisionado de la Junta en ese ejército, Hipólito Vieytes, lo retomó a las 8 de la mañana para agregar precisiones: dijo que Chiclana, con la noticia de la partida de los fugitivos, sin entrar en Córdoba y por otro camino, «sigue los pasos de los prófugos bien cerca». La orden de fusilamiento llegó después, pero el 5, Balcarce con sus hombres -75 en total- sin dormir por tres noches, pudo montar recién a las diez y media. La caótica fuga de Liniers -en El Totoral desertaron los casi 300 soldados y oficiales que llevaba y se incendió el carro de pólvora- concluyó la noche del 6 al 7 de agosto camino del norte en Las Piedritas, cerca de El Chañar, acompañado del canónigo Llanos y dispersados los demás fugitivos. El 7, desde la posta Pozo de Tigre (lejos de Cabeza de Tigre), Balcarce escribió a Ocampo un dramático relato del apresamiento consumado por el joven e irritable ayudante de campo José María Urien.

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Liniers había apoyado en el pecho de Urien una escopeta de dos tiros y gatilló. Pero el arma falló y Urien salvó la vida para ser por unos días el insaciable mortificador de Liniers.

Lejos de esa escena, Ocampo, aconsejado por el deán Funes, desoyó la orden de fusilar y lo asumió solitario en la comunicación a la Junta del 10 de agosto. Buena parte de los historiadores -Fregeiro, Groussac, entre otros- coinciden en que las demás autoridades del ejército auxiliador también cedieron. Pero el texto anónimo sobre estos sucesos, que defiende a los ajusticiados y apareció en Montevideo en enero de 1812 -que se atribuye al canónigo Llanos-, sostiene que ni Balcarce ni Vieytes quedaron conformes con la determinación de Ocampo y «mandaron al cirujano de su ejército Juan Madera disponer un veneno» que remitieron a Los Ranchos, un campamento de los prisioneros. Ya habían partido y a su vez la patrulla que demolió pingos desde Buenos Aires, encabezada por Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña y el coronel French, los encontró en Cabeza de Tigre, donde se produjo el fusilamiento. El anónimo no sólo dio cuenta del plan de Balcarce y Vieytes, sino que consignó la captura del envío que Ocampo hizo analizar por un boticario. También cómo increpó a Vieytes y éste admitió el envío, «pues V.M. no quiso dar cumplimiento a las órdenes que traía». No es casual que en el suceso coincidan Castelli, Rodríguez Peña y Vieytes, los tres jacobinos de los cuatro primeros autoconvocados en el partido de la independencia. Otros relatos no exentos de crueldad y exageración corrieron por entonces y fue el del presbítero Pedro Alcántara Giménez el que, entre otros detalles, dio cuenta del pistoletazo con el que el coronel French remató a Liniers. Era una revolución, y la tragedia quedó rodeada de secuelas extrañas y sombrías leyendas. El deán Funes discutió acaloradamente en Buenos Aires con su igual Manuel Alberti (también sacerdote y miembro de la Junta), que murió horas después a causa de la ofuscación. Curiosamente era el único de la Junta que no suscribió la sentencia contra Liniers y Funes, partidario de que no fuera cumplida.

Salvado el obispo Orellana y enterrados con descuido los abatidos junto a una capilla de Cruz Alta, se dijo que en un árbol, con las iniciales de los inhumados se talló la palabra C.L.A.M.O.R. El canónigo Llanos o quien resulte el autor del anónimo, vio la talla: era L.R.C.M.A., es decir, algo posible, porque no incluye la «O» del obispo que salvó la vida aunque permaneció preso en Luján hasta su reivindicación. Una casualidad dio con los restos en 1861 y, confundidos, se enterraron en Paraná. Según Groussac, al reclamar los restos España, los descendientes protestaron porque Liniers, suponían, hubiera actuado de otra manera de haber conocido el alcance de la Revolución de Mayo.

Por Francisco N. Juárez
Especial para LA NACION

 

 

 

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