36 horas de conmoción

El país había recuperado la democracia después de siete años. Y venía del turbulento gobierno de Cámpora. Entre un domingo y un martes se vio sacudido por dos noticias que quedaron en la historia. Antes de los cinco presidentes de fines de 2001, la Argentina tuvo cuatro jefes de Estado juntos en un año también imborrable: 1973. Uno fue Juan Domingo Perón, el que dejaría la huella mayor, por presencia y por ausencia. Pero su espectacular triunfo en la medianoche del domingo 23 de septiembre tuvo su contracara atroz el martes 25 al mediodía, con un crimen que pegó debajo de la línea de flotación del General .

El país había reventado las urnas: a su regreso de 18 años de exilio, Perón cosechó un 61,8% jamás superado. Y en un contraluz macabro también estalló la violencia. A la conmoción del resultado le siguió la del asesinato del jefe de la CGT, el metalúrgico José Ignacio Rucci, hombre clave en el proyecto político de la tercera presidencia de Perón, que cayó acribillado por el abismo ideológico que despedazaba al movimiento justicialista .Fotografía Diario Clarín Si se creyera en presagios, serviría apelar a la metáfora del tornado mortal en San Justo, Santa Fe, aquel 10 de enero, como anuncio del ciclón político que vio sucederse en siete meses en la Casa Rosada –antes de Perón– a Lanusse, Cámpora y Lastiri, un general moderado, un dentista al que apodaron tío , y un yerno. Aquel 73 trajo una apertura vital, después de siete años de dictadura, a un país que bullía política y socialmente. Y como aquello era una caldera, se mezclaban –apenas ejemplos– dos elecciones presidenciales con 30 películas políticas ( La hora de los hornos de Pino Solanas, Operación Masacre de Jorge Cedrón, Amor y anarquía de Lina Wertmuller, entre tantas); el pacto social CGT-CGE con el café concert de Gasalla y Perciavalle y el primer torneo ganado por Vilas; el abrazo de Lanusse a Salvador Allende en la asunción de Cámpora, con Rolando Rivas taxista (los martes a las 21); el avión del regreso de Perón con los balazos entre la multitud de Ezeiza; el Huracán campeón de Menotti y el Independiente rey intercontinental, con la derecha mortífera de Monzón; los vinilos de Música en Libertad con Confesiones de Invierno de Sui Géneris. En ese hervidero urgente de compromiso y militancia, de movilizaciones y café La Paz o cine Lorraine, de adiós militar y esperanza democrática, primero llegó la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder” , para la elección del 11 de marzo que marcó la resurrección oficial del peronismo al cabo de casi dos décadas de proscripciones, resistencia y poder en las sombras. Algo más tarde, la noche de la asunción de Cámpora (25 de mayo), la liberación de los presos políticos de Devoto y al día siguiente la ley de amnistía: un inicio turbulento para breves 49 días de camporismo . Sólo 72 horas antes de que el Ejército dejara el trono usurpado en 1966, hubo un presagio negro para Rucci en La Plata. Dirck Henry Kloosterman, ingeniero mecánico de 40 años, titular del poderoso SMATA, fue asesinado de cuatro balazos al sacar el auto de su casa. Autores: las FAP, uno de los brazos armados de la Tendencia peronista, de izquierda. La campaña de Cámpora había sido impulsada en la calle por la juventud peronista-socialista y esa presión tuvo como premio un puñado de gobernaciones y un gabinete mixto, con algunos ministros de la tendencia junto a los de la ortodoxia , de derecha. A principios de junio, el Pacto Social que firmó la ortodoxa CGT señaló uno de los hechos decisivos para el destino final de Rucci. Siempre tironeado desde adentro por los dos sectores, el flamante presidente recibió de inmediato a plena luz del día a los combatientes de FAP, FAR y Montoneros. La declaración de guerra en el campo de batalla llegaría con Perón en el aire entre Roma y Ezeiza, el 20 de junio, en aquella mítica balacera de muerte en plena autopista Riccheri, que la tendencia le atribuyó entre otros al jefe cegetista. Perón aterrizó con un discurso pacificador (recibió al jefe radical, Ricardo Balbín, en su casa de Gaspar Campos 1065, Vicente López) y buscaba acuerdos de gobernabilidad con sindicatos, empresarios, partidos políticos e incluso con los militares. Los jóvenes del socialismo nacional ahora eran un obstáculo. Sin respaldo del Jefe , en tres semanas Cámpora tuvo que renunciar, y un gambito oportuno colocó en su lugar –el 13 de junio– al esposo de la hija del brujo López Rega, ladero todoterreno de los Perón en Madrid, ministro de Bienestar Social y luego ideólogo de la asesina Triple A. Raúl Lastiri pasó de diputado a presidente y trinó la tendencia : el 21 de julio, la JP marchó a Gaspar Campos para “romper el cerco del brujo”; Perón los recibió pero designó como enlace a… Lopecito . El 2 de agosto Perón no apeló a gestos: “No admitiremos la guerrilla. Quitemos toda esperanza a los perturbadores” , dijo. El 4 proclamaron la fórmula Perón-Isabel Perón. Y el 22, en un acto en Atlanta en el que habló Firmenich, la multitud coreó “Rucci, traidor, a vos te va a pasar, lo que le pasó a Vandor” . Incluso más: Montoneros empapeló la ciudad con afiches de López Rega, Lorenzo Miguel y Rucci con la leyenda: “Estos son los responsables de la matanza de Ezeiza”. La CGT no había activado por Cámpora; era, en cambio, el eje de la campaña por Perón. En la elección, el General redondeó un verdadero plebiscito. Esa noche, Rucci dejó el comando electoral con un pronóstico certero. Dijo que ganarían por el 60%. Fue su última declaración pública. En aquel país también violento, Perón asumió el 12 de octubre y volvió a salir al balcón, pero detrás de un doble vidrio blindado. Se dejaría ver allí dos veces más: el 1° mayo del 74, cuando echó a los Montoneros y los llamó “estúpidos imberbes” , y el frío 12 de junio de aquel “llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la palabra del pueblo argentino”, su legado final. Enfermo, al Perón de 78 años no le alcanzó el carisma para parar los tsunamis mesiánicos a derecha y a izquierda: ya se habían desatado. por Luis Sartori Fuente: 

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Diario Clarín 22/9/2013

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