Aparece el espía Conrado Avegno, infiltrado brasileño durante la dictadura

Su principal motivación era combatir el comunismo. En ello trabajó, infiltrado como espía, desde el fin de la década de los 60 hasta bien entrados los años 80. Fueron 14 años al servicio de la dictadura brasileña en Uruguay. Desde el pequeño país transmitió cientos y cientos de informes sobre sus coterráneos. Alberto Conrado Avegno, el citado espía, está viviendo en Montevideo y en la capital uruguaya lo ubicó un equipo de ‘Folha de San Pablo’ (Brasil). Hoy tiene 85 años y es pastor de una iglesia evangélica. Y no reniega de todo aquello.

El informe del diario paulista indica que Conrado Avegno mantuvo intensa actividad, desde elaborar informes a suministrar planos. Agrega que fue detenido una vez en Uruguay y otra en Brasil, pero en ambas ocasiones liberado de forma inmediata al saberse que actuaba en calidad de infiltrado. Su principal tarea era investigar a los ciudadanos de Brasil que estaban exiliados en países vecinos, el caso de Uruguay. Así comienza diciendo el informe de Folha. El espía trabajó bajo diversos seudónimos como ‘Altair’, ‘Johnson’, ‘Mário’, ‘Carlos Silveira’, ‘Zuleica’, entre otros. La información se hizo pública en junio, ocasión en que el Archivo Nacional de Brasil posibilitó el acceso a datos clasificados de los años oscuros de la dictadura. Los periodistas, a partir de 802 páginas del dossier del espía, accedieron a información privilegiada y viajaron a Montevideo para seguir su rastro. Precisamente Avegno se estableció en este país en el año 1964, siguiendo a su padre que había elegido Uruguay como residencia. Como hijo de diplomáticos y poseedor de una doble nacionalidad, Avegno se infiltró fácilmente entre los refugiados brasileños ganándose su confianza, y por ende, su información. «Fue una persona muy discreta, de no hablar mucho de sus cosas, de no llamar la atención», dice Stella Conrado, hermana del personaje. Avegno buscaba información relacionada con la posibilidad de que algo más de 200 brasileros en el exterior conformaran un grupo guerrillero que ingresara a Brasil, a imagen y semejanza de los Montoneros en Argentina y Tupamaros en Uruguay Cines, plazas, parques, eran lugares de entrega de la información a Conrado, que luego remitía sus informes al CIEX (Centro de Informaciones del Exterior). Confesó el espía en 2012 que alcanzó a tener varios ‘mano a mano’ con el ex presidente Goulart, por entonces exiliado en campos del Uruguay. «Acepté porque acepté, porque luchaba contra el comunismo, siempre», confiesa en diciembre de 2012 el pastor evangélico, mientras mira a su esposa, como buscando complicidad. «¿Qué me estás mirando?», le dice ésta, y entonces Avegno vuelve los ojos al periodista de Folha en su reporte de televisión. El espía percibía por entonces unos US$ 400 mensuales, y era constantemente felicitado por sus labores de infiltración en la izquierda. A tal punto, que varios medios de comunicación de la época lo sindicaban como un hombre vinculado a las corrientes revolucionarias. Entre los nombres que Conrado remitía al servicio secreto de su país, figuraron varios nombres que hoy integran las listas de militantes desaparecidos. por Dino Cappelli Fuente: 

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 Diario El Mundo 21/12/2012

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